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En 1941 aparece por primera vez Wonder Woman, un comic que narra la historia de un héroe femenino; una mujer con súper poderes que busca la justicia y la verdad. Su imagen fue cambiando con el tiempo y su popularidad fue variable. Desde ser motivo de censura por La Liga de la Decencia, hasta convertirse en una icono del feminismo y finalmente llegamos a su más reciente regreso a la pantalla grande con "La Mujer Maravilla " (2017) cinta en la cual se habla de su mítico origen. Sin embargo, más interesante resulta su verdadero origen ¿qué hubo detrás del personaje? ¿Por qué hablar de una mujer empoderada, en una época en la que las mujeres apenas si comenzaban a ir a la universidad?

La película del Profesor Marston y La Mujer Maravilla

Nos cuenta la vida e inspiración de William Moulton Marston, creador de este famoso personaje femenino.

Marston fue profesor de psicología en Harvard y Radcliffe en medio de un contexto lleno de prohibiciones y con una moral muy estricta. Sin embargo, esto no impidió que experimentara con las emociones humanas y realizara grandes descubrimientos gracias a la ayuda de su esposa, Elizabeth Holloway Marston y una de sus alumnas, Olive Byrne. Fruto de estos estudios y sus interesante vida privada, nace Wonder Woman. La vida de William y su esposa como científicos e intelectuales, cambia de manera abrupta con la llegada de Olive, que al final resultará una influencia positiva e indispensable. Las mismas consecuencias, puede decirse, tendrá la singular pareja en Olive. La cinta aborda temas familiares, sociales, educativos y sexuales que trascienden décadas y nos tocan profundamente.

Deleite y reflexión

Más allá de toda una clase de psicología (y una mini terapia, por qué no), esta cinta es un deleite a los sentidos y una seria reflexión acerca de las relaciones humanas, que llega en la época justa.

La fotografía juega constantemente con contrastes y texturas que nos llevan a una experiencia sensorial única, si bien, la temática se presta, no sería posible sin la narrativa visual que logran las actuaciones en conjunto con las luces. Por otra parte, en esta época en la que todo parece tan liberal y podríamos presumir de una moral relajada, se nos muestra los conflictos sentimentales y racionales que implica el poliamor [VIDEO]. Nada es tan sencillo como parece.

El filme muestra un visión particular acerca de los roles de género en aquellos años y un poco, en los nuestros, no es que las cosas sean tan diferentes. Los protagonistas disfrutan del intercambio y del juego entre la dominación y la sumisión, a través de la seducción y la inducción. Aquí todos peleamos por convencer al otro sin que se dé cuenta que está siendo convencido. Y ésta es la clave para ser feliz y hacer feliz al otro, este juego eterno de cumplir por convicción. Es en este punto cuando las relaciones humanas reflejan toda su complejidad y falta tiempo para entenderlos, para entendernos.

Nos consume una vorágine de sentimientos y atinamos a sonreír, a soltar una lágrima o fruncir el ceño, mientras terminamos de asimilar todo lo que ha pasado hasta ese punto de la historia o de nuestras vidas.

La película no caen en lugares comunes y cuida bien hasta el más mínimo detalle de la trama. Cuando habla de fantasía te sumerge en un sueño y te hace participe de él, como si uno fuera personaje, cuando el golpe de realidad llega, el público despierta a la par que los protagonistas. Diana deja de ser La Mujer Maravilla por algunos minutos para convertirse en una mujer, en dos mujeres reales y aún más que eso, en una enseñanza sobre nosotros mismos y nuestras verdades ocultas.