Los cambios históricos no se dan con una línea temporal clara. Los cambios se dan sutilmente. El periodismo del siglo XXI no inició con el siglo XXI. El impresionismo hizo antesala, por muchos años, para poder entrar a la nostalgia. Las escenas cotidianas con el paso de los años se vuelven identidad. El periodismo existe. Nace, palpita y se mueve.

Hace casi ciento cuarenta años, en 1876, fue fundado en Milán El Corriere della Sera. El nombre del periódico hace referencia al momento del día en que salía a las calles para venderse, a las nueve de la noche en sus primeros tiempos. Hecho que confirma que el público ha necesitado ser informado no sólo al despertar.

El periodismo evoluciona. Nuestra película comienza.

Interior/Casa de Mr. Jones/Noche

Sobre un disco de vinilo de 33 RPM, un hombre posa el brazo mecánico que capturará el sonido en el tocadiscos. El ambiente se impregna durante cuatro segundos con ese crujido nostálgico, al pasar la aguja de diamante por los surcos previos a la quinta canción del LP, Highway 61 Revisited, de Bob Dylan, para dar paso al piano de Ballad of a thin man. Sobre el disco girando, aparece la fecha: 1965. Transición.

Interior/Lo que parece una sala de espera/Día

Sobre una caja que está en el suelo y que contiene un tocadiscos, se escuchan unos pasos. Un payaso entra a cuadro y mueve una pequeña palanca que provoca que la aguja se pose sobre un disco de 45RPM. Casi al instante suenan los primeros acordes de una guitarra.

Al volver la toma, Noel Gallagher, de espalda a cámara, ha tomado el lugar de la caja. La edición se mueve a ritmo de jump cuts del mismo guitarrista de Oasis y de viñetas donde aparecen sierras que aluden a péndulos, guitarras colgadas quietas y en segundo plano una bailarina y, el payaso del principio. Tras esto el hermano de Noel, Liam, aparece por primera vez, mira a cámara a través de un objeto circular, tal vez un lente fotográfico y comienza a cantar Wonderwall. Sobre una toma cenital del vinilo girando, aparece el año: 1995. Crossfade. Sobre negros, título:

Canciones Eternas del Periodismo Eterno

Treinta años sucedieron entre estas obras musicales. Bob Dylan reconstruye en Ballad of a thin man a un periodista quien se hace preguntas, lo describe pensativo, evocando situaciones de ética, con personajes no tan extraños a su alrededor. Un tipo anti mainstream da un hueso a nuestro hombre delgado, luego le pregunta lo que siente por ser un freak, evocando casi a Tod Browning, soslayando el remordimiento del protagonista quien sostiene un lápiz con la mano.

Datos, contactos, catedráticos, abogados; el costumbrismo de F. Scott Fitzgerald en una canción de casi seis minutos. Las noticias son productos. ¡La vaca que de no dé leche deberá irse a casa! Gritos proferidos por un jefe al modo de J. J. Jameson.

El hombre delgado, personaje de la posmodernidad por nacer, quien, como salido de La Trilogía de Nueva York, va tras una pista, observa, escribe. La imaginación desbordada o ausente. El dinero desbordado o ausente. La búsqueda sigilosa. El mundo cambiante. Paul Auster y Capote coinciden sin coincidir con Pasolini como testigo encubierto. Muerto. Reprimido. Fue asesinado en 1975. Diez años después de la canción de Dylan. En su momento, el poeta italiano dejó inconclusa una novela llamada “Petróleo”. Corrupción. Asesinatos. Conflictos de interés trasnacional de la Italia de ENI. Eugenio Cefis. Enrico Mattei. En 2009 se deduce que el periodismo del poeta italiano lo silenció. Escribía para el Corriere de la Sera. Tal vez publicó con luz de noche, pero era de día. No escuchó a Dylan, no supo interpretarlo.

