Los psiquiatras definen al sociópata bajo el Trastorno de la Personalidad Antisocial (TPA). No demuestran las emociones básicas de los seres humanos, amor, respeto, ni empatía. Tampoco dolor, ni remordimiento cuando lastiman a alguien. Son expertos en manipular a los otros sin que estos se den cuenta, desprecian los sentimientos de los demás. Además, son predadores de los más vulnerables y se aprovechan de su debilidad para conseguir lo que se proponen.

A diferencia de los psicópatas, éstos pueden perder el control, mientras que los sociópatas son criminales discretos, se apartan del mundo en el que están y tienden a presentar una personalidad narcisista.

Las personas con este trastorno a menudo son difícilmente identificadas por los psicólogos y psiquiatras, ya que pueden confundirse con el Trastorno Narcisista, el Trastorno Límite de la Personalidad (TLP). Cabe destacar que los Sociópatas son personas que nacen, y de niños pueden mostrar los síntomas y características, pero no es hasta la adolescencia o después que se puede diagnosticar.

Los Sociópatas pueden ser violentos e indiferentes ante lo que está bien o mal. Son agresivos, y sobrepasan los derechos e integridad de los demás. Mienten constantemente para lograr lo que desean, no les gusta respetar la autoridad, de hecho, huyen cuando se encuentran con una persona que muestra liderazgo o ejerce control sobre él y la mayoría mantiene cuestiones legales. Son irresponsables por naturaleza, y de autoestima elevada.

Una infancia difícil o desconexión con el pasado, son algunas de las causas de este trastorno.

Puntos claves en el niño sociópata

Maltrato, violencia, descuido familiar o antecedentes de familiares que sufrieron de este trastorno o alguna enfermedad mental. Y según Martha Stout, en su libro “El Sociópata de al lado” 1 de cada 25 personas padece el Trastorno de la Personalidad Antisocial (TPA).

Son excelentes mintiendo, acerca de lo que hacen, sus logros o su pasado. Incluso sobre sus acciones, pues jamás aceptarán que son culpables, a menos que esto les sea conveniente. Al ser excelentes actores, viven interpretando emociones tales como el amor, la confianza, calidez, pero solo para lograr un objetivo. Mientras culpan a otros buscan quedar como la víctima de la situación, y si “aceptan” su responsabilidad solo lo harán por recobrar la confianza.

Los sociópatas saben como mostrarse encantadores e interesados con las otras personas, haciéndolos sentir especiales e importantes, cuando en realidad, la empatía o amistad, no forman parte de su cotidianidad.

Su encanto es tanto que irradian sexualidad, lo que los hace irresistibles ante los demás, aunque en ocasiones sus acciones, impulsos o actitudes llegan a causar miedo o confusión.

Leer a las personas es una habilidad importante de estos sujetos, pues gracias a su inteligencia y discreción logran identificar a los “débiles”, se acercan a ellos y forman rápidamente una conexión, y usando sus dotes de conquista que poco a poco van haciendo que el sociópata conozca más de ellos, y se aprovechen de sus puntos vulnerables.

Ante situaciones de peligro o episodios dolorosos, no muestran sentimiento de tristeza o ansiedad, mientras que una persona sin este trastorno siente miedo al recibir descargas eléctricas, el individuo que sí lo padece, no emite ni demuestra ninguna reacción de preocupación o temor. Puede mantener una mirada fría, ser extremadamente controladores, y aunque sus conocimientos sobre algún tema sean pocos, siempre se creerá experto en todo.

Dentro de todos estos síntomas, causas y datos sobre el Trastorno de la Personalidad Antisocial, hay uno que retumba en las opiniones de los investigadores y expertos. Un sociópata no presenta emociones, lo que nos lleva a la conclusión de que esto no influye en sus decisiones profesionales, ayudándolos a posicionarse como los números uno en los negocios, o los mejores líderes políticos, pues se adaptan a las exigencias sociales de la actualidad.

Los sociópatas viven como cualquier otro, actúan, se casan y pueden pasar desapercibidos.

Ellos visualizan un objetivo, ya sea, empresarial, familiar, o social, lo anhelan y buscan lograrlo por todas las formas posibles. Son inteligentes y calculadores, lo que los mantiene en ventaja por sobre los que no padecen este trastorno, y la razón es simple, actúan como los demás quieren que actúen y lo mejor, es que no les afecta.