La novena y penúltima cinta, según la amenaza de Quentin Tarantino, llega a los cines para llevarnos por un viaje en el tiempo lleno de nostalgia y con pequeños grandes homenajes a la época dorada del Cine hollywoodense. La película nos presenta sus protagonistas como los ya protagonistas de una serie. La cámara entra a la televisión, que a su vez nos muestra un set de filmación y pocas veces nos permitirá entrar en un detrás de cámaras; algo de ficción tiene la realidad (todo).

Rick Dayton (Leonardo Dicaprio), una estrella de los westerns en decadencia, es acompañado en sus aventuras (y desventuras) por Cliff Booth (Brad Pitt) su extravagante doble. El dúo dinámico no sólo logra un parecido físico increíble en pantalla, también se muestra como una especie de continuidad el uno del otro, su doppelganger complementario, más que su doble. Mientras Rick se hunde en el alcoholismo y la decepción, Cliff lo mantiene a flote, orgulloso de su pasado y abierto a nuevas experiencias.

El medio en el que se mueven y otros factores tan ficticios como extraños, los harán coincidir con personajes como Sharon Tate, Roman Polanski, Bruce Lee, Charles Manson, Jay Sebring, entre otros.

Once upon a time...

La narración se vale de la metaficción para darnos un panorama lleno de nostalgia sobre la época dorada del cine: desde cómo se hacía, las grabaciones, el trabajo actoral, cómo era la vida en Hollywood: "Tener una casa aquí es vivir aquí, alquilarla sería como aceptar que se está de manera temporal", dice Rick Dayton en un punto de la película.

El cuidado de las tomas, los colores y la música nos dan toda la atmósfera de una fábula, tal como lo indica el título, sólo que con el clásico humor negro de Tarantino.

Los arquetipos clásicos de los cuentos de hadas se hacen presentes de una u otra forma, unos más caricaturizados que otros, siguen un camino del héroe tardío que llega al final con el inicio. Sin spoilers, las escenas se conjuntan de tal manera que hay cierre un cíclico y la realidad se mezcla con la ficción dejando una conclusión abierta, tensa y unos bonitos créditos al estilo de los mejores westerns.

Las emociones se encuentran a cada cuadro. Hay momentos de tensión que recuerdan al cine de terror, y en cambio, otros tan genuinamente cómicos y de parodia, capaces de provocar reacciones variadas en el público durante las casi tres horas de película. Sin duda es como un viaje en carretera a manos de un conductor experto.

Un filme íntimo

Tarantino ha descrito a Había una vez... en Hollywood como una película de memorias y nostalgia.

El fan service va de regalo y los homenajes a grandes ídolos son patentes. No pasa desapercibido que el afamado director creció en ese ambiente, con esas leyendas vivientes como referentes y las enaltece y trae al presente, muy a su estilo. Se permite jugar con hechos, con horas, con calles bien conocidas y recordadas y que forman parte de las muchas leyendas (reales) que han sucedido en la cuna del cine: Hollywood.

Había una vez... en Hollywood es fiel a su esencia; una verdadera película con todos los entramados, que le gustaría disfrutar a un espectador. La infinidad de referencias y hechos a relacionar los dejo para los observadores, pues no hay un hilo negro, hay una madeja para entretenerse y estudiarla por horas. O, quizá sólo se trata de una cinta profundamente disfrutable por donde se le mire, con actuaciones de primer nivel, una historia emotiva, fotografía cuidada y soundtrack impecable.

Definitivamente la volveremos a ver en la temporada de premios.

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