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Dos tipos de vida se nos proponen. Uno, la del ser en familia y dos, las existencias paralelas de muchos sin pareja. Somos la "generación sin papá"; hemos heredado la libertad de afrontar no tener hijos y ello marca la pauta con muchos Millenials que teóricamente alargarán la espera.

No puedo hablar por el tipo de ser en familia, sino para tratar de seducirlo con México, empero empeño mi palabra para invitarlos a todos; especialmente quiénes deseen encontrarle un sentido de identidad, a la ocupación del tiempo libre...el ocio.

Este concepto puede causar confusión, mas insistimos en un margen cada vez más numeroso de gente mayor que también debe entretenerse y cabe comprenderla en el aspecto más universal. Si usted vive en la CDMX no será ajeno a Tehuacán en Puebla, aunque digamos que no es un destino principal.

En la gran ciudad de 20 millones, tenemos puesto el filtro de la civilización todo el tiempo, valga despejar la fórmula de nuestro país recorriendo las super carreteras hacia las ciudades creadas en lugares que se han cogido del paraiso para expresar lo nuestro como algo disfrutable, fácil de reconocer y opuesto al Colonialismo.

A corta distancia de la región más transparente se encuentra otra zona densamente poblada que comparten el Estado de México y Puebla. Durante decenas de generaciones las masas se han valido de las cualidadesgeográficas para florecer, es el caso de Tehuacán, ciudad segunda en importancia del último.

Un destino para la familia

Recomendamos este destino, si bien no para el ente familiar, para aquellos en general quiénes dispongan de un tiempito para bajarle al ritmo buscando el resonar de otro ser interior no basado en la telefonía celular o el internet y sin embargo inexorablemente atado al mismo progreso mediático.

A la mitad entre Oaxaca y México se ubica esta tradicional urbanización cuyos placeres incluyen una Terminal de ADO a cuadra y media del Parque Juárez. Como es el caso en la mayoría de los pueblos, el casco histórico está bien preservado y en la periferia hay centros comerciales de todo tipo.

En un domingo cualquiera se bailan los sones de los abuelos ante un típico kiosko. Alrededor se ha respetado un laberinto natural en armonía con una estética que originalmente privilegiaba la expresión de músicos en vivo, en su lugar hay varias bocinas y grabaciones de época.

Se reconoce al pueblo latino por el modo como la Catedral o Iglesia ocupa un punto en el cuadrante. A un costado se extienden edificios bajos con arcos; los palacios de gobierno y los hoteles decimonónicos. En este punto de convergencia quedan los restaurantes, la gente se pierde y se reencuentra entre los árboles.

Daño sensible en patrimonio cultural

Tras los sismos que se han dejado sentir, muchas piezas han sido desalojadas con el afán de proteger un patrimonio inabarcable. En algunos templos no se permite tomar fotografías que denuncien los sensibles daños acaecidos. Los vecinos conviven pacíficamente con el comercio de muchos artesanos informales y más de noche en el mismo corazón de la ciudad siguen las actividades culturales. El domingo pasado se proyectó La Pasión, una película de Mel Gibson, generando una audiencia popular.

Este modelo en teoría responde a la explotación acelerada del entorno desde el Siglo XIX por las vías del tren; expresa así mismo, aquello que en la metrópolis hemos ido perdiendo en cuanto a una seguridad que depende de la conciencia comunitaria; en este caso del casco antiguo.

Siendo Puebla un estado verde, en sus entrañas han cuajado cientos de comunidades igualmente mágicas, pero no tan accesibles. Hay la sensación contrapuesta entre la vida como familiar sin pretensiones y la promesa de éxito capitalista que ofrecen las ciudades grandes.

A 250 kilómetros Tehuacán ofrece visitas relámpago para conocer sus manantiales, o bien ruinas como La Mesa, que confirman la presencia de inteligencias no tan trascendidas. En la misma villa uno puede recrearse visitando el Museo de la Evolución o el Parque Aventura Extrema.

En el Complejo Cultural del Carmen, construcción superviviente de la Colonia, la Reforma y la Modernidad, se da espacio para el cine y la música. Alrededor del patio lucen ampliaciones de fotos históricas y arte contemporáneo.