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La era digital y sus nuevas estrellas

El entretenimiento de alcance mundial, en tiempos actuales, gira mayoritariamente en torno a lo que producen Japón y Estados Unidos. Esta es la época dorada para las series y películas, animadas por CGI, estilo anime, o de acción real, que hacen época, crean “hype” y desbordan presupuesto. Por otro lado, tenemos a los canales de YouTube, donde ya existe una pléyade consolidada de estrellas que se forjaron un nombre con base en la perseverancia y en conectar con el gusto del público, siempre a la vanguardia y marcando tendencia.

El entretenimiento se ha instalado en una muy segura fórmula de explotar la nostalgia de aquella franja de la población que, según sus acertados estudios de mercado, se encuentra en la plenitud de poder adquisitivo.

Podemos prepararnos para, dentro de 10 años, atestiguar un boom de producciones que apelen a la estética y el sentimiento de los 90, tal y como lo vemos hoy en día con los 80.

Un caso atípico

Y en medio de toda esta vorágine de opciones de entretenimiento de actualidad y disponibilidad 24/7, resulta poco menos que una extravagancia el hecho de que aún pueda haber público para una compañía de títeres que ha apostado por las presentaciones teatrales como su única vía de pervivencia.

31 Minutos nació en Chile en 2003, a través del canal Televisión Nacional de Chile (TVN), como una serie que recreaba un caótico noticiero televisivo, echando mano de un humor ágil y nada pretencioso. Esta serie fue ideada por Álvaro Díaz y Pedro Peirano, quienes son periodistas de formación, por lo que quisieron recrear este mundo de una manera satírica, pero con la llamativa estética de un show de títeres, el cual, por cierto, siempre ha contado con incentivos de presupuesto gubernamental en su modalidad de producción televisiva.

Un poco de historia

La primera temporada, emitida durante el año 2003, echó mano de un humor más localista y basado en acontecimientos del dominio público.

En 2004 se emitió una segunda temporada, en la que se afianzaron los personajes y las situaciones se diversificaron, aparte de que se notaba el incremento de presupuesto gracias a los resultados obtenidos.

Durante el año 2005 se emitió una tercera temporada, con recursos humorísticos ya muy reconocibles, así como una sátira mucho más ácida y elegante hacia los estándares de la televisión y la sociedad de entonces.

La película de 31 Minutos, realizada en 2006, fue, de momento, el cierre triunfal de toda producción relacionada con el concepto.

Éxito inesperado

A partir de entonces, el verdadero éxito de 31 Minutos vino cuando se exportó a otros países de Latinoamérica. No sorprende que en México haya conectado de una manera tan efectiva, ya que los mismos creadores refieren al humor de Chespirito (quien a su vez se inspiraba en el programa de radio cubano La Tremenda Corte, aunque sin llegar a reconocerlo públicamente) como un referente innegable, así como el sutil rasgo de la prosodia, ya que fue muy notoria la adecuación que se hizo de la primera a la segunda temporada buscando un acento más neutro, justamente aquel que se escucha en los doblajes mexicanos que se exportan a Chile, y con los cuales crecieron los artífices de la serie.

El Canal 11, del Instituto Politécnico Nacional (IPN), fue el canal encargado de transmitir a 31 Minutos y afianzarlo en el gusto de niños y adultos, pues la serie se deslinda de aleccionar expresamente, al grado de incluso tener un capítulo en el que los personajes se muestran excesivamente ignorantes cuando pretenden convertir el noticiero en un programa educativo.

Sus verdaderos valores agregados

Sin embargo, y pese a su irreverencia, 31 Minutos trasluce un profundo respeto por la inteligencia del público infantil y de cualquier otra edad. Las situaciones caóticas terminan dando sutiles lecciones, así como el mensaje de respeto por la naturaleza que aporta la Nota Verde de Juan Carlos Bodoque, el conejo rojo periodista que es interpretado por el propio Álvaro Díaz.

