La lúgubre y constante imagen que nos presenta la novela es, sin duda, un cuadro de sensaciones, imágenes, olores. Para hablar de la receptiva de un texto, tenemos que identificar los símbolos que lo constituye. El estudio de las formas simbólicas es fundamental e inevitablemente, una cuestión de comprensión e interpretación estas formas simbólicas son construcciones significativas que requieren una interpretación como acciones, expresiones y el nivel lingüístico.

Bajo esta premisa, consideraré tres aspectos bajo el marco metodológico de la hermenéutica profunda:

  1. Definir el análisis sociohistórico, esta primera estancia de análisis se centra en definir escenarios, espacios temporales, instrucciones sociales, estructura social, medios técnicos de trasmisión.
  2. Análisis formal o discursivo, esto se centra en el análisis semántico, conversacional, sintáctico, narrativo, argumentativo.
  3. Interpretación-reinterpretación.

Tomando como referencia estos tres aspectos para abordar la obra literaria las cuales Thompson plantea partiendo desde la ruptura metodológica con la hermenéutica de la vida diaria, la cual parte del concepto del que el campo-objeto también es un campo-sujeto en el que las formas simbólicas son preiterpretadas por los sujetos que constituyen este campo.

Esto me lleva a la reflexión que hace Gadamer en el giro hermenéutico donde, partiendo de concepto ser y tiempo de Heidegger, plante “el que piensa en lenguaje se sitúa más allá de la subjetividad.

Poco a poco, se van ligando los conceptos que darán pie al análisis. Una constante reconstrucción interna de los símbolos, para plantear la recepción del texto.

Retomando la idea de Heidegger, podemos centrar este planteamiento del lenguaje, como un constructo de la subjetividad, en la segunda parte del análisis fenomenológico profundo. Este proceso de análisis formal o discusivo parte de un análisis semiótico que parte de los esbozos de diferentes autores como lo son Saussere, Peirce, Barthes, Eco y Voloshinov, por nombrar algunos; sin embargo, para precisar la herramienta de análisis que se llevara al texto se compre en análisis semiótico como el estudio de las relaciones que guardan los elementos que componen una forma simbólica o signo, y de las relaciones existentes entre esos elementos y aquellos en el sistema más amplio del cual pueden ser parte esa forma simbólica o ese signo.

Bajo esta premisa, se interpreta la inter relación entre el análisis sociohistórico y los elementos que lo componen. Es decir, partiendo de una abstracción metodológica de las condiciones sociohistóricas asimilar una producción y recepción de las formas simbólicas. En este proceso de la reproducción de las formas simbólicas, ya aplicándolas a Natura morta, concebimos una yuxtaposición de imágenes, que constituyen la estructura distintia a través de la cual se trasmite el significado del mensaje.

Sobre estas imágenes yuxtapuestas, tenemos un lenguaje que, de acuerdo a Thompson, se tiene que analizar desde lo sintáctico. En específico, en este análisis voy a centrarme en la sintaxis operativo del discurso cotidiano, ya que el texto por su realismo se presta a desmembrar por partes cada aspecto central del discurso pero, ¿bajo que parámetros se puede llevar este nivel de análisis? Siguiendo la metodología que plante Thompson, basado en los textos lingüísticos de Hallyday, Hodge y Kress; una de las características gramaticales importantes del discurso son los indicadores de modalidad, los cuales indican el grado de certidumbre o de realidad asociado con una aservación, así como el sistema de pronombres empleados, los cuales pueden implicar diferencias en términos de poder, familiaridad, indicadores asociados con diferencias de géneros, donde el género gramatical de las expresiones lingüísticas, pueden servir como vínculo para trasmitir suposiciones en cuanto a los sexos.

Después de identificar estas características, tenemos un análisis más general el cual se centra en la estructura narrativa, esto es tratado en un pricipio por Propp en el cuento ruso. Este consiste en un enfoque muy bien establecido en los campos de análisis literario y textual, en el estudio del mito y en el estudio del discurso político

Para ser aplicada esta herramienta hay que definir los discursos que recuentan una serie de sucesos. La secuencialidad de la trama puede diferir de una sucesión de hechos.

Por últimos, nos encontramos con el análisis argumentativo, este es muy sencillo ya que como dice su nombre es definir y aislar las formas del discurso con las construcciones lingüísticas supraoracionales, puede comprender cadenas de razonamiento que se pueden reconstruir de diversas maneras.

Una vez definidas las herramientas con que se abordara el análisis de Natura morta podemos dar pie. En una primera lectura la novela nos presenta, prometo no divagar mucho en este punto, una disyuntiva interesante que quiero remarcar antes de entrar con el análisis formal; es una prosa poética que sí no tuviese una resolución de conflicto, bien podría ser catalogado como un poma en prosa. Ya que la construcción sensorial de las espacios partiendo de un constructo de imágenes, sonidos, olores, colores crean una atmósfera la cual recuerda a las construcciones poéticas de Rimbaud en una temporada en el infierno.

