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El Estado Islámico (EI) ha logrado atraer toda la atención del mundo. Se ha posicionado en las redes sociales con una excelente estrategia de comunicación, envidiable de muchos gobiernos o políticos, y han mostrado su alcance y poder para llevar a cabo actos de terror en los países enemigos que han emprendido la complicada empresa de aniquilarlos.

Francia y Bélgica no fueron objetivos escogidos al azar. El primero representa la cuna de la democracia, de los valores de igualdad, legalidad y fraternidad.

La Ciudad Luz que ha acogido artistas, pintores, poetas y grandes pensadores a lo largo de los siglos. Una ciudad llena de tradiciones, cultura y un pasado que sin él, sería complicado entender mucho de lo que ocurre en estos días.

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Bélgica es la capital de la Unión Europea y sede del Parlamento Europeo y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Bruselas cuenta con una población importante de musulmanes que han ido radicalizándose debido a los continuos ataques al EI en Irak y Siria. La posición del gobierno belga en los conflictos internacionales se ha mantenido neutral y la ciudad es vista como el lugar ideal para debatir y discutir los diferentes posicionamientos de diversos grupos políticos.

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Los ataques no son perpetuados por sirios o iraquíes, son ciudadanos europeos, franceses, belgas, ingleses. Ciudadanos comunes y corrientes que comparten los ideales del EI y son capaces de atentar contra su propia sociedad y en el proceso, acabar con su propia vida y la de cientos de inocentes.

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Este hecho es lo que más preocupa a la coalición que lucha contra el EI. Se tienen perfectamente bien identificados a los líderes del califato, sus operadores políticos, sus principales bastiones y cuáles son sus técnicas y estrategias de ataque. Pero la tarea se vuelve más complicada cuando miembros del mismo grupo son ciudadanos del país que se va a atacar. Estos individuos mantienen un perfil bajo y es en el momento preciso cuando actúan.

Lamentablemente mucha de la culpa la tienen los mismos gobiernos y la sociedad que han visto al Islam como la peor amenaza en la tierra y que ésta debe ser exterminada a cualquier costo. Las posturas radicales han causado que estos grupos terroristas tomen fuerza y logren su verdadero propósito, infundir miedo y pánico en el momento menos esperado. La sociedad se ha radicalizado, se ha vuelto intolerante y poco respetuosa de los demás y ha contribuido a que más y más individuos se sumen a las filas del terrorismo y del miedo.

¿Qué nos queda? Nos queda aprender a ser más tolerantes y respetuosos. Aprender a convivir con diferentes ideas, valores y creencias. A entender a los demás y no atacar por pensar que son una amenaza a un estilo de vida o forma de pensar. La tolerancia es un valor que debe de trabajarse día con día.