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David Jones, la estrella

Las historias más entrañables están llenas de metáforas, simplemente no se puede evitar. El lenguaje lineal se ve siempre rebasado por las emociones que en vano intenta contener, y éstas encuentran cauce. La historia que nos ocupa se inicia con una metáfora, con una estrella que se apagaba en la tierra pero que ascendía al hiperespacio el 10 de enero de 2016. David Robert Jones, más conocido como David Bowie, consumaba la anomalía espacial que su vida entera constituyó, y se convertía en un auténtico mito de la era moderna.

Celebración

El proyecto ‘Celebrating David Bowielleva ya más de un año girando, congregando en torno a la figura del ‘camaleón’ a músicos que lo acompañaron en vida; en estudios y en escenarios, como Mike Garson, quien fuera el mítico pianista del proyecto Ziggy Stardust and The Spiders from Mars allá en los lejanos años 70.

El mismo Garson funge como director musical de una serie de conciertos que brinda acompañado de una banda integrada por Earl Slick y Gerry Leonard en guitarras, con la estética Bowie incluso en la vestimenta, Carmine Rojas al bajo y Lee John Madeloni en batería. Todos ellos actuaron junto a Bowie en distintos momentos de su carrera.

Un grato descubrimiento fue el talento de la guatemalteca Gaby Moreno, quien también aparte de coros y guitarra acústica, ejecuta canciones de altos estándares vocales. Una digna sucedánea de Gail Ann Dorsey.

Puntualidad inesperada

Siendo las 20:56 del 1 de marzo de 2018, el Plaza Condesa, recinto ubicado en la Ciudad de México, se mantenía expectante. Justo entonces, Mike Garson saludó, se sentó al piano y comentó ante el micrófono, que, aunque acababan de tocar el día anterior en San Francisco, tratarían de hacerlo lo mejor posible en esta ocasión.

Cuánta modestia, y lo digo con sinceridad.

Con acordes suaves de piano, Garson dio entrada a uno de los indiscutibles reyes de esa noche: Bernard Fowler, quien, con la potencia de su voz creó rápidamente atmósfera interpretando Bring me the disco king, para después pasar a inyectar energía con riffs inconfundibles y fraseos salvajes de tres piezas emblemáticas: Rebel rebel, Moonage daydream y Fame.

Continuaba la descarga

Desde la última pieza interpretada por Fowler, se había integrado como corista de apoyo Juan Manuel Torreblanca, el músico vanguardista mexicano. Fue él mismo quien interpretó pulcramente Changes, cerrando con una floritura mexicana: “¡un aplauso para la banda más chingona!”. Cuceb Piloto, de la banda Miró, le hizo los honores a Space oddity. Y completando el trío de rockeros mexicanos, Alfonso André, baterista de la mítica banda Caifanes, entregó una bella versión de Starman.

Por fin explotó en el Plaza la voz de Gaby Moreno al interpretar Under pressure a duo con Bernard Fowler, como lo hicieran en su momento Bowie y Freddy Mercury.

Fowler siguió enrachado con Stay, Moreno con Five years y Rock n’ roll suicide, mientras que Fowler cerró la sección con Station to station.

Había manos en alto, gritos, mucho baile y mucha cerveza. Las luces del escenario, predominantemente purpúreas, y los acordes tan depurados que prodigaba Gerry Leonard, hacían parecer que en cualquier momento emergería una figura espigada de impecable traje blanco y cabello de algún color por adivinar, entonando un potente canto de amor hacia las estrellas. Físicamente no sucedió, pero es innegable que el espíritu de David Bowie estaba ahí disfrutando tanto como los presentes.

Sentidos tributos

Cuceb Piloto, a quien un brazo en cabestrillo no restó ni movilidad ni talento, hizo gala de ambos entregando una enérgica y digna versión del soul Young Americans. Volvieron Moreno y Fowler. Bernard primero interpretó el imperecedero hit Let’s dance, mientras que Gaby ejecutó Aladdin Sane, dando paso a un inspirado Mike Garson, quien prolongó la pieza en un frenético y magistral solo de piano. La dupla antes mencionada se enlazó en la interpretación sublime de Wild is the wind, que Bowie inmortalizara como cover en 1976.

Volvió Alfonso André para plasmar otro emblema sonoro: Ziggy Stardust. Fowler cerró el ritual del primer set previo al descanso con Station to station, sin perder un ápice de vitalidad, que no es poca cosa si recordamos que antaño debía seguirle el ritmo a Mick Jagger en los escenarios.

Apegados a la tradición

El escenario vacío y oscuro, las emociones a tope y clásico grito que clamaba por “otra”, fueron suficientes para que Gerry Leonard entregara una versión de la satírica Andy Warhol con arreglos suyos, incluyendo sampleos programados en tiempo real con los que se erigió por un momento en hombre orquesta, levantando enorme ovación.

Garson volvió a sentarse al piano, mientras que Gaby Moreno tomó el escenario nuevamente. Interpretaron Life on Mars, la intensa balada que Bowie convirtiera en uno de sus puntos álgidos en vivo.

Y con solemnidad, pero con el rock como bandera ondeante e imperecedera, Bernard Fowler interpretó Diamond dogs, para luego cerrar con la siempre épica y atemporal Heroes.

La reverencia de los músicos y sus agradecimientos sinceros a la entrega del público, fueron el cierre de esta celebración. El plantel disminuido con respecto a otras locaciones no desmereció en lo absoluto. La pasión que se logró fue suficiente para evocar el espíritu de uno de los creadores más grandes de la historia reciente.

La actualidad de lo bello

Hans-Georg Gadamer, filósofo alemán, decía que la fiesta es un alto en nuestras vidas, cuando se detiene el tiempo para apreciar la belleza y lo que es diferente. David Bowie supo congelar el tiempo por décadas en una burbuja de lo estético; de imagen, luz, sonido; sin distinción de género, espacio ni tiempo. Sin lágrimas, asistimos a las honras funerarias ideales para cualquier alma sensible, nos asomamos por un momento a ese mundo de amor, personajes fantásticos, alter egos definitivos uno detrás de otro, y la posibilidad de ser héroes, aunque sea por un día.

La obra de David Bowie se seguirá celebrando aquí y donde sea, porque, como también lo dijo Gadamer, la experiencia desborda a la palabra.