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Simón es un chico como cualquier otro, sólo que es Gay: bajo este supuesto inicia la película de Greg Berlanti. Dirigida a todo el público, la cinta [VIDEO] nos narra cómo Simón aprende a aceptarse como un chico homosexual y en el proceso, encuentra el amor. La gran interpretación de Nick Robinson en el papel protagónico nos convence de que "todo mundo merece una gran historia de amor" y a los más sensibles nos hace derramar algunas lágrimas, pues el personaje de Simón es un generador de empatía innato; sin importar tu edad, tu género, tu raza o tus preferencias sexuales, Simón busca algo que nos llega a todos: la aceptación propia y ajena social ¿se puede llevar una vida feliz sin esto? la respuesta resulta predecible pero necesaria: para amar y ser amigo, primero hay que amarnos a nosotros mismos tal y como somos.

Ideal para adolescentes, la película invita a una reflexión que va más allá de la aparente superficialidad de la trama

Y que aplica a cualquier momento de transición que podamos vivir a lo largo de los años. A través de situaciones que exponen la importancia de confiar en nosotros mismos y ser sinceros con los demás Yo soy Simón propone que no todos los dramas terminan mal y aparece como un mensaje esperanzador en un mundo donde cada día parece que empeoramos, en lugar de progresar.

Por otro lado, el tratamiento que se le da al amor [VIDEO], a la amistad, la familia y las redes sociales, es digno de mostrarse como ejemplo, pues no expone ideales imposibles, si no crudos retratos de posibilidades reales, pero adecuadas, es decir, que las decisiones tomadas por los coprotagonistas se acercan más a lo centrado que a lo descabellado y cada pieza hace su función a pesar de los errores que se puedan cometer, como sucede en la realidad.

El soundtrack y la fotografía son precisos para evocar el viaje de emociones que nos dejan con una sonrisa al final.

Love, Simon es una película para ver en familia, para entender el mundo actual y empoderarnos como personas, ante todo, como seres capaces de dar y recibir amor. Imposible nos recordar ciertos pasajes de Las ventajas de ser invisible (Stephen Chbosky, 2012) como la famosa frase "aceptamos el amor que creemos merecer", sólo que Simón tan consciente del amor que merece como deberíamos serlo todos. En la era donde los grupos antes considerados "marginados sociales" toman las riendas, la cinta pone a convivir a "privilegiados" con "minorías" con la intención de eliminar de una vez por todas esta distinción que no hace más que reforzar estereotipos.