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Durante décadas, Hollywood, bollywood, y demás industrias cinematográficas del mundo nos vendieron finales de cuento de hadas. Nos hicieron soñar con el amor eterno [VIDEO], las joyas, los vaporosos vestidos y coreografías bajadas del mismísimo paraíso. Nos acostumbraron a que los buenos siempre acaban bien y los malos no. Y de pronto resultó cansino. De repente las audiencias (y con ello la industria) se dio cuenta de la necesidad del público por historias más realistas, incluso pesimistas, que de alguna forma le dieran sentido al limbo en el que vivían, o mejor dicho, vivimos. Nacieron historias agridulces, trágicas… muchas de ellas auténticas obras de arte y joyas de la pantalla de plata [VIDEO].

¿El pesimismo pasó de moda?

Y entonces, después de tantas de esas narraciones nos encontramos en otro limbo. Aquel en el que nuestros corazones rotos buscan reconfortarse con historias que sabemos que nunca nos ocurrirán y sin embargo nos hacen olvidar por un momento de la indiferencia de quienes queremos, de la crueldad del mundo, y la soberbia y abusos de quienes ostentan el poder.

De repente llega Guillermo del Toro con uno de sus ya conocidos “monstruos” y convierte dicha historia en un cuento de hadas. Uno en el que el papel de la doncella en apuros se invierte, por supuesto, pero en el que a final de cuentas nos muestra que cuando dos seres realmente quieren estar juntos (aunque sea por unos momentos) ni siquiera barreras como el lenguaje, el medio o el tener como villano a una verdadera bestia con aspecto de padre de los suburbios norteamericanos puede detenerlos.

Porque el lenguaje de la sinceridad, es el que realmente puede hacer estos sueños realidad. Más allá del dudoso (o incierto) felices para siempre, esta historia muestra que hay diferentes formas de querer, que podemos trascender los límites de lo convencional y que si, la felicidad, aunque sea momentánea está ahí. Si tan solo nos atrevemos a dejar los miedos a un lado y confiar en quien nos acepta, en quien nos entiende y nos ayudará a solucionar cualquier problema que tengamos. Y esta especie de fábula trasciende el amor romántico [VIDEO], nos ilustra la amistad, las relaciones familiares, incluso los simples gestos de amabilidad que tenemos con desconocidos.

Una verdadera joya visual

La fotografía transmite un equilibrio casi perfecto entre claustrofobia y calidez, a pesar del predominio el famoso color del Cadillac del villano, los toques rojos, marrones y, claro, la forma del agua otorgan un balance visual asombrosamente reconfortante al espectador.

La estética de la película e incluso la historia recuerdan un poco a “Le fabuleux destin d'Amélie Poulain” (Jean-Pierre Jeunet, 2001), con un guión mucho más claro pero semejanzas innegables, como el anciano artista que se vuelve en confidente de la callada (por diferentes circunstancias) protagonista.

¿Felices por siempre?

Y al final nos quedamos con dudas, indiscutiblemente. ¿Aquellas cicatrices en la garganta de Eliza estaban marcadas por el destino? ¿El amor realmente puede existir si dejamos de acobardarnos? ¿Puede haber una forma diferente de amar románticamente? ¿Por qué incluso hablando el mismo idioma nos cuesta comunicarnos con quienes nos estiman, nos cuesta declarar nuestras intenciones? ¿Por qué mentimos a quienes nos quieren? [VIDEO] Seguramente a todas estas interrogantes Guillermo del Toro tendrá algunas respuestas, pero, sin dudarlo, este año, nos ha regalado una moderna y, aunque parezca increíble realista historia de amor que trascenderá como una de las películas más hermosamente hechas jamás.