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En un parpadeo se han pasado cien años desde que comenzara la reconstrucción del país postrevolucionario y se levantó la pausa de una modernidad controlada y seducida por el art déco. Así el resplandor de la República comenzó a materializarse en decenas de edificios nuevos a partir de la década de los treinta.

La pugna entre el artesano y el artista [VIDEO] sucedió al mismo tiempo, a paso acelerado la sociedad entera se ha entregado a un proceso que ahora necesita menos su talento floklórico, ormamental o ideológico. La realidad contemporánea, roto el molde del Siglo XX, demanda miles de creadores, pero transformados en diseñadores asalariados.

El Museo de Arte Popular inaugurado en 2006 se planteó ser un recinto para poner en diálogo las expresiones tanto tradicionales como contemporáneas; centrándose, pero no cerrándose a la degradación del arte de la pintura y la escultura en artesanía, y la reivindicación del trabajo de oficio como punto de partida en el valor de nuestra idiosincrasia.

Muchos inversionistas apoyaron la genial idea de elevar el rango al trabajo de los distintos pueblos en nuestra geografía y al mismo tiempo incorporarse al ser contemporáneo del arte que absorbe y abraza cualquier manifestación por su contenido narrativo o espiritual.

Esta balanza se ajusta a la expresividad de Betsabeé Romero, quién ha posicionado sus objetos en museos y galerías de prestigio

Con una colección de barro, llanta y papel, se entiende la autoría intelectual de diseños que tipifican lo mexicano dándole un doble sentido crítico a sus piezas. El renovado Edificio Guardiola recibe a propios y extraños con esta amalgama de símbolos, ídolos y amuletos cuyo significado político es tan fuerte que se disfraza de modo sensible con el tejido de una cultura madre aspirando a hacerse presente bajo el enigma de lo bello.

Nacida en 1963, Betsabeé nos distrae un poco de lo que concebimos como artesanal; su manifiesto se opone en alguna medida a la seriedad con la que se ha catalogado el trabajo de los maestros que ocupa tres pisos de la antigua estación de bomberos.

Aunque generalmente la sorpresa en el uso de las llantas nos remite a la parte indígena, en esta muestra hay instalaciones donde se reinventa el propio medio para plantearlo en el renacimiento como soporte para mensajes acerca de la religión desde un punto de vista mercantil, decorativo. Por lo tanto, se trata del choque entre una artista que quiere hacerse conceptual, y la carga del pasado en nuestra persona del Siglo XXI remitiéndonos a la materia para generar la explicación posible en cuanto a lo artesanal; en cuanto a lo bello y en tanto al provecho que la sociedad saca del altercado.

Algo parecido sucede en la exposición de la Bienal interna que se organiza entorno a la interdisciplina y las fronteras invisibles entre un profesional y otro, ampliando el espectro teórico entre la utilidad, la diversidad y la creatividad el abanico de propuestas refrescan e incitan a la interpretación de nuestros tiempos.

Mediante Arte/sano entre artistas 5.0, el MAP y sus patrocinadores, alaban la integración entre el diseño industrial, la renovación de las prácticas tradicionales y el arte desde el aspecto plástico individual y colectivo.

Atiborrarse de propuestas conlleva abrir el margen de tolerancia hacia los valores que entraña cada espacio de un recinto que coquetea también con el valor mercantil de piezas que se comercializan en una tienda muy particular en la planta baja. Al MAP se le reconoce aportar cada año un repertorio sin fin de Alebrijes monumentales que gracias a su logística concurren en un desfile lúdico que guía en caravana a las originales formas de vida del imaginario colectivo desde el Zócalo y hasta la Diana.

La tarea defensora del organismo tiene para quién se acerca una oferta de actividades que van desde conciertos hasta la apropiación de las técnicas regionales que se enseñan a la ciudadanía mediante sus talleres. Apoyados por el CONACULTA, los trabajos de investigación y los libros que nacen de sus colecciones refieren a un potencial de primer nivel que nos identifica en la médula de nuestra aportación original al mundo.