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Leo Frobenius fue un etnólogo que trascendió los prejuicios del colonialismo acerca de las culturas africanas, consideradas salvajes y primitivas en contraste con occidente. Durante las primeras décadas del Siglo XX, su espíritu científico logró formular teorías novedosas acerca del origen de la humanidad gracias a un incansable trabajo de exploración, reproducción e interpretación del arte rupestre.

El Instituto Frobenius ha traído por primera vez a América parte de su colección: decenas de obras plásticas y documentos que renuevan la mirada de culturas hasta 40mil años antes de Cristo

El Gobierno Alemán en coordinación con la Secretaría de Cultura y las autoridades del INAH han montado lienzos/murales que el explorador y su equipo elaboraron tratando de generar un reflejo realista de las cosmovisiones antiguas cuya simbología no sólo abrió ventanas de estudio acerca de la estética prehistórica, también sirvieron de fuente inspiradora del surrealismo y la pintura moderna.

Heredero de una ideología que supuso al pueblo alemán como descendiente evolutivo de la civilización, Leo Frobenius propuso a la cultura como un organismo vivo, cuya racionalización describía distintos etapas orgánicas asimilables a los ciclos de la niñez a la ancianitud.

Apodado el "Lawewnce de Arabia alemán" en la 1era Guerra Mundial hizo un periplo épico por el este de Europa y África con la finalidad de hacer alianzas con los grupos humanos originales de cada región a quiénes levantaba para unirse al poder liberador del Reich. Pese al fracaso germano en aquella guerra, se le recuerda de modo ambivalente como reivindicador de la autenticidad identitaria africana, y así mismo como explotador de su patrimonio cultural.

Considerado tanto romántico como científico, el legado de Frobenius que se ha montado consiste de 103 piezas provenientes de la Universidad de Frankfurt

Estas sintetizan su quehacer no sólo en África, sino en Oceanía y en Europa.

Una de las proyecciones que enarboló a lo largo de su carrera el germano fue plantear una raza previa de hombres blancos que justificaba el avance cultural, tecnológico y administrativo de pueblos que en su momento habían decaído y lamentaba que fueran demasiado rudimentarios como para conservar su propio legado.

"El Mundo del Arte Rupestre" complementa las enormes pinturas con fotografías documentales y una serie de dispositivos interactivos que facilitan comprender la importancia de su labor en París, Madrid, Budapest, Copenhague y Nueva York, donde mucho interés hubo el registro de la era del hielo, pues se facilitaba su apreciación evitando expediciones a lugares agrestes de la geografía africana.

Richard Kuba fue el responsable de la curaduría cuyo diseño nos acerca a la visión de una continuidad prehistórica que alcanza Indonesia e incluso Australia, como se ha demostrado con trabajos más actuales con tecnologías que dejaron en el olvido la labor de Frobenius durante décadas.

Las miles de obras plásticas retoman su lugar imponiendo niveles de perfección imposibles de imitar con equipos fotográficos y representan el testimonio de la actividad rupestre destruida por la negligencia de los gobiernos belicosos y el mal turismo del continente negro.

Descubridor de la esencia en Zimbabue, Botsuana, Sudáfrica, Namibia, Egipto, Libia y El Congo, para 1920 había fundado el Instituto de Morfología Cultural en Munich y su carrera se vio siempre acompasada desde 1925 con la docencia en la Universidad de Frankfurt que captó 4700 reproducciones alusivas a sus descubrimientos; en su honor en 1946 se bautizó con su nombre al Instituto Etnográfico de dicha casa de estudios; finalmente también fue director del Museo Municipal de Etnografía de esa ciudad.

Su legado intelectual comprende La concepción del mundo de los pueblos primitivos (1898), El origen de la cultura(1898), Atlantis (doce volúmenes, 1921-28), De la etnología a la filosofía (1925), El destino de las civilizaciones (1931) e Historia de la cultura africana (1933).