¡Sí!...me di cuenta un día, que desde hace algún tiempo, al despertar en la mañana, llegaba “una tristeza remolona” a tan sólo segundos de abrir los ojos. Tal vez esto venía ocurriendo desde hacía tiempo, e inconscientemente la fui incorporando a las variadas manías, o malos hábitos que he adquirido en estos últimos años, y como lo habitual se hace costumbre, descarté por completo si sería necesario comentarlo a algún especialista; simplemente pensé que como llegó, algún día se marcharía.

Ya bien informada de esta inoportuna enfermedad: “Ataques de Pánico”, comprendo, que hace mucho, pero mucho tiempo, los tornillos venían aflojándose, pues al pasar tan sólo una semana de iniciar el tratamiento medicamentoso, un día me sorprendió la grandísima alegría, de un despertar diferente.

Abrí los ojos como el cuento de la abuelita de “Caperucita Roja”, respiré profundo, y suavemente dirigí la vista a puntos distantes, sin apuro, para no convulsionar el movimiento, con incredulidad, y sonreí feliz… era la primera vez después de tanto tiempo que amanecía como Dios manda, y no me lo podía creer.

Disfruté cada sensación, el roce de mi piel con las sábanas, estiré el cuerpo para que todos los huesos y músculos buscaran su verdadero lugar, temía levantarme y que desapareciera aquella paz, pero luego de ese breve tiempo, había que luchar contra la incertidumbre.

Ya los pies en el suelo, rehusé ponerme las chancletas, quería saborear todos los sentidos como tocaban desde los primeros tiempos de la existencia humana. Ojalá y estuviera en el campo en ese preciso momento, me dejaría caer sobre la hierba mojada de aquel bello amanecer.

Bajé las escaleras del cuarto salteando los obstáculos habituales, algún zapato o ropa del día anterior, nada me molestaba, preferí congelar las sorpresas que siempre me predisponen al amanecer, como el reguerillo de último momento antes de dormir o en la cocina algo sin fregar, de veras quería disfrutar este nuevo día, todo aquello pasaba a formar parte de otra dimensión, tal vez hasta de otra casa.

Me dirigí a la sala y busqué ávida el disco de Vangelis, su música me embrujó un buen día que estuve de visita en casa de unos amigos y la escuché por vez primera, y desde entonces, la relaciono con los momentos más preciados, apacibles, sensibles, humanos, y hoy era el día, hoy el mundo me acababa de parir, era como podía interpretar tanta paz nuevamente.

Pensé en mi hija, en mis padres, y todos ellos involucrados en tantos días de incertidumbre, viéndome consumir por esta enfermedad, ¡qué bueno sería que supieran lo diferente de este día!, pero este momento sólo me pertenecía a mí, a mi música, a la sombra de mi cuerpo que me devuelve la pared, y a los rosacoli que están al convertirse de un momento a otro en padres de un montón de chirriantes pajarracos (a sacar cuenta por la cantidad de huevos que han puesto).

Sé que somos muchos los enfermos, creo que toda la humanidad padece algún trastorno psicológico, que en realidad sobrellevamos y hasta ocultamos por razones sociales o prejuicios.

Pero esta enfermedad, precisamente ésta, que es la que me acompaña por estos tiempos, trato de entenderla, retarla, investigarla. Me convierto cada momento en conejillo de Indias, repasando los síntomas, inventando planes para frenarla, pues pienso lo desagradable que sería convivir con miedo durante el resto de la vida, me aterra perder la sensibilidad, no poder ser la abuela chocha y cariñosa de mis nietos, la hija oportuna para cada mal de mis viejos, me niego a ser la amiga sonámbula e inservible; decreto rotundamente que jamás me privaré de la libertad de elegir qué camino tomar o a quién ayudar.

Y comprendo con pesar, que me está tocando vivir esta difícil etapa, pero soy obstinada y optimista, por eso aprovecho cada mejoría y lo convierto en cuento, y narro mis experiencias, para que se convierta en aliento y esperanza.

…y agradezco a un buen amigo guajiro, que me lee con frecuencia, y pienso que sin querer ofenderme, y sin tan siquiera imaginárselo, me dio el título de este cuento, diciendo con su soltura natural y mucha cubanía, “tienes el talento de los locos”.