De mi boca a la pluma, de mi pecho al papel, escrito por Daniel Ramírez es un libro corto, pero contundente. Cuarenta poemas y 69 páginas bastan para romperse el corazón o curárselo a lágrimas. El primer libro de Daniel Ramírez, recién publicado por la editorial Página Seis, es la muestra del trabajo artesanal que implica la poesía: creación a mano de principio a fin.

De fantasmas

Pocos libros de poesía vale la pena leer en orden, este es uno de ellos.

Pues relata el proceso de un duelo y la salida de éste. Un sujeto poético de voz potente y apasionada, ha terminado una relación con aquella persona a la que ha nombrado poesía al más puro estilo de Bécquer y ahora debe sobrevivir, no sólo con las sombras de un amor que lo persiguen, sino en el mismísimo limbo: es un fantasma que no encuentra paz ni entre los vivos, ni entre los muertos, pues las ataduras de quien ama sin ser amado lo retienen.

Así, incapaz de liberarse por una suerte de gusto propio, se tortura con imágenes del pasado, las trae al presente y las vuelve reales con la plena consciencia de que nunca más volverán a serlo. Cuando se decida por un camino, encontrará los hechos tan pasados como inverosímiles.

La frase poética y el instante

La poesía, lo mismo que la vida, se compone de pequeños destellos que nos mueven todo y hacen que el mundo entero tenga sentido; palabras más, palabras menos, así me atrevería a describir la frase poética.

La poesía de Daniel Ramírez, si bien no destaca por su originalidad, ni se amolda al estándar que ha regido los últimos años, contiene frases poéticas que redimen cualquier cliché y salvan la palabra de la cursilería. Instantes tan exactos como este ejemplo: "que la historia, así como la materia, sólo se transforma". Entre otros que mueven y remueven todos los sentimientos.

Más que poesía, cada texto es una carta de despedida, de amor, reflexiva, a un destinatario que ya antes llamamos la "poesía" del sujeto poético, que es también la amada.

La muerte, el amor, la soledad, el dolor, son algunos de los temas sobre los cuales se construyen pequeños instantes de imágenes que presentan pieles, colores y texturas.

Una voz que se personifica

Conforme pasan las páginas, distinguimos que este fantasma que juega al poeta, va saliendo poco a poco del limbo. El recuerdo de la amada pasada de ser una necesidad para existir: "mi cuerpo pide de ti, y no estás y no estoy." A tan sólo eso, un recuerdo que el olvido cubrirá de polvo.

El camino transcurrido surge su efecto y el fantasma se va personificando, abandona su propio desconocimiento y por fin se entiende. El destinatario de estas epístolas-poemas se va desdibujando y las reflexiones caen sobre sí: "En mi vida que comienza, a ti te encierro".

"De mi boca a la pluma,de mi pecho al papel, te doy las gracias por hacerme recordar y sentir..."

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