Recuerdo que en el 2015, un año antes de su muerte, Umberto Eco declaraba que las redes sociales le daban el derecho de hablar a legiones de idiotas y advertía de una manera - un tanto controversial - de los peligros de opinar sin tener información certera. No sólo Eco sintió desconfianza frente a plataformas como Facebook y Twitter, pues es cierto, que en muchas ocasiones sirven para difundir información falsa o que en muchos casos las personas expresan opiniones de odio o intolerancia. Son los riesgos comprobados de la libertad de la información.

Facebook y Twitter como fuente de noticias

Sin embargo, las redes sociales se han vuelto una manera en que los noticieros pueden compartir sus notas y llegar a los lectores de una manera prácticamente inmediata.

Incluso permite que medios independientes, con poco presupuesto, pero con un hambre genuina por informar lleguen a una cantidad importante de personas. Muchas noticias se dan a conocer antes, casi en tiempo real, por la Internet que por plataformas tradicionales como el periódico, la televisión y la radio. De hecho, hay noticias de ámbito internacional, de las que no nos enteraríamos si no fuera por Facebook.

Las redes sociales y la retroalimentación

Una ventaja de las redes sociales es que podemos compartir y opinar al momento, cuando nos enteramos de algún acontecimiento. En ocaciones parece que comentamos las publicaciones de los otros, por puro ocio o morbo, pero en situaciones de emergencia se ha demostrado que la aparente inmediatez de la web, permite que la gente actúe y difunda los hechos por su propia cuenta.

Lo cual es, sin lugar a dudas, valioso.

La ayuda cibernética

Luego del temblor de ayer, 19 de septiembre de 2017, quedó demostrado que las redes sociales pueden contribuir positivamente a la humanidad, puesto que los usuarios de Facebook, Twitter y otras más, no sólo se encargaron de crear y compartir la información por medio de texto, imágenes y videos, sino que se organizaron para ir a colaborar en las labores de rescate, para proveer de víveres a los voluntarios y a los afectados, para juntar herramientas y equipo médico, e incluso para pedir que no hubiera un exceso de mano de obra, que pudiera entorpecer las labores.

Para los que no estamos en la Ciudad de México y en los lugares afectados de Morelos y Puebla, que y sentimos impotencia por no poder ir a cargar escombros, las redes nos han servido para entender que podemos ayudar desde lejos de otras maneras, como crear y donar a los centros de acopio. No obstante, en esta era digital, el Internet nos permite hacer transferencias electrónicas y depósitos vía herramientas como PayPal.

Organizaciones como la Cruz Roja y los Topos han hecho difundir sus números de cuenta y claves interbancarias, para que podamos apoyar con dinero, desde la seguridad del hogar. No siempre tenemos el tiempo y la disposición geográfica para apoyar físicamente, pero el Internet y sus plataformas nos permiten conectarnos y demostrar empatía de formas que antes no eran posibles. Ya para finalizar sólo me restar pensar en ¿qué habría sido de las labores del rescate del Terremoto de 1985 si México hubiera tenido internet?.