En la Argentina del siglo XX Jorge Luis Borges rescató, por decirlo así, a un escritor amigo de su padre, llamado Macedonio Fernández. Macedonio fue un escritor para escritores, quien prefería que lo consultaran antes que hablar para mostrar todos los conocimientos que poseía. Macedonio estudió profundamente a Cervantes y pasaba su tiempo en pensar antes que en escribir. Borges estuvo impresionado siempre por las capacidades de éste escritor matinfierrista.

La muerte no es el fin

Macedonio Fernández de manera enfática siempre negó a la muerte, aduciendo un estado posterior para el alma.

Ejemplo de ello es el prólogo de su libro Museo de la novela de la Eterna, acerca de tres parejas: Eterna y Presidente, Deunamor y su amada anónima, Dulce-Persona y Quizagenio; que en distintos planos asedian, ejemplifican o razonan sobre la noción del todoamor, el amor que vence lo que el mundo común llama muerte y que Macedonio denomina, con rebelde terquedad, sencillamente ocultación.

"No creo en la muerte de los que aman ni en la vida de los que no aman", escribiría.

La explicación simple consistiría en la siguiente: Macedonio se empeñó en sus textos sobre metafísica en negar la autoexistencia de la realidad, el tiempo, el mundo, el dolor, el yo y la muerte, llevado por una circunstancia autobiográfica: la muerte de su esposa, Elena de Obieta, en 1920, y cuando él tenía 45 años.

La vida de éste escritor transcurrió en soledad, inmerso en sus ideas de lo que el mundo puede ser, con miedo y dedicado a la contemplación de su propio universo filosófico pero con la convicción firme que la eternidad existe.

Inspiración de Borges

Si bien el Museo de la Novela de la Eterna no fue publicado sino hasta 1967, quince años después de la muerte de su autor, fue desde 1925 que Macedonio comenzó a recrearlo en su mente.

Borges publicó la Historia de la Eternidad en 1936, título y argumento que llaman la atención a propósito del tiempo que pasaron juntos, como se puede demostrar en la carta de Macedonio a Jorge Luis citada a continuación:

Querido Jorge:

"Iré esta tarde y me quedaré a comer si no hay inconveniente y estamos con ganas de trabajar. (Advertirás que las ganas de cenar ya las tengo y sólo falta asegurarme las otras). Tienes que disculparme el no haber ido anoche. Soy tan distraído que iba para allá y en el camino me acuerdo que me había quedado en casa. Estas distracciones frecuentes son una vergüenza y hasta me olvido de avergonzarme..."

Con diferencias estructurales respecto a estas dos obras, sobre todo por el trasfondo cristiano, nietzcheneado y platónico abordado en un plano general de la humanidad por Borges, no es de dudar que la Historia de la Eternidad lleve inspiraciones ocultas a la vista de los lectores pero que han transformado al mundo desde la mente de Macedonio.