Durante el Bahidorá [VIDEO], entre los jóvenes se encontraron influencers con poca ropa: aprovecharon para fotografiarse “pal Instagram”. Otros disfrutaron de los food trucks con hamburguesas, papas, café, crepas o tacos (nada económicos, por comida una persona promedio gasta 200 pesos, sin contar que cada chela Corona, no hay de otra porque es patrocinador, cuesta arriba de 100).

Para evitar largas filas en los puestos, la medida de cobro que utilizan cada año es a través de una pulsera que se recarga. En caso de que no gasten todo el crédito hay oportunidad de recuperar el dinero cuando finaliza el evento.

Hay quienes prefirieron este año no darle tal uso a la pulsera.

En las afueras de Las Estacas [VIDEO], la mayoría de los que deseaban ahorrar comieron huaraches, sopes o consumieron micheladas (Victoria) a mitad de precio. No sabemos si está permitido o de plano a la seguridad no le importó: algunos optaron por pasar sus provisiones a la fiesta.

Un segundo festín se llevó a cabo en una de las pocas tienditas afuera del festival. Bajo los efectos de unos tragos, los jóvenes bailaron y cantaron rolas de Panteón Rococó y hasta reggaetón que provino del estéreo del local. La señora que atendía se unió al perreo intenso y les dio chance de conectar sus celulares para poner Spotify o YouTube, mientras siguieran consumiendo caguamas con un precio de 40 pesos cada una.

La madrugada les llegó a muchos “en la tiendita”. Sin importar cuánto pagaron por el boleto se dieron cuenta que les convenía más comprar afuera y ya entrar “flamas a los conciertos, por menos dinero”.