De norte a sur, la República mexicana alberga pueblos fantasma que, a través de sus resquebrajadas paredes, narran historias de prosperidad que permiten conocer la vida cotidiana de sus pobladores en una época lejana. Merodear entre los escombros de estos lugares abandonados, sumerge al visitante en un viaje en el tiempo que es cernido por un halo de leyendas, misticismo, nostalgia e incertidumbre.

Los pueblos fantasma de México tienen un común denominador: en algún momento fueron sitios llenos de vida y abundancia, pero ahora se encuentran deshabitados debido a hechos verídicos y enigmáticos. Ese titubeo en la historia ha provocado que los pueblos fantasmas sean ataviados con las más increíbles leyendas.

A continuación, conoceremos cuáles son los pueblos fantasma [VIDEO] más misteriosos de México y las leyendas que justifican su orfandad.

Pueblo fantasma: Guarisamey, Durango

Guarisamey es una localidad ubicada al noroeste de México, en el municipio de San Dimas, Durango. Los orígenes de este pueblo fantasma se remontan al siglo XVII; sin embargo, fue hasta un siglo después que comenzó su esplendor, cuando el conde Zambrano (procedente de Europa) emprendió una soberbia explotación en el sector minero de la región. Gracias a su destreza en este rubro, dio paso a una época de bonanza en la localidad.

Se dice que Zambrano logró amasar una gran fortuna, a tal grado que, gracias a sus donativos se construyó el Palacio de Gobierno y la Catedral en la capital del Estado de Durango.

Sin embargo, con el tiempo esta prosperidad tuvo un punzante retroceso, esto se debió a que la sobre-explotación de las minas terminó desabasteciendo al poblado de minerales.

El conde Zambrano jamás pudo recobrar su fortuna en los negocios y los trabajadores, en compañía de sus familias, abandonaron Guarisamey. Actualmente, hay un manojo de personas que todavía habita la zona, estos habitantes suelen contar a los visitantes que la verdadera razón del declive del pueblo se debió a que Zambrano retó a Dios y le dijo que no necesitaba de su gracia para ser rico.

En ese instante, un fuerte aguacero inundó las minas y las calles del lugar. Tras la catástrofe celestial, el pequeño poblado quedó olvidado por Dios.

Pueblo fantasma: Real de Catorce, San Luis Potosí

El Estado de San Luis Potosí, en el centro-norte de México, alberga uno de los pueblos fantasma más famosos del país: Real de Catorce. La principal característica de este poblado son sus calles empedradas que, durante el día, son avivadas por el apabullante calor de la zona.

El resto del escenario es obra de la naturaleza, las cactáceas crecen de forma caprichosa en medio de un ambiente semi-desértico donde predominan las rocas.

Esta peculiar atmósfera traslada a los visitantes al siglo XVIII, época en la que la prosperidad arropó a Real de Catorce; en ese periodo la minería era el motor principal de su economía. Durante el virreinato, la actividad minera se estableció en este pueblo y, por más de 200 años, proveyó a los habitantes de trabajo.

Lamentablemente, su destino tiene similitudes a las de Guarisamey. Después de dos siglos de bonanza económica, la plata comenzó a escasear; aunado a ello, una inundación dejó estériles los yacimientos minerales. El panorama desolador obligó a la gente a trasladarse a poblados vecinos.

Los relatos populares sugieren que la partida de los habitantes se vio reforzada por la presencia de ‘El Jergas’, un fantasma que semejaba a un capataz.

El personaje de ultratumba se aparecía, al final de la jornada laboral, al último minero que estuviera en el lugar, por lo que, era común que los trabajadores salieran en grupo. Se dice que ‘El Jergas’ interceptaba a un minero solitario, lo conducía al interior de alguna mina y comenzaban a deambular por los túneles hasta que el trabajador se encontraba desorientado. Al día siguiente, era posible dar con el paradero del minero desaparecido, porque el fantasma procuraba dejar un rastro con las pertenencias del jornalero.

Pueblo fantasma: San Juan Parangaricutiro, Michoacán

Al oeste de México se localiza Michoacán, en este boscoso estado surge de las cenizas San Juan Parangaricutiro.

Antes de que este pueblo fantasma fuera abandonado era un lugar propicio para el cultivo y la ganadería. Esta comunidad vivía tranquilamente, hasta que, en febrero de 1943, el nacimiento de un volcán, Paricutín, provocó un desastre natural.

La historia-leyenda sugiere que un campesino estaba labrando sus tierras, cuando repentinamente la tierra comenzó a crujir desde sus entrañas y vio como una fisura humeante se abría paso en el suelo. Rápidamente, dio aviso a los pobladores, las campanas de la iglesia retumbaban para alertar a toda la comunidad y acelerar la partida. Gracias al aviso oportuno, las pérdidas humanas fueron escasas, los sobrevivientes de la catástrofe lograron establecerse en la ex-hacienda Los Conejos, donde fundaron Nuevo San Juan Parangaricutiro.

En los días venideros, de la tierra surgió un montículo de poco más de 400 metros de altura, el pequeño volcán comenzó a expulsar lava ardiente y sepultó casi todas las construcciones del pueblo. Asombrosamente, gran parte de la iglesia quedó en pie, hecho asociado a la gracia divina de ‘El Señor de los Milagros’, santo patrono de los lugareños.

Pueblo fantasma: Misnebalam, Yucatán

Al sureste de la República mexicana, en el Estado de Yucatán, se localiza Misnebalam. En este pueblo fantasma prevalecen los restos de una gran hacienda (perteneciente a Fidencio Gertrudis Márquez) rodeada por casas abandonadas; este escenario es demarcado por una aglomeración de árboles que crecen agrestemente en los caminos. La época dorada de Misnebalam se circunscribe al siglo XX, periodo en el que sus poco más de 170 habitantes se dedicaban a la producción del henequén, actividad que era la base de su economía.

Sin embargo, a comienzos del siglo XXI la historia de Misnebalam cambió drásticamente, pues su actividad económica principal dejó de ser próspera y la veintena de habitantes que restaba decidió abandonar el lugar para buscar mejor fortuna. La repentina partida de pobladores gestó una de las más conocidas leyendas que sostiene que la gente se fue debido a hechos paranormales y apariciones fantasmales que sucedían en el lugar.

Según cuenta la leyenda, Don Fidencio Gertrudis fue asesinado debido a un ajuste de cuentas; tras el violento hecho, la gente del pueblo comenzó a ver el alma del hacendado penar por cada rincón de Misnebalam. Víctimas del terror, los lugareños decidieron irse lejos.

La atmósfera mística de estos sitios en ruinas ha provocado que, muchos de ellos, se conviertan en pueblos mágicos de México, por lo cual, son parte importante de la cultura nacional.

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