En la antigüedad, la introducción de la mujer en el mundo académico de la pintura fue realimente compliado y difícil, ya que no podían acceder a ellas, por el hecho de pertenecer a este género; así como ser las únicas privilegiadas que procedían de la familia de algunos de los varones, que estaban en estas instituciones. De manera que las pintoras, sólo podían pintar lo que veían: retratos, bodegones, paisajes y naturalezas muertas; pero no desnudos mitológicos que se enseñaban, en efecto, únicamente en estos lugares.

Una de las pintoras que no pudo entrar aquí fue Angelica Kauffmann (1741-1807), artista profesional en una época de aficionadas y primera Pintora que desafió el monopolio masculino, que tenían los académicos sobre la pintura de Historia.

Su padre, fue un pintor de iglesias suizo, no muy bueno que la llevó de viaje durante toda su juventud, donde se dedicó a copiar las obras de los grandes (en Parma, a Correggio; en Bolonia, a los Carracci; en Florencia, muchas obras renacentistas) conociendo y perfeccionando en esta época la técnica del clasicismo y las tendencias neoclásicas, llamada la "Gran Manera", en Inglaterra.

Luego, Angelica conoció al pintor norteamericano Benjamin West, formando parte del círculo de pintores ingleses sobresalientes, como Gavin Hamilton y Nathaniel Dance. Sin embargo, el hecho que transcendió su existencia fue el haberse encontrado a Winckelmann, en Roma en 1763, momento que supondrá para nuestra artista el cambio en la manera de pintar: una manera neoclásica de su ideal de noble sobriedad, que estaba basando su estilo en los frescos del Herculaneum y en el clasicismo sentimental del pintor Rafael Mengs.

La ambición de nuestra pintora fue el haber ejecutado obras históricas de gran tamaño, a pesar de no pudo acceder a la enseñanza con modelo desnudo, donde estaban plasmados los convencionalismos de la pintura de historia [VIDEO].

Su llegada a Londres

Cuando Angelica Kauffmann llegó a Londres en 1765 o 1766, conoció a Reynolds; y después de un año, había ganado tanto pintando retratos a aristócratas que pudo comprarse una casa, permitiéndole su éxito comenzar las obras históricas que ya tenía preparadas desde sus años romanos; valor que la catapultarían como una artista seria. Para ello, aprovechó su primera oportunidad de exhibirlas que se le presentó: durante la visita del Rey Christian VII de Dinamarca en 1768, enviándole las siguientes obras: Venus apareciéndose a Eneas, Penélope con el arco de Ulises y Héctor despidiéndose de Andrómaca. Al año siguiente, expuso estos cuadros en la Royal Academy, junto con la Despedida de Régulo y Venus y Venus, llorando la muerte de Adonis, de Benjamín West; considerándolos a partir de este momento como iniciadores del estilo neoclásico en Inglaterra.

Las posteriores exposiciones demostraron la originalidad de sus obras en el campo de la pintura, de temas de la historia medieval inglesa y de la Antigüedad.

Sin embargo, la exposición de 1968, "Angelica Kauffmann y sus contemporáneos" consolidó las relaciones de la artista con los demás pintores de la historia y su influencia en sus contemporáneos.

De todas maneras, los académicos ingleses la criticaron por su falta de maestría con el dibujo, por el cual tenía poco dominio, llegando a demostrar la inferioridad de su obra, en cuanto a sus contemporáneos varones y considerándola como una artista que pintaba representaciones suaves, graciosas y deliciosas; acusación propiciada por haber emprendido una actividad pública propia de hombres.