Otro punto importante, y que fue la clave del resurgir del concepto, ha sido la música. Tanto en la musicalización de los contenidos, así como en reminiscencias de los temas del Ranking Top de Policarpo Avendaño, se nota un conocimiento musical bastante refinado por parte de Díaz y Peirano, puesto que afloran referencias sutiles a Pink Floyd, David Bowie, Queen, los Beatles, Kraftwerk y muchos otros.

Y es que cada temporada fue acompañada por la salida al mercado de un disco con las canciones originales, lo cual solidificó aún más el concepto.

Toman los escenarios

Esto permitiría a la postre, que en el año 2013 el elenco se volviera a juntar para ofrecer una serie de conciertos en los que había un hilo conductor a manera de obra teatral de títeres, mientras que los músicos, liderados por Pablo Ilabaca del grupo Chancho en Piedra, ejecutaban las canciones en vivo.

Para 2014, las ya inabarcables huestes de admiradores en todo Latinoamérica, motivaron que Aplaplac, la productora de Díaz y Peirano, lanzara una cuarta temporada que significó el reencuentro de todos los integrantes del elenco, que no sólo tienen funciones de interpretación vocal y manejo de marionetas, sino que, también aportan en la escritura de guiones y canciones.

Un equipo de lujo

Otros integrantes del elenco son: Patricio Díaz, quien llega a robar cámara gracias a la naturaleza irreverente de su personaje Guaripolo; Alejandra Dueñas, con la entrañable Patana Tufillo, sobrina del ingenuo, megalómano y adorable Tulio Triviño, quien conduce el noticiero gracias a la voz y el manejo de Pedro Peirano; Daniel Castro, quien interpreta al sui géneris Huachimingo y al periodista de espectáculos Policarpo Avendaño.

Para esta temporada, se dejó de contar con uno de los iniciadores del proyecto, el caricaturista y comediante Rodrigo “guatón” Salinas, quien dejó de aparecer en conciertos (salvo Viña del Mar 2013) y grabaciones del programa, para sólo doblar en off a sus tiernos personajes Juanín y Mario Hugo.

“¡Estamos al aire! (otra vez)”

La cuarta temporada no obtuvo las lecturas de rating que hubiesen esperado los de Aplaplac, en parte porque se les otorgó el dudoso privilegio del prime time, en el que compitieron con reality shows y otros flagelos de la cultura de masas televisiva. El seguimiento en internet fue fervoroso y puntual por parte de los aficionados a la serie, pero tampoco resultó representativo como para hablar de una monetización de su canal de YouTube.

De esta forma, Pedro Peirano declararía en 2015 que el futuro de 31 Minutos se encontraba en las presentaciones en vivo.

Una visita obligada

Ha sido de esta forma como han llegado a México con diferentes producciones, tales como: Gira mundial (2014), Radio Guaripolo (2015), Tremendo Tulio Tour (2016) y Calurosa Navidad, que en este 2017 ha hecho las delicias de sus seguidores que abarrotaron el Teatro Metropólitan.

Según lo expresado en la conferencia de prensa previa a la serie de conciertos, que se realizaron en la Ciudad de México del 6 al 10 de diciembre, no es casual que se presente este espectáculo navideño de aire desenfadado, ya que se pretende dar un poco de alivio y esperanza al corazón de los mexicanos, mermado por el reciente terremoto del 19 de septiembre, que cobró 366 víctimas y dejó un sabor muy amargo en el pulso colectivo de la ciudad.

Otro encuentro emotivo

El show fue lo que se esperaba: desparpajo, emotividad, maestría en la interpretación, una producción impecable, pero, sobre todo, amor. El concepto 31 Minutos ama a su público mexicano y da lo mejor de sí en el escenario, al tiempo que miles de muñecos bailan sostenidos por las manos de un público adulto que ha crecido con ellos y uno infantil que crece con ellos, con su humor ingenioso y sus mensajes positivos que no resultan en moralinas.

31 Minutos se va y nos deja satisfechos. Nos deja en el corazón sus canciones, sus palabras de aliento, sus homenajes sinceros, y la firme idea de que hay luminosidad y esperanza en la música, en las cosas hechas con sinceridad, y en las sonrisas que provocan en nosotros y en nuestros hijos.

Siendo una sociedad ávida de música, humor y esperanza, no podemos pedir más.