Alguien tenía que decirles, lucen como auténticos idiotas con esos tatuajes sobre la piel. Por supuesto nada tiene que ver con la discriminación laboral o los estigmas que sobre este arte se tienen, sencillamente es la consecuencia de una horda atávica de sujetos en desesperada búsqueda de individualidad, que lograron hacer de lo que en otros años fuera un acto de valentía, una patética moda.

Arte milenario

El tatuaje lleva en nuestra civilización más de 5000 años. La momia Ötzi es la pionera en este rubro, cuando esta fue encontrada en italia, esta contaba más de 61 marcas de este tipo y se cree que dichas marcas se hicieron con antigua técnica de acupuntura.

A partir de ese momento, el signficado ha mutado en distintas ocasiones, hasta nuestros tiempo donde es considerado como algo mucho muy común.

En la antigua roma o en la cultura oriental, tener un tatuaje podía significar muchas cosas, desde la pertenencia a una secta, como perteneciente a un dueño; victima del esclavismo o para marcar delincuentes. De aquí que el estigma que se tiene sobre las marcas sobre la piel con tinta. No solo se asocia con la criminalidad ancestralmente, sino que el el año 306 con la llegada del cristianismo, el emperador Constantino prohibió esta práctica por que desfiguraba la imagen y semejanza que tenemos con Dios [VIDEO].

Con el tiempo lo modelos socioculturales fueron evolucionando y con ello se liberaron muchos tabus. El tatuaje pasó de ser una marca vandálica a una muestra de estilo e individualismo, adoptado incluso por algunas culturas como signo de ello.

Tal es el caso de los Maori en Nueva Zelanda, donde las marcas son vistas como muestras de estatus social alto; cada trazo representa información específica de la persona que lo porta.

Estigma, pero no justificado

Con lo anterior, nos damos cuenta con mucha pena que no son infundadas las asociaciones de un tatuaje con la imagen de una persona deshonesta, y que como lo decía la viejita en el catecismo “No podemos marcar nuestro cuerpo por que es el templo del señor que está hecho a su imagen y semejanza”, aunque esto también sea hoy una creencia arcaica, que por desgracia sigue provocando discriminación laboral , y que quizá sea esta, la lucha contra las estereotipos absurdos, el único aporte de quienes han manoseado este arte milenario.

Falsas creencias

Si hacemos un ejercicio mental sobre personajes tatuados en la sociedad al puro estilo de la primaria, tendriamos que con frecuencia están asociadas a personajes rebeldes, por ejemplo una estrella de rock. En la década de los 60 y 70 era asombroso ver brazos y otras partes de cuerpo marcadas de esta forma.

Durante mucho tiempo se aconsejaba incluso en las facultades que no se hiciera gala de alguna de esta muestras pictóricas sobre la piel, y con esto evitar ser rechazado en los empleos. Se decía también que no podrias donar sangre a un familiar de ser necesario si tu cuerpo era profanado por un aguja. Con el tiempo también esto se revirtió.

Generación tras generación la búsqueda de identidad es natural, dando de esta manera salida a urgencias sociales de la época en turno. Rockeros, punketos, skatos, emos, y hipsters ha nacido de esta forma.

Acaban con todo lo bueno que se pone a su paso

Se cree que los hipsters son la evolución de aquello adolescentes que en algunos momentos fueron emos. Y es esta generación la que ha deformado cuanta expresión artística se ha puesto ante sus ojos; pasaron de ser incomprendidos chicos con emociones de soledad y angustia envasadas en constante represión, a ser una constante de rebeldía mal encausada, donde pareciera que el tiempo es poco y la competencia es mucha, particularmente con la sobre exposición que las redes sociales hacen posible. Su incapacidad para vivir en la época actual provocó una oleada de tendencias que parecían muertas. En este sentido, tenemos niños emperador; embarazos prematuros, producto de una sexualidad disfrazada de libertad; estudiantes sin vocación, con empleos mercantilistas, y muchos tatuajes. Cansados de un entorno que constantemente les dijo que “no” a todo. La juventud actual está dispuesta a decir “sí” a toda costa.

Pero, aquello que para los Maori era símbolo de prestigio, en los romanos de una vida llena de complicaciones, o más recientemente una muestra de estilo en los tiempo del rock, ahora no es sino una estupida muestra de snobismo. Sí, una patética moda que los hace lucir francamente como imbéciles, como si a un peluche lo marcaran con una pluma de tinta china.

¿Donde quedó el estilo?

Un tatuaje debería ser una expresión de estilo, entendiendo estilo como la extensión de esa personalidad que te hace único en el mundo. Entonces, ¿qué hay de auténtico en un tatuaje que buscas en Internet? Modelo del cual solo compartes el gusto por los trazos que alguien con más creatividad hizo: infinitos, atrapasueños, golondrinas, llaves, arboles, flores, lineas de la vida, corazones, y bueno, ni hablar de las letras en otro idioma, o lo peor, el nombre de tú pareja, etc.

El tatuaje es arte, arte de verdaderos dibujantes que usan de lienzo la piel del ser humano, y como arte, no es posible buscarlo en linea para saber cual te queda. Como arte, es el tatuaje quien te encuentra, en alguna reflexión, momento significativo, gusto o lema de vida, ejemplificado entonces si, con lo que usted quiera. Tiene más respeto el dibujo de un carcelero con clavos y tinta que decidió forjar la imagen de una virgen deforme, que una imagen bajada de Internet, o en el peor de los casos, el trabajo de un aprendiz que más bien luce como un hematoma en la piel.