Partiendo de este tema, aislar el lugar mismo del mercado como un macro símbolo que con el caminar del texto presenta una trasformación. La transición del lector dentro de este espacio está acompañada de una sobre explotación de imágenes, las cuales en conjunto forman un símbolo dentro de este constructo sociohistorico.

En un principio la novela nos presenta un espacio geográfico de una clase media-baja y baja. Donde el montonal de gente se hace vivible al momento de pararse al ver los pequeños detalles de los personajes que constituyen este lugar. Se admira una lucha constante ente dos fuerzas, vendedores y consumidores. Uno es el producto del otro y viceversa, ya que el mismo “pin pon” que se juega entre las imágenes y frases de los vendedores se presenta en la vendimia de cada uno. Esto nos crea una atmosfera mercantil consumida por un grisáceo sucio, que aunque en la novela se vaya complementando con otros colores, constante, atiborrado de cabezas de chivos, olores a pescado a punto de podrirse, las ranas, las frutas.

La reproducción auditiva del lugar comprende también, en primera instancia, una pista importante para definir el nivel sociohistorico del lugar. Puesto que cuando el autor pretende reproducir los gritos con que se comunican los vendedores con los consumidores, lo hace de la forma más sintáctica posible. Esto nos revela cómo la frase es una herramienta que ayuda a centrarnos en el espacio geográfico. Los ecos relacionados a los vendedores ofreciendo sus productos producen una atmósfera abarrotada. Desde un análisis sociohistórico, podemos relacionar los símbolos del mercado para definir la posición social de los personajes que interactúan en esta muestra. En primer lugar tenemos el símbolo del gitano en Italia, el cual es representado de clase baja. Aquí quiero recalcar algo que me llama la atención, a pesar que la atmósfera, ya tantas veces referida, del libro presenta cierta incertidumbre, los gitanos descritos poseen una cualidad más remarcada en su aspecto. Por ejemplo, cuando el autor habla del bebé de la gitana que no podía abrir los ojos por lagañas, nos presenta un cuadro que representa una falta de cuidado y pulcritud de estos personajes.

Regresando al lo general, el mercado presenta entre sus muros símbolos interesantes que nos presentan el nivel monárquico que presentan los personajes en esa relación, por medios de acciones consecutivas, lo que me gusta llamar encabalgamiento visual, las cuales dependen unas de las otras para tener un sentido; nos presenta la novela la función social por medio de la hermenéutica de la vida diaria. Las imágenes crudas del día a día de los vendedores, pero en específico del niño con pestañas grandes que le rosan las mejillas.

Considero que es una buena prespectiva para analizar, ya que sin ser específicamente el personaje principal (considero que el personaje principal de la obra es el lector mismo) es sobre quien recae la acción dramática mas importante de la novela. Si hacemos un análisis riguroso del símbolo que representa este personaje, podemos percibir cierta luz sintética, la cual emana constantemente de su aparición en la obra, sobre las latas de coca-cola o fanta.

Esto es un buen tema, un concepto que representa un factor importante al momento de hablar sobre un análisis sociohistórico de la obra es el hecho de nombrar estas marcas reiterativamente, lo importante no es la acción del personaje al tomar un refresco o que este tirado en la calle el embace, lo que resalta en la lectura es la reiteración de la marca, haciendo hincapié en el producto consumido. Tomar un expreso, con vino. Sin marcas, solo el hecho de disfrutarlo, en el gremio que desayuna en la cafetería por la mañana ante ese barista. Lo importante es el producto, especificar que es externo al habitad que se describe.

Esto es una de las maravillas de la reinterpretación desde la recepción del lector; sin embargo, podemos afianzarnos de estos símbolos, que llamaremos “base” para ver la evolución de los otros y como a su vez, estos complementan a otros cada vez más grandes. El hecho de los chupetes colgando, es un proceso que representa a la Italia del momento sociohitórico de que se plantea la obra.

Ahora bien, uno de los últimos temas a tratar es la evolución del color dentro de la novela, tenemos desde que abordamos el texto una atmósfera que se caracteriza por el sumo detalle que se presta, como un zoom, a las características particulares de los puestos; sin embargo, al avanzar la lectura, aparte del acortamiento de imágenes para ir de lo abstracto a lo concreto, tenemos una lluvia de colores. los cuales conforme avanza la narración van eliminándose, como si estuvieren abandonando al lector y a los personajes, para centrarnos en una grisácea tarde donde todo lo rojo resalta.

Ahí, donde Froncio perdió su cordura.