En la puerta blanca del camerino del teatro Fernán Gómez se lee en letras negras ‘Stanley Clarke’. El artista decide que platicará con los dos medios que lo esperan en la noche fría; su manager [VIDEO] (un joven alto, güero y de rastas) indica que el bajista solo necesita unas papas fritas para concentrarse.

La puerta se abre, desde lejos se ve Stanley, [VIDEO] quien sentado entre los ganchos de metal vacíos carga su #bajo negro, ‘Alembic’, cual niño en brazos de su padre. En el cuello lleva un paliacate rojo para cubrir el frío, porta una chaqueta y pantalones azul marino. Los tenis son del color del instrumento.

Entrelaza sus manos morenas como acción de que presta atención frente a los botones dorados de su chamarra, mueve la cabeza con los chinos negros que lo caracterizan.

Está listo para escuchar y responder.

- ¿Qué fue lo que más le aprendió a Dexter Gordon?

“A tomar”, bromea y ríe. “No, fue y será siempre uno de los grandes abuelos del #jazz, su estilo único, él era el jazz”.

A sus recuerdos añade cuando tenía 20 años de edad y conoció a Jaco Pastorious. “Lamentablemente murió, nos divertíamos mucho; hablando de buenos bajistas también me acuerdo del chileno Christian Gálvez, o de Victor Wooten, a él lo conocí cuando era un niño y velo, ahora es una leyenda”.

Los años pasaron y actualmente tiene más de 25 discos. Es líder en ‘The Stanley Clarke Band’, formada por músicos menores que él. “Es una agrupación joven y soy afortunado porque son niños virtuosos. Beka, con 20 años se toma todo de manera profesional; Michael Mitchel tiene 22 y es una dinamita negra, así le gusta que lo llamen; Cameron Gaves, o mejor conocido como ‘Príncipe Planetario’, a sus 30 es un gran compositor”.

Clarke cuenta que le gusta usar la marca ‘Alembic’ porque le da un sonido limpio a la hora de improvisar, nada en especial, explica. “Solo que están hechos por buenos ingenieros”.

Entre sus músicos favoritos están John Coltrane y su amor supremo (aunque cuando lo escuchó por primera vez no estaba seguro de que le agradaba), Debussy y Muddy Waters. Confiesa que también le gusta el metal, no le viene a la cabeza un intérprete, le basta con que sea “ruidoso”, suelta una carcajada y calienta las cuerdas del bajo.

-Ya dijo qué le agrada, pero ¿qué le disgusta de los músicos?

Pide agua para seguir con la charla, le acercan una botella azul y contesta: “¿Qué odio? Bien, amo la música y a los músicos, pero me enoja cuando en las giras se fijen mucho que se queden en un buen hotel. Yo no me preocupo por eso”.

- ¿Cómo usa sus conocimientos de cello en el bajo?

“Evidente el cello es diferente, pero para mí son una buena práctica. Todos los instrumentos los veo como una buena experiencia”.

¿Jazz?

Sobre el género que actualmente interpreta piensa que “se debe escuchar con el corazón abierto para decidir si es de tu agrado”.

Cuenta que le disgusta también encontrarse a personas que se cierran en un solo estilo musical.

“Escuchar de todo requiere de audacia, de ser curiosos solo por el gusto de experimentar. Ya después eliges si te gusta o no; hay que ver qué propuestas ofrecen los nuevos músicos, aunque tal vez nunca vuelvo a escucharlos, pero ver más allá. Por ejemplo, cosas que oigo y que jamás tocaría”.

Preocupado por las nuevas generaciones de artistas creó una asociación llamada ‘Stanley Clarke Foundation’, la cual ofrece becas a los talentos musicales cada año. El ganador a los ‘Premios Grammy’ en cuatro ocasiones sabe que es una influencia para los futuros instrumentistas: a los bajistas les recomienda “encontrar a un buen baterista”, suelta una carcajada e indica que “es la clave de una banda”.

Es hora de que Stanley salga al escenario, no sin antes contarnos qué espera de la música en este momento de su vida. “Ahora solo quiero que purifique a las personas, que influya para bien. El mundo es muy extraño y pese a eso el arte ha evolucionado, estaría bien que compusieran para que la gente piense, no solo para que baile. ¡Podría ser popular también! Como la música de los sesenta, con un significado y era popular. Hacía que la gente pensara, no solo creaban canciones sobre drogas o sexo, esas cosas que son tan fáciles”.