Tercera llamada. Las luces se apagaron y en el centro del escenario del teatro Metropólitan apareció la cantante Ely Guerra, quien abrió el último show de El Origen, con una presentación a piano y voz (en una entrevista para Music Life declaró que no le agrada el sonido del saxofón, uno de los motivos para no meter más instrumentación). Y es que, ella es una de esas cantantes (pocas) que no necesitan producción o bailarines de relleno: con su voz es más que suficiente.

Horas antes del concierto, reporteros, fotógrafos y los encargados del staff publicaron en redes sociales que tenían una cita con Ely Guerra.

No te pierdas las últimas noticias Sigue el canal Cine

"De manteles largos", frase que Fernando Aceves puso en redes sociales para hacer referencia a que documentaría la presentación [VIDEO].

Tal parece que aunque los fans dicen adorarla, se les hizo tarde para el concierto.

Los protagonistas de las primeras dos canciones (Para ti y Peligro) fueron los impuntuales quienes además de no llegar al inicio, hicieron una fiesta mientras caminaban.

Un conjunto blanco y tacones de charol negro fueron los cómplices de Guerra en el primer set de rolas. Al piano, el argentino Nicolás Santella destacó y no fue un músico más que acompañó a la mexicana. Se notó su presencia en cada melodía con sus acordes precisos y delicados.

"Estoy enamorada, pero no chingaderas", dijo Guerra. El concierto se llevó a cabo a modo de una historia de amor: desde el cortejo, hasta el día de superación de una terrible ruptura.

Al menos el 90 por ciento de las canciones escritas en México tratan sobre amor, de eso se dio cuenta mientras fue a la boda de su mejor amiga y decidió inspirarse en la playa para ponerse a escribir.

Canciones como Prometo Ser, Ángel del fuego y Tengo frío fueron coreadas por el público. Antes de cada melodía, Guerra la presentaba como si se tratara de una historia de vida.

Luego de una hora de música y aplausos, Nicolás interpretó un solo en el piano, apreciado por la mitad del público, la otra parte indicaba que fueron a platicar y no a escuchar. "Bravo, Nico", gritaban las fans del argentino.

Las luces se apagaron nuevamente y grito de éxtasis se hizo presente. Entre el público apareció Ely, ahora con un pantalón y una blusa que dejaba mirar toda su espalda. Ambos del color de la noche. A paso lento mientras la fotografiaban los asistentes al ritmo de El Triste.

"Un homenaje a Roberto Cantoral", explicó la cantante mientras todos gritaban: "Te amamos, Ely". Al fondo del escenario en letras en inglés se leía: "cuando amo soy muy intensa", leyenda brillante de color rosa.

Una guitarra también rosa, la cual la ha acompañado en los últimos años empezó a sonar en las manos de la cantante.

Fue el turno de El Triste, La llorona y la que todos corearon, sin excepción alguna: Júrame.

Antes de finalizar fue clara en su mensaje: el no dejar que los políticos se salgan con la suya, por lo que pidió que todos concientizaran sobre los momentos en los que se encuentra México, su adorado país.

En la última canción, unos aprovecharon para entrar al baño antes de que "se atascara", o eso rumoraban en los pasillos. Ya afuera del teatro, pal recuerdo: llaveros, playeras y tazas desde 50 pesos.

Ely Guerra deleitó a esos que sí saben escuchar. Cantó para más de una generación: chicos, grandes, más grandes. Es una de las cantantes que vale la pena disfrutar en vivo aunque sea una vez. Una de las cantantes que sigue llenando recintos y una cantante que puede disfrutar de la fidelidad de sus fans, así como ellos disfrutan y usan la música de Guerra para que los acompañe en todos los procesos del amor a los que les ha escrito y a lo que narró en el Metropólitan.

Fotografía de Fernando Aceves