La salsa borracha nunca puede faltar en tus parrilladas.

La cocina francesa es mundialmente famosa gracias al sin fin de platillos que han traspasado las fronteras territoriales y temporales.

Uno de los principales insumos para esta cocina es el vino tinto, producto del que el país galo debe también sentirse orgulloso. Como resultado de la calidad de sus vinos y las cantidades copiosas en que lo producen, es que se ha integrado perfectamente bien a su recetario gastronómico.

Cerveza y parrilla, una combinación perfecta

Pues bien, en la gastronomía mexicana, fundamentalmente la norestense, la de parrilla, que es la que fundamentalmente me interesa, se cocina mucho con cerveza, bebida fundamental para acompañar las comilonas al aire libre con música y humo de leña y carbón.

Como productores en Monterrey [VIDEO] de una buena cantidad de la Cerveza que se consume en el país, es que hemos integrado esta bebida a nuestra cultura culinaria y es la salsa borracha, un ejemplo importante para demostrar cómo es que se ha venido dando dicha integración.

Hay tantas recetas de salsa borrachas, como asadores en los patios de las casas, sin embargo, hay ingredientes fundamentales para que esta se considere así y dos de ellos son, por un lado una buena cerveza con cuerpo, yo prefiero una buena cerveza oscura y la grasa que le sobra a algunos cortes de carne muy socorridos en nuestros fines de semana en Monterrey: la flechita y el T-Bone.

De precios y formas de cocción muy diferentes, tanto la flecha como el hueso en T, siempre cuentan con una buena cantidad de grasa que antes de sazonar la carne con su respectiva sal de mar o sal gorda,como la conocen algunos, se corta y se reserva para una vez que está el carbón o la leña en llama.

Para aprovechar la lumbre y antes de que se convierta en brasas, en una sartén, se coloca la grasa retirada a la carne y se dora hasta que se convierta en chicharrón. El aceite que sueltan estos pedazos de carne, se retira en su gran mayoría para evitar que la salsa borracha quede muy grasosa.

Antes de convertir en chicharroncitos la grasa extra de nuestra carne, se debe de cortar en cubos pequeños el lábaro en verduras que todo hogar mexicano tanto utiliza: el chile, el tomate y la cebolla. También cilantro bien finito, incluyendo más de la mitad del rabo, esa varita algo gruesa que mucha gente desecha y de la que cuelgan las ramas de esta sabrosa verdura.

Ya teniendo los chicharrones, después de haber retirado el exceso de aceite que soltaron los pedazos de grasa, se le agrega la bandera y el cilantro para llevar de nueva cuenta a la lumbre para guisar todo junto.

El punto de cocción se lo otorga cada parrillero, lo que si es importantes, es que se termine de cocinar con una buena cantidad de cerveza mezclada en el guisado y un buen puño de orégano perfectamente pulverizado en la palma de la mano.

Todo junto pasa a conformar la consabida salsa borracha con la que aderezamos nuestras parrilladas en Monterrey.

Hay quienes si no cuentan con la grasa extra en sus cortes, utilizan tocino y hay quienes les gusta mezclar una cerveza clara y una oscura, al final, en todo esto de la parrilla, siempre es más divertido para el parrillero, improvisar sobre la marcha.

¡Salud y buen provecho!