El periodismo es sigilo, es veracidad, a tiempo, a su hora. Alrededor los huesos se entregan, se rechazan, se maquilan, se exportan y se importan. No importa la época, todo sucede. 1965 es el año de la creación musical, génesis de inspiraciones. “Tiempos de cambios y rupturas…frente de transformaciones sociales, de irrupción de nuevos modelos estéticos, protagonismo de la cultura juvenil, el peso de los medios de comunicación, la emergencia cada vez más visible de movimientos como el feminismo o de contestación de la guerra de Vietnam, la lucha por los derechos civiles, la irrupción de sustancias prohibidas y la cultura hippie...” Andrew Grant Jackson no se equivocó al retratarlo en su libro 1965, The Most Revolucionary Year in Music.

Postrimerías del siglo XX. Resabios de los sesenta. Es la época de Oasis, grupo de los hermanos Gallagher. En Wonderwall refieren a un “amor” apoyados con un video simbólico. Parecería no estar relacionada con la canción de a quien no gusta llamarse Robert Zimmerman, más que por la presencia de los vinilos, pero lo está de muchas más maneras. Wonderwall no es Pasolini. Lo es. Wonderwall evoca una protesta social, un circo y una sala de espera eterna. Lo único que tiene color es la música. El periódico aparece como entretenimiento sin entretener. Lleno de anuncios clasificados y ofertas, no sirve ni para esperar. El disco de vinilo representa una época distinta, pero con las mismas necesidades. Carlos fuentes escribe Diana o la Cazadora Solitaria en 1993, evoca la transición de década de los Sesenta a Setenta, con desesperanza, sueños, deseos de cambio social y desigualdades. Paz y amor, ¿qué tienen de malo? preguntaría después Charly García. Contestaría que todo y nada. Falta un elemento porque sin él están expuestos a la persecución y el dominio. La retórica no puede ser abierta. De pasos inteligentes se hacen los caminos eternos. Las canciones eternas. Las historias eternas. La ruta debe trazarse. El amor no es el fin. Es una opción. El fin es la verdad. Un amor sin verdad no funciona. Es amor pero es mentira. Una verdad sin amor es verdad. Wonderwall no trata entonces de un amor materializado en mujer, sino de la maravilla por exponer la verdad:

Hoy va a ser el día en el que te la van a devolver. De alguna manera ya deberías haberte dado cuenta, de lo que tienes que hacer. No creo que nadie se sienta como yo me siento por ti ahora. Estaba en la calle el rumor de que el fuego de tu corazón se apagó…Porque quizás vas a ser quien me salve. Y después de todo tú eres mi wonderwall.

Dos años después de la salida de Wonderwall, en 1997 surge la canción Stand By Me, sencillo también de Oasis, en donde el análisis anterior lo pone aún más claro. Nada es lo que parece. La historia se relata no según la perspectiva sino con la extensión que abarcan los planos. Límites a la sociedad. Un Close Up no cuenta lo mismo que un Medium Shot. Los mass media reprimen lo que quieren contar. Las noticias son dadas con los planos convenientes. El experimento inició con la Tormenta del Desierto en 1991. Luces a distancia, sin sonido, sin muertos, sin sangre. Espectáculo artificial con muertos artificiales, porque no se vieron. La luz verde sustituyó la sangre roja. Jean Baudrillard lo dijo, “La guerra del golfo no ha tenido lugar”. Periodismo del siglo XXI que después mutaría en hiperrealismo, pero en su momento fue sólo un videojuego. El Extreme Long Shot deja ver lo mismo y nada que un Extreme Close Up.

En el video de Stand By Me el espectador se expone a la historia de un aparente robo, el secuestro de una menor y violencia caótica. Como vuelta de tuerca y con un movimiento visual de rewind que es y no es, premisa de la película Irreversible (Francia 2002), copiado después por The Scientist de Coldplay, las tomas se abren y vemos que en realidad un motociclista está por impactar en el espacio que comparten los personajes. No se trataba de actos violentos, sino de reacciones para evitar ser lastimados. La forma del discurso [VIDEO] sí importa para decir lo que se quiere decir. En los medios modernos es un caso recurrente. Ignacio Ramonet trata sobre las “Democracias que mienten” donde “la verdadera infamia… no es que WikiLeaks haga públicos documentos robados, como afirman los que quieren matar al mensajero para censurar el mensaje”.

(Fragmento del Ensayo "Periodismo del siglo XXI" . Segunda parte: "Fin del viaje interactivo; periodismo y monstruoridades). [VIDEO]