En mi bello Veracruz existe una cafetería que data del siglo XIX, por lo que se considera el lugar para comensales más antiguo y tradicional; me refiero al Gran Café de la Parroquia. Es reconocido a nivel mundial por la extraordinaria calidad de su café, las tradicionales canillas y el famoso tintineo en el vaso para llamar al mesero y que agregue leche a tu vaso y así obtener un delicioso lechero. ¿Pero cómo comenzó esta tradición, qué suceso la originó? Aquí te platico la historia.

El tranviario que hizo historia con su repentina muerte

A principios del siglo XX una de las rutas del tranvía [VIDEO] pasaba por las calles principales de Veracruz, las cuales eran -y siguen siendo- Independencia y 5 de Mayo, y es en Independencia con esquina en Mario Molina donde se encontraba el original Gran Café de la Parroquia.

Era cotidiano que el tranviario de las 7:00 am pasara por el Café tocando el claxon al hacer la parada en Mario Molina y que el propio dueño del lugar le llevara un lechero, mismo que el tranviario iba bebiendo a lo largo de su recorrido; cuando volvía a pasar por ahí volvía a tocar el claxon para devolver el vaso de cristal en el que le habían servido su lechero. Esta fue una escena cotidiana por mucho tiempo y los comensales tempraneros estaban ya acostumbrados a ella, formaba parte del ambiente del Gran Café de la Parroquia.

Pero un día sucedió lo inesperado: el tranvía pasó sin detenerse y sin tocar el cláxon, suceso que a todos sorprendió. Así que el dueño del Café se puso atento para cuando el tranvía volviera a pasar por ahí, y cuando llegó lo detuvo y le llamó la atención ver a otro tranviario mucho más joven que el viejo tranviario que diario manejaba ese tranvía; sorprendido le preguntó por el viejo tranviario, a lo que el muchacho le contestó que en la madrugada de ese día había muerto.

El dueño del local se entristeció mucho con la noticia, así que le pidió a los comensales un minuto de su atención para dar la noticia: con lágrimas en los ojos les dijo -"el tranviario ha muerto".

Un silencio profundo inundó el ambiente, y sólo fue interrumpido por un comensal que espontáneamente comenzó a tocar con la cuchara sobre su vaso de cristal con café en honor al tranviario recién fallecido; todos comenzaron a imitarlo y así permanecieron por varios minutos, cuentan nuestros abuelos que fue un momento memorable en el gran Café de la Parroquia, en el que todos los ahí presentes se unieron por el dolor de la pérdida de tan entrañable tranviario que, sin darse cuenta, se había convertido para todos en un amigo.

Y es así como se continuó con la tradición tocando con la cuchara el vaso de cristal con café para que el mesero agregue leche y se convierta en un suculento y mundialmente famoso lechero.