Uno de los rasgos peculiares de los Simpson son los constantes guiños al cine, la literatura, la Mitología, entre otras disciplinas de la humanidad. Pues bien, queremos rendir homenaje a estos dibujos animados estos días comenzando con esta bella historia, leyenda recogida en el libro IV de las Metamorfosis de Ovidio, antecedente de la obra teatral de Romeo y Julieta de William Shakespeare y de la película [VIDEO] musical de West Side Story.

Encontramos este mito en el episodio trece de la vigésimo tercera temporada de los Simpson, con el título "La hija también se ilusiona" ("The Daughter Also Rises"), donde Lisa conoce a un chico llamado Nick, cuando estaba junto con su familia en un restaurante, a través de una fisura en una de las paredes, enamorándose al instante y terminando con ambos en un cerezo.

No obstante, su madre no quiere que pase tanto tiempo con él; por eso, Lisa se dirige al encuentro de su abuelo para que le aconseje qué hacer en este caso, consejo que le da a través de la historia de Píramo y Tisbe, pero se la cuenta de forma abreviada, cambiando el final, ya que los dos jóvenes se encuentran al mismo tiempo en el lugar que acordaron, besándose y transformándose en un mismo árbol, recuerdo de otra leyenda, la de Filemón y Baucis.

La historia

Esta historia la vamos a presentar a continuación de manera sucinta: Dos jóvenes babilonios, Píramo y Tisbe, que vivían en casas contiguas, se amaron a pesar de la enemistad de sus padres, a través de una grieta en un muro que separaba sus viviendas, donde podían comunicarse sin ser vistos. Un día, cansados de esta situación, acordaron quedar junto al monumento de Nino, en el que había un moral de moras blancas.

Tisbe fue la primera en llegar al sitio, y se encontró con una leona que terminaba de ir a cazar y se dirigía a beber a la fuente. Pero esta se asustó tanto, que decidió esconderse con tal mal fortuna que se le cayó el velo, velo que recogió la boca del animal.

Cuando Píramo llegó y vio la boca ensangrentada del león junto con el velo de su amada, pensó que el animal le había dado muerte. En ese preciso momento, el muchacho sacó su puñal y se lo clavó en su pecho, derrámandose su sangre en las moras, antes de color blanco, para teñirse de rojo hasta la posterioridad. A continuación, cuando Tisbe salió de su escondite, y al ver a su amado en semejante estado y con pocas ganas de vivir, se suicidó con la espada de su amor.

De esta manera el amor de estos muchachos terminó de la forma más trágica posible para sus respectivas familias.