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Simón Bolívar (Caracas, Venezuela, 1783- Santa Marta, Colombia 1830), luchó y murió por el sueño de ver una América unida, sin fronteras, sin divisionismos nacionalistas, sin violencia. Una tierra donde los hombres puedan verse como hermanos. Bolívar defendió este anhelo ante los intereses imperiales de Estados Unidos y de los ingleses, quienes a principios del siglo XIX levantaron serios intentos por expandir su colonialismo en América Latina y el Caribe.

El sueño de El Libertador

El intento de ver unidos los anhelos y esperanzas de libertad de los americanos no fue en modo alguno una utopía en la mente de Simón Bolívar, por el contrario, su enorme capacidad crítica lo llevó a mirar los límites y posibilidades a las que se enfrentaba la independencia de las colonias americanas del entonces imperio español.

Bolívar observó desde principios del siglo XIX que el gran obstáculo a superar para América radicaría en el encuentro multicultural y multiétnico de indios y mestizos, de criollos y extranjeros; en una tierra que abre los brazos a la diversidad. Esa pluralidad es lo que le da la riqueza a estas tierras americanas encontradas por Colón, aquel lejano 12 de octubre de 1492.

El Libertador, como llamaban a Bolívar, ejerció una Política fundada en la equidad social del llamado justo medio, el cual consiste en aplicar la ley de manera local a cada entidad, respetando en todo momento sus condiciones de pluralidad cultural. Sus ideas políticas sobre el llamado justo medio y el respeto a la diversidad lo podemos encontrar en su Discurso de Angostura; excelso documento escrito con el objeto de mostrar que los ideales democráticos europeos.

Son ideales coloniales que no encuadran con los ideales de libertad de los pueblos en América, al no corresponder con su cultura, tradición, cosmovisión e historia propia de nuestros pueblos originarios.

Simón Bolívar miró las bondades de la democracia federalista como un programa político que debería trascender el tiempo histórico del colonialismo europeo en América, dejar de lado nuestra condición de víctimas y comenzar a vivir nuestra identidad cultural como pueblos originarios liberados. Sin embargo, las ambiciones políticas y la avidez de ganancia de los hombres cercanos al Libertador, terminaron por degenerar un programa plural para el continente en un federalismo que se desgarraría en el separatismo y la división de los actuales estados nacionales que conforman América del Sur.

El sistema mixto de gobierno

El Libertador de América buscó un sistema democrático republicano y federal, que respetara incondicionalmente nuestros orígenes étnicos, que incluyera y no exterminara a nuestros pueblos originarios.

Sin embargo, fue consciente en todo momento que dicho sistema no podría operar universalmente en el continente, ya que cada pueblo y cultura originaria tiene una herencia cultural propia y dicha historia engendraría desigualdades, ante la imposición del universal político democrático.

Echando mano de las teorías políticas y de Estado más avanzadas del siglo XIX, Bolívar fue capaz de desentrañar las vicisitudes mismas que devienen a la aplicación del sistema monárquico, desde allí, El Libertador observó que la Monarquía trae consigo estabilidad social en detrimento de las desigualdades propias de un sistema democrático republicano, por ello apostó en su momento por establecer un Congreso Constituyente dinámico subordinado a una legislación vitalicia con congresistas, cuyo cargo fuera hereditario a fin de buscar un equilibrio entre un régimen colonial europeo en América y otro de corte federalista, democrático y republicano.

Simón Bolívar murió con el sueño de otorgar al pueblo una soberanía absoluta basada en la participación política de amplios sectores sociales. Así, criollos, negros, mulatos, indios, europeos, asiáticos, africanos y mestizos, podrían representar los intereses de esa gran pluralidad desde lo local, desde sus comunidades, para materializar el deseo de ver una América unida en la participación de todos los pueblos.

Este gran Congreso Constituyente quedaría conformado entonces por representantes elegidos en sus comunidades, que velaran por los intereses de su localidad y votaran en razón de la voz de su sector y no en razón de intereses propios. Así, el Libertador de América, murió con un sueño en la mente, ver una América unidad desde su diversidad, sin muros ni fronteras.

Para leer más:

Simón Bolívar, Carta de Jamaica 1815-2015. Comisión Presidencial para la Conmemoración del Bicentenario de la Carta de Jamaica. Coordinación editorial de Simón Andrés Sánchez. República Bolivariana de Venezuela, 2015.

Simón Bolívar, “Discurso de Angostura,” en Latinoamérica. Cuadernos de Cultura Latinoamericana, Núm. 30, Coordinación de Humanidades, Centro de Estudios Latinoamericanos, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, 1980.

Mis recomendaciones de la semana.

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