En poco menos de media hora, Green Day, el trío de rebeldes que incendió en su adolescencia a millones de jóvenes por todo el mundo con sus letras de protesta, volvió el pasado 7 de febrero con una entrega que, desde su fecha de lanzamiento, ha pasado desapercibida para el grueso de los escuchas; no así para sus fans y para algunos inquietos en el mundo de la Música que han hecho comentarios bastante positivos al respecto.

Aunque hablar de esta banda ya no parece rentable en absoluto para los amantes de estos géneros musicales (o de la música en general), es posible que la veta resulte un poco injusta para su décimo tercer álbum, pues al brindarle una oportunidad nos será posible descubrir un mundo sonoro, no precisamente rico, pero sí lo suficientemente capaz de regresarnos a la juventud olvidada por la alienación del día a día.

Con las 10 ‘fotografías musicales’ del disco, el grupo nos salpica con sus ideas de juventud en sus variadas formas, ya que mientras la guitarra, la batería y el bajo nos impactan con su energía y sonido ‘punk-rock’ que los caracteriza, en las letras de Billie Joe encontramos una crítica tajante tanto a las generaciones pasadas, como a las actuales.

Retomar el tiempo

Parece que el tiempo no pasa en vano y mientras en algunas ocasiones los Green se reconocen en una época diferente y en la que no encajan, a través de canciones como Oh yeah!, Father of all motherfuckers y I was a teenage teenager, en otras (Sugar youth, Junkies on a high) se ven en el espejo de la actualidad donde buscan desesperadamente aferrarse para mantenerse en pie.

No hay cabos sueltos en el álbum y el grupo se da ‘el lujo’ de retomarse a sí mismos como cuando eran jóvenes y solamente vivían así sin explicaciones, excusas o intereses más profundos que lo que pareciera lucir este periodo para ellos: diversión. Es de aquí de donde emanan las canciones Fire, ready, aim y Stab you in the heart.

Finalmente, el disco contiene música en la que toda generación se identifica y es en esta donde también los escuchas regresamos a aquellos tiempos en que amábamos con simpleza o nos enfrentábamos a nuestros miedos (relatados en las canciones Meet me on the roof y Take the money and crawl).

El álbum (y al parecer el discurso también) concluye con Graffitia, una canción que desde la pregunta: “Are we the last forgotten?” (¿Somos los últimos olvidados?) retoma el tiempo como una ciudad, un espacio, insuficiente para los soñadores o para la juventud que se entrega en sólo un ‘chorrito’ de treinta minutos al día y del que nos regresa con este final.

Energía y frescura

Sin caer en sobreinterpretaciones, es posible advertir una sensación de frescura y movimiento en cada ‘escenario’ del álbum, manifestada especialmente desde la guitarra de Billie Joe y que opta no por los estruendosos sonidos del punk puro, sino por estilos que asemejan al happy punk o hasta pop punk.

Por su parte, la batería de Tré Cool se mantiene enérgica todo el tiempo y mantiene un ritmo intenso característico del género que interpretan, pero más entrecortado como haciendo ‘un llamado’ a la carrera que se aproxima en cada una de las canciones. Y finalmente, pero no menos importante, a su mano derecha se mantiene el bajo de Mike Dirnt, listo para potenciar los sonidos que emanan de sus compañeros.

Aunque corto, el disco se manifiesta prometedor en su género durante este año que continua su marcha y es una oferta sustancial para aquellos que buscamos un pequeño charco de agua que nos recuerde lo que era chapotear en nuestra juventud. La invitación es clara: “ven, remójate un poco de tiempo” con el ‘chorrito’ de esta Fuente Eterna: el punk.

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