Para satisfacer las necesidades de alimentación, las personas ingieren varias comidas en el transcurso del día, lo que les permite satisfacer la sensación de hambre. Normalmente, un individuo come de tres a cuatro platos de comida de tamaño mediano, distribuidas entre el desayuno, el almuerzo, la merienda y la cena. Sin embargo, el hambre se fundamenta en la necesidad de comer rápidamente, por el dolor estomacal que genera la falta de alimentos; mientras el apetito está más relacionado con la ingesta de una comida específica, para satisfacer lo que se conoce con el nombre de "antojo pasajero", reacción orgánica muy común en las mujeres embarazadas y ancianos.

El hambre es un signo fisiológico de extraordinaria violencia en el ser humano, creada por una necesidad profunda, ocurre cuando las reservas del organismo se agotan, la sangre no transporta suficientes ácidos grasos libres [VIDEO], ácidos laminados y glucosa. De acuerdo a las investigaciones científicas realizadas en torno a este tema, el "centro del hambre" está situado en el hipotálamo (zona cerebral en la base de la hipófisis), la cual transmite una señal que invita a comer.

Al cabo de un tiempo variable de haber ingerido el alimento, de acuerdo a las circunstancias y a los indviduos se restablece el equilibrio, las "informaciones" cambian y se produce en el organismo una sensación inversa: la saciedad. La señal de alarma del hambre desaparece y las personas continúan con sus actividades cotidianas.

El medio social y cultural también influyen en este proceso.

La aparición del apetito

Las costumbres en las sociedades juegan un rol importante en la forma cómo las personas comen, éstas se alimentan disfrazando sus alimentos con preparaciones culinarias que suscitan el apetito o la glotonería. Los rasgos gastronómicos reflejan este comportamiento; se utilizan plantas, vegetales, especies, frutas, productos pesqueros, cárnicos, y avícolas, entre otros; dependiendo de la región geográfica donde las personas habitan.

El apetito es un impulso que incita a los seres humanos a comer, totalmente independiente de las necesidades reales. Hasta tal punto, que una de las manifestaciones de la desnutricón es su desaparición. El apetito nace con la vista y el olor de los alimentos, asociados con experiencias anteriores "memorizadas" en otra zona del cerebro, en relación con la vida emocional. En este sentido, cada individuo posee "señales" que le son propias, nacidas de la educación, de las costumbres, de las reglas de la vida impuestas y de las experiencias gastronómicas, entre otros rasgos culturales [VIDEO].

Cambios en la forma de comer

Las experiencia en cuanto al estilo de ingerir los alimentos se modifican en el individuo con el transcurrir de los años, éstas varían con el transcurso del tiempo, aumentadas actualmente por el atractivo de platillos, que anteriormente eran menos vistosos. Las múltiples recetas de cocina, la calidad de los ingredientes y el desarrollo tecnológico de los instrumentos de cocina revelan esta transformación.

El apetito igualmente se vincula con el humor, los problemas del momento y ciertos comportamientos alimentarios, como la bulimia, el comer continuo o la anorexia. En los casos de descontrol se recomienda apoyo médico.