Fue necesario acudir dos veces al Galeón para comenzar a desentrañar el viaje de Emma de la Organización Secreta de Teatro. El jueves no estábamos preparados para un periplo sin palabras y nos llevó tan profundo el viaje onírico que perdimos muchos detalles. Nos picó, sin embargo la enigmática belleza del montaje y fue necesario regresar.

La primera vez el público saturó el teatro, cuyos ingresos se destinaron a la reconstrucción del Círculo Teatral e intuimos que el anonimato del foro incluía muchos personajes importantes como Rocío Carrillo, la directora, quien al final se unió a los actores en escena para celebrarlos.

Dos semanas estuvo cerrado el CCB tras el sismo del 19 [VIDEO], más fue el Círculo Teatral, de Alberto Estrella y Víctor Carpinteiro, quien se sumó al elenco, el inmueble que resultó afectado. El dinero recaudado de la función inaugural se donó a la causa de la casona en Veracruz 107 que cierra su ciclo, y en buena hora multitud de actores, dramaturgos e instituciones se han unido para levantar un nuevo recinto que cumpla como escuela, taller experimental, foro y punto de encuentro.

La segunda vuelta nos permite acceder un poco más al complejo discurso. Emma representa un Ulises versión femenina y sus aventuras tienen hilos de conexión con la obra de Homero, pero más que nada con la propia Historia del Teatro en México, pues Carrillo fue parte de la Rendija, de la cual hablamos en otros textos.

Asistimos a un teatro "personal", valga decir que el argumento no es tan complicado como la poética que se levanta orgullosa por encima de los diálogos

Asistimos por demás a un experimento multimedia que se acerca al circo, al performance y al cine, construido paralelamente siguiendo el diseño sonoro de Betsy Pecanins, genial artista del blues quien se ha ido antes de su tiempo el año pasado.

Hablar de las Pecanins y su influencia en el arte contemporáneo llevaría un discurso específico, valga decir que su heredera, incursionó como muchas mujeres en los años 80 para impulsar una definición distinta de la mujer completamente libre de los roles de la sociedad patriarcal.

Disfrutamos cada minuto del espectáculo obviamente más dirigido a motivar la reconstrucción de la mujer madura rota por la pérdida del matrimonio y el amor de juventud. Emma comienza la obra sin rostro, desgarrada, perdida en una pesadilla que vuelve a ver la luz gracias al viaje simbólico que emprende con una serie de co protagonistas quienes se miran como ella en diversos espejos.

Algunos espectadores se salieron cuando la trama se vuelve demasiado surrealista. Las influencias, las referencias, la sincronización de la música grabada con un músico en escena (que también hace los efectos especiales) y sobre todo, un tono sexual in crescendo no son fáciles de asimilar.

La primera vez sentimos larguísimo el viaje, en la segunda nos duele que todo se acabe pronto y el placer que se siente en la química de los actores concluye clavándonos más profundo el aguijón del entendimiento

¿Qué más hay detrás de la fantasía?

Quemar las Naves fue seleccionada para participar en El Encuentro de las Américas 2017 en Los Ángeles y ha renovado sus estrategias de fondeo para financiar la exportación íntegra de una pieza que involucra un gran derroche creativo en la elaboración de vestuario, maquillaje, coreografía e iluminación.

Al fondo, la pared se ilumina con elementos nocturnos simulando el concepto del océano, más destaca un diseño de iluminación que transita hacia el amanecer y va acentuando cada encrucijada con un contenido extra, depurando y dando profundidad a las distintas secuencias que construyen el plano visual.

Aunque Emma es una acrtiz calada, su presencia escénica la ofrece fresca en un proceso de rejuvenecimiento. La mujer renace, testimoniamos su enfermedad y el sortilegio que la trae de regreso a la vida con la consecuente quema del pasado y aceptación del porvenir.

Cada actor es hombre y mujer al mismo tiempo, es deidad, monstruo y se desdobla en la magia multicultural que conlleva cada personificación. La bella se yergue triunfante de las dimensiones de un sueño en el cual somos una familia que aprende desaprendiendo a revalorizar la existencia.