Jueves 22 de febrero. Nos encontramos en conocido teatro metropolitano [VIDEO] ubicado en la calle Independencia del Centro Histórico, Ciudad de #México. Suena la tercera llamada y Alfredo Zitarrosa hace una mediúmnica aparición para comenzar a ambientar con un candombe uruguayo: Doña Soledad.

No nos dábamos cuenta, pero nos encontrábamos juntos, ahí, listos para escuchar a Jorge Drexler, en el interior de una guitarra metafísica, bailando en la cueva. Una pantalla circular —a modo de ventana— con seis líneas trazadas, de distinto grosor: las cuerdas y la boca de la guitarra.

Jorge empezó algo frío, quizá estaba un poco nervioso y le ganaba la emoción.

—¡Este concierto no tenía que haber sucedido! —repetía cada tanto, puesto que la primera fecha que se abrió tan rápidamente consiguió el "sold-out", fue necesario abrir una nueva fecha, que terminó siendo el primer concierto, el del día 22 de febrero.

Algo ronco y, por momentos, ligeramente desafinado, con la voz más tímida que de costumbre, incluso siendo otorrinolaringólogo, y probablemente conocedor de alguno que otro remedio, no conseguía encontrar el remedio contra sí mismo, contra ese sentirse apabullado por el entusiasmo que le expresaba la audiencia.

Con una banda cuya bandera es la lengua castellana (integrantes de orígenes tan diversos, como #Uruguay, Argentina, España (Cataluña y País Vasco) e invitados de Veracruz y Sinaloa, e incluso de Chile, comenzó poco a poco a sorprender con lo variopinto de los temas elegidos y el fuerte contraste, claroscuro, entre canción y canción: entre las más recientes y las más clásicas, las más bailables y las más melancólicas.

Un sonido muy pulcro por parte de sus ingenieros, y una ambientación de luces increíblemente pertinente, consiguieron tener al público siempre cautivo dentro del gran cuerpo de aquella guitarra imaginaria.

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La Música de Drexler se dejó sentir con todo el sabor de los ritmos latinoamericanos que la caracterizan: milonga, candombe, bossa-nova, etc., pero también con una particular fuerza en las guitarras. Su sonido es fresco siempre, se nota que ha abrevado del neo-britpop de grupos como Coldplay y Keane, cosa que también se nota en el "groove" de su base rítmica, sin dejar de lado todos estos colores de nuestra imaginaria nación de habla hispana, pero con guitarras eléctricas y baterías muy presentes.

Desde el principio, cuando uno entraba al recinto, se apreciaba a la distancia una suerte de bajo acústico a escala, postrado, esperando que el bajista lo ejecutara. Y el momento justo fue conmovedor, pues Drexler invitó a Joel Cruz, joven músico veracruzano, integrante del grupo de son jarocho Los Cojolites, a tocar con una jarana que hizo a mano para el propio Drexler, y el bajo aquel resultaba ser una "leona" (bajo tradicional del son jarocho) hecho a mano también por el propio Joel.

Jorge Drexler comentó que Joel participó muy activamente en "Salvavidas de Hielo", puesto que su más reciente álbum fue grabado aquí en #México, —acá empezó todo y acá regresa hoy —repetía.

Apenas recuperándonos de tanta magia con sabor nacional, evocó a David Aguilar, joven cancionista sinaloense, que posee el mismo don lírico que Drexler, al trabajar poéticamente sus letras (autor de bellísimas canciones como "Eco", "A la ventana de Carolina" o "Libélula", entre otras, y de quien incluso se realizó un álbum con versiones instrumentales en formato de trío de jazz [VIDEO]), contando que junto a él compuso varios de los temas y con él revisó este último álbum en general. Y sí, por supuesto que después lo invitó al escenario donde, juntos, interpretaron el tema "Horas", narrando que hacía unas horas, justamente, lo habían improvisado en conocida taquería de la Colonia Condesa. Su prístino silbido melodioso y su timbre de voz contrastante, le permitieron a Aguilar hacer una perfecta mancuerna con Drexler, con quien sostiene claramente una profunda amistad.

Otra de las esperadas participaciones al alimón se dio con una ya famosísima cantante chilena que ha hecho su carrera en nuestro país.

Mon Laferte, subió al escenario para interpretar la canción "Asilo."

La mancuerna lo hizo de manera memorable, entonando un sentido tema con profundo sabor mexicano. Quizá eso consiguió que después no se extrañase tanto la presencia ni de Natalia Lafourcade (a quien recordó y de quien dijo que lamentablemente no se encontraba disponible para esta fecha) ni la de Julieta Venegas.

Pero, sin duda, el momento más emocionalmente profundo de este recital fue cuando Drexler dedicó "Me haces bien", canción dulce y llena de amor, a la asociación "Deportados Unidos en la Lucha", conformada por "dreamers" deportados, con quienes habría sostenido un diálogo público días antes en el Museo Memoria y Tolerancia, trayendo a tema el cosmopolita origen de inmigrantes que tiene el propio Jorge Drexler (él mismo vive en España): —soy el inmigrante más privilegiado del mundo —dijo.

Dentro de los múltiples homenajes que realizó en la noche, Drexler evocó musicalmente a Tom Petty, haciendo un mash-up con su canción "Free Fallin'", y también al "Hallelujah" de Leonard Cohen, ambos recientemente fallecidos, el año pasado y antepasado, respectivamente.

En este mismo tono de sentidos homenajes, dedicó un par de canciones a Joaquín Sabina, quien hace poco tuvo problemas de salud que inclusive lo llevaron a tener un percance durante una presentación en nuestro país. A él le dedico "Pongamos que hablo de Martínez" (cuyo nombre completo es Joaquín Ramón Martínez Sabina) y recordó que fue él quien lo invitó a dejar el #Uruguay para irse a España y cambiar su vida para siempre, así como a componer la "Milonga del Moro Judío" con la métrica de la décima (tan presente en el son jarocho), creando un puente así con el verso medido hispánico de Sabina, el propio son jarocho, las canciones con metro y rima de David Aguilar y la lírica misma del propio bardo cantor del Uruguay. Saludó a los músicos de Joaquín Sabina, que se hallaban presentes en el recinto.

A lo largo de este paseo, entre pequeñas probadas de sus trabajos previos, Drexler consiguió repasar casi íntegramente —salvo una sola canción— su más reciente y más mexicano álbum, "Salvavidas de Hielo."

Algo muy exitoso de la noche fue la manipulación de las luces y la ecualización sonora. Sin el equipo de especialistas y técnicos de Drexler, momentos como el que se vivieron en "12 segundos de oscuridad" hubieran sido imposibles, donde un reflector emuló el movimiento del faro de Cabo Polonio, una muy especial playa del Uruguay que inspiró esta canción.

Al final, todos los invitados subieron al escenario para interpretar una versión acústica de "Quimera". De manera tácita, Drexler recordó que siempre es mejor "amar la trama más que el desenlace."

Entre los asistentes al concierto se pudo ver al compositor e intérprete nicaragüense Hernaldo Zúñiga.

También figuró entre la asistencia la actriz mexicana de origen europeo, Karina Gidi. #Músic