Todo comenzó en los años ochenta. Un día mamá te inscribe en el colegio y - al poco tiempo - se acaba una etapa que poco recordamos acerca de la niñez. Imborrable el trayecto a la escuela, desde la época de Gabilondo Soler, el caminito es parte de la aventura que te forma.

El padre de familia o tutor después de hacer infinita antesala para afirmar el discurso de la educación por fin te llevaba, antes de las 7, a la Ciudad de México y desde ahí hasta la sucursal Campestre. Esta experiencia se repitió infinitas veces a lo largo de la primaria y la secundaria, sin que hubiesen cambios significativos en el paisaje.

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Pasábamos primero por Palmas y luego a Reforma. En menos de media hora, los autobuses naranja que ahora parecen salidos de una película de terror, nos trasladaban para coger la carretera a libre a Toluca. Justo en esa época entre el 81 y el 83 abrieron el Puente de Conafrut.

Requiero la evocación de este tramo, porque a partir de esa Prolongación de Reforma se detonó lo que podría decirse "la ciudad del neoliberalismo" que es de las más nuevas al interior del mismo distrito.

Cuando nosotros cruzábamos por ahí era muy aburrido el trayecto, no había nada, era el subdesarrollo...el 3er mundo.

Admitamos que siempre hubo unas casas en los cerros. Seguramente el pueblo de Santa Fe y algunos fraccionamientos por Santa Lucía son de la época, había tal vez las mismas arterias cruzando los cerros que antes estaban bien poblados de árboles y todo tipo de zacate.

Un buen día se acabó la niñez y se descubría en el horizonte la primera fase del campus nuevo de la Universidad Iberoamericana. No se escatimó, a partir de entonces, ni un centavo en apoyar la inversión del desarrollo inmobiliario más formidable que jamás se haya hecho en tan poco tiempo. Los edificios a la fecha son incontables y son pocos los que tienen menos de 20 pisos.

Recuerdos del bosque encantado

Aquel recuerdo de los niños en el bosque encantado se disipa.

Hasta ahora pocas buenas noticias en términos del equilibrio simulado con el entorno y es que esta parte de la geografía era conocida por sus minas de arena y porque había unos tiraderos.

El mejor negocio es la recuperación de áreas ambientales como el Parque de La mexicana, que emocionado entregó Miguel Ángel Mancera en noviembre pasado.

Era hora de matizar el complicado urbanismo de Santa Fé para dar mejor calidad de vida a los habitantes de la comunidad completa, que viven por esa zona muy densa de población que conlleva Las Águilas, pero también Cuajimalpa.

La Mexicana es una fascinación. Llegar está planeado para el coche y cobran el Parking. Hacer turismo por ahí te hace poner los pies en la tierra entre el antes y el lugar a donde llevan los cambios de los gobiernos precedentes.

Hay un diseño muy preciso. Fue fácil transitar de los viaductos al paseo por un jardín botánico en esencia. Amerita muchas estrellas este proyecto, según el propio Mancera, quién se promueve haciendo reportes para las redes sociales de sus tareas.

Nada sería sin una serie de fuentes haciendo eco a un llamado universal para comprender mejor los ciclos del agua. Se habló de contenedores subterráneos y distintos métodos para mantener todo a nivel para satisfacer a visitantes y vecinos.

De los primeros ideado para recibir mascotas. Es permitido dar vueltas en una pista inteligente y tiende a convertirse en un foco para quienes practican el deporte de la patineta. La Mexicana es popular, dirigido a las familias y por ello gozará de espacios para comer de última generación.

Se aprovechó el desnivel de los suelos que se han curado con pasto creando andadores y miradores en toda su extensión. Se notan los aires Románticos de una vista que nos remonta a la infancia, ante el ocaso de un Skyline, que más bien se prestaba apocalíptico.

Al que vaya que no se maree. Hay que seguir todo de frente hasta el límite de Vasco de Quiroga y de ahí rodearle por la Avenida Santa Fé. Hay muy limitado sitio para dejar el coche. No hay pérdida, porque hace frontera con el barranco.

En la zona que aún es salvaje, el Gobierno tiene planes para cumplir con una intervención redonda, que engloba la solución al problema del drenaje y la necesidad de espacios para el deporte tipo canchas o gimnasios al aire libre.