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Uno de los principios básicos de cualquier sociedad es la dialéctica del amo y el esclavo. A este punto se ha conquistado un status quo que abraza esta relación entre congéneres, mas siempre queda el arte para seres quienes han estado dominados sólo por su genio imaginario.

Leonora Carrington fue la flor de la época dorada en México. Convivió y participó a lo largo de su carrera con todas las personalidades del momento. Su trabajo como tal nos absorbe de la vida cotidiana para corresponder en el asombro de lo insólito.

Una sóla pieza bastaría para comprender su trascendencia y eso que no reflejaba la identidad tan buscada por sus coetáneos en los muros.

Leonora no se inscribió en ninguna tendencia específica, sino como en el caso de muchos, derivó en un estilo, propio e inimitable; a la medida de su alcance técnico.

Sin embargo, paseando entre mil maravillas que bien valdrían cien mil palabras para poder penetrarlas en tanto a su mensaje, pensamos en quién dirige toda esta sinfonía [VIDEO] y en que medida causa vanguardia el que se presente como arte oficial.

Déjese atrapar por estos universos hacia donde nos lleva cada cuadro, usted decidirá si son muy bellos, aunque supongan la depuración consciente de terribles horriblitudes.

Los caprichos de la famosa se sujetan al formato medio y se desparraman hacia la gráfica. Queda de pronto la esencia conceptual en algunos proyectos, aunque de cierto, lo propio de la Carrington eran sus monos.

¿En qué medida representa esta muestra el colofón de una autoridad que ha sido pertinente durante el sexenio de EPN? ¿De qué manera, la nostalgia misma de la obra, su carácter psiquiátrico, obsesivo, describe un momento que se va para dejar lugar a la mediocridad?

Ciertamente la pintura no volvió a tener el furor de la primera mitad del Siglo XX.

Con todo y los avances del foto-realismo, es más fácil emocionarse con el trabajo de una de las tres mujeres más queridas de nuestra identidad [VIDEO] pictórica.

Dicha remembranza ocupa inusitadamente toda la planta baja. En honor a la anglo/mexicana, se entrama su biografía con publicaciones, proyecciones y documentos que enmarcan su contexto incluyendo fotos más familiares tomadas por sus amigos artistas.

"Los Cuentos mágicos"

Debutaron el 21 de abril y tendrán su cierre el 21 de septiembre, lástima para quienes no vieron "Mexican In-documentado", de Guillermo Gómez Peña en la planta alta.

El artista chicano lastima nuestra conciencia con estéticas de finales del Siglo XX en donde la expresión del arte se acentúa con lo erótico al límite con el performance. Los escándalos, las vivencias de una protesta identitaria mexicana, pero extranjera y la diversidad de los formatos, compusieron la exhibición.

Resalta la capacidad de quienes montan la muestra para hacer valer desde cartas y dibujos personales, hasta revistas, periódicos y libros que sitúan una presencia efímera, reivindicada con la exhibición cruda de una moral utópica que se ha venido relajando.

Después de tanto mareo es placentero regresar a los nombres amigables del acervo MAM. Dudamos si variará su cotizaciòn cuando son revisadas las famosas, de tal forma que se reestimara su valor en divisas, mismas que al parecer hacen falta para redimensionar el jardín escultórico.

Una jaula de madera dorada nos llama la mirada. El artista quiere que nos quitemos de tapujos y nos metamos. Advierte la posibilidad de desnudarse y traer enseres con el fin de pasar 20 minutos adentro. Los niños se hacen la foto e ignoran el experimento.

Arriba, Gómez-Peña, héroe transzteca

Nos invita a recostarnos en un ataúd recalcando la importancia de no escaparse y confrontar una realidad que nos debe muchas satisfacciones.

Contrasta la idiosincrasia Carrington que se olvida de lo prehispánico para representar lo mexicano como una imitación de occidente, con la gran decepción, aberración y formación del Homo fronterizus.

Todos los ciclos llevan a su fin. En la política poco se habla del poder que tiene el arte cuando se pone en un museo; incluso en la misma calle, para atraer el interés de un sobrecogedor público representativo de la parte de la población que si la hizo y puede hacerle al turista de la contemplación.