Hemos hablado ya del terremoto del pasado 19 de septiembre en nuestro país. De las muestras de afecto y solidaridad: la perrita “Frida” [VIDEO], los miles de voluntarios, los víveres, los brigadistas extranjeros, etc. Sin embargo, como todo, tiene cosas positivas y negativas.

Lo malo que dejó la tragedia

De esas negativas también hay un listado importante: los víveres que fueron robados, la burocratización y proselitismo de la ayuda, los falsos damnificados e incluso bromistas inconscientes que alertaban a la población con falsas alarmas sísmicas. Pero, hay un problema que, en México, y suponemos en el mundo, lleva mucho tiempo siendo una constante que es más delicada de lo que parece.

Y esa es: la desinformación.

La otra ayuda

Fueron pocos los que ponderaron el flujo de la información confiable y responsable en la pasada emergencia. Y esa, como el voluntariado fue de vital importancia. Se evito con ello que ayuda fuera incorrectamente administrada o que esta llegara a lugares donde no se tenía conocimiento de los alcances del siniestro. El trabajo de periodistas, escritores en general o ciudadanