“La danza o la música, el arte en general, son actividades muy celosas. Si dejas de estudiar dos días tus dedos y tu cerebro pierden avance a nivel neuronal. La técnica musical es el control de las extremidades distantes y ese se da a través de un proceso que se llama mielinización. Por eso digo que los músicos no pueden tener vacaciones”, dice el director más activo del país, Christian Gohmer.

La obertura y recitativos de su vida

Por doce años estudió violín, posteriormente realizó una licenciatura en canto y después se adentró en la dirección coral y de orquesta.

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Su formación se gestó hasta que se convirtió en director.

Como parte de su preparación, fue asistente musical de Enrique Diemecke, uno de los personajes más respetados si de batuta se trata.

Agradece “que le haya enseñado a respetar la música y cuando puede toma clase con él o con Enrique Patrón de Rueda”.

Aria del día a día

-Hablemos de su rutina de estudio…

“Procuro tocar dos o tres horas de piano, si es que me da tiempo, pero además tengo que estudiar las partituras que voy a dirigir. Cada obra ofrece aspectos diferentes para estudiar o enfrentar. Como director puedes analizar desde la forma musical, la armonía y aprendiéndote las líneas de cada instrumento”.

“Otra forma de estudiar la partitura es hacer una reducción frente al piano de lo que sonará con toda la orquesta. De hecho hay una materia que los directores estudiamos que se llama así: reducción al piano; entonces depende cada obra y qué cantidad de trabajo tenga esa semana, si el concierto lo conozco o son obras nuevas.

Todo el tiempo tengo la música en la cabeza y voy fotografiando de alguna manera las partituras, poco a poco repaso quién entra dónde o la armonía y melodías”.

Gohmer piensa que es de suma importancia analizar la retórica de la obra pero sobre todo, el discurso del compositor. Hay que estudiar todo el tiempo: tener la partitura en la cabeza cuando se realizan otras actividades, como leer algún libro.

-Menciona un tema muy importante, los compositores. Incluso hay anécdotas de Stravinsky, que cuando le tocó dirigir una de sus obras se dio cuenta de que debía realizar cambios a la partitura. ¿Cómo logra usted un equilibrio al trabajar con estos creadores y respetar lo que está escrito?

“Podemos hablar de compositores vivos y ya no vivos. Cuando uno se enfrenta a la partitura de un compositor que ya no vive, la partitura ya fue compuesta e incluso ha pasado por varios procesos de revisión por parte del mismo creador. Una parte del proceso del compositor viene después de estrenar, la época de revisión, porque la música está viva.

Lo que hacemos es usar siempre la última que se hizo. A los músicos nos deberían de dar una materia que se llama hermenéutica”.

“Primero creo que el músico debe hacer una interpretación textual de lo que está escrito y después poner de su intelecto o de su alma. ¡Es inevitable! Por ejemplo, un andante, porque simplemente el ritmo de respiración de cada persona cambia. La música se respira, si no respiras la música entonces no puedes hacer música”.

Sobre los compositores vivos explica que siempre les pide a los creadores que piensen qué pasará con las partituras cuando ellos ya no estén, por lo que tienen que ser muy claros. Gohmer prefiere no tenerlos presencialmente en los ensayos, sobre todo en las primeras lecturas. Les dice que “cuando entregan su partitura es como si el papel ya fuera parte del panteón de los músicos”. Por otro lado, con algunos magníficos compositores vivos, hay un diálogo al revisar juntos la forma, la instrumentación o la agógica. Comienza un proceso muy rico de retroalimentación.