Un vertiginoso crecimiento se registra en muchos países de la cantidad de mascotas que son criadas desde pequeñas por las familias o adoptadas, pero también es necesario preparar a los miembros del grupo familiar, especialmente a los niños, sobre la inevitable muerte de los perros y de los gatos, acontecimiento que representa un duelo muy similar a la pérdida de un ser querido.

Estudios médicos veterinarios revelan que la vida promedio de los perros es de 13 años, mientras los gatos pueden llegar a los 16.

Esto no tiene que ser exacto, porque dependerá de la raza y de la calidad de los cuidados que hayan tenido durante su vida.

Usualmente, la mayoría de las personas que viven solas, las familias con niños pequeños, los discapacitados o los ancianos son más propensos a tener animales en sus casas, como un componente regular de la vida que se realiza a diario. En los casos de perros y gatos pasan a ocupar la condición de consentido o mascota más cercana al grupo familiar, debido a la cercanía que mantienen permanentemente con sus dueños.

El estado de ánimo frente a la muerte del perro o del gato

La relación entre la mascota y su dueño es normalmente más profunda y sincera que la que las personas generalmente están dispuestas a aceptar o manifestar y por ello el fallecimiento del animal, que han considerado su compañero por un tiempo y ha sido el objeto de su cuidado y cariño, representa un golpe emocional fuerte y causa especial aflicción en la familia.

Muchas personas viven este proceso como un verdadero duelo y luto, por lo tanto deben superar la situación del dolor, especialmente los chicos. Al respecto, los psicólogos advierten que la experiencia del sufrimiento tiene cuatro etapas: el rechazo, la depresión, el sufrimiento mismo, el enfado y finalmente, la aceptación o la búsqueda de una salida o alternativa.

La última etapa es particularmente importante, porque solo cuando la pérdida es superada es cuando la familia comienza a olvidar el dolor que supone la ausencia de la mascota en casa.

Llega entonces la etapa de resignación y del reencuentro con la alegría.

Las etapas primarias de rechazo y depresión se producen a menudo a nivel subconsciente. Los dueños de las mascotas sienten una profunda tristeza cuando el médico veterinario les informa que el animalito consentido se encuentra gravemente enfermo, con ninguna esperanza de sobrevivir, o ya ha muerto.

Los niños son especialmente sensibles ante la muerte de la mascota

El tiempo que toma la superación emocional ante la muerte de la mascota, varía en cada persona. En este caso, hay algunos factores determinantes, como: la edad del dueño, el tiempo que la mascota vivió con él, el grado de relación que existió entre ellos y la estabilidad emocional del propietario del animal de compañía.

La pena en determinados casos es intensa y, algunas veces hasta exagerada, pero es siempre necesario respetarla y ofrecer apoyo familiar especialmente a los niños, para que el estado de sufrimiento no se prolongue o se intensifique. Tres a cuatro meses es el promedio de duración normal de este estado de tensión emocional. Los médicos veterinarios explican que una mascota no debería ser reemplazada, hasta que el dueño haya superado el dolor de la pérdida de la anterior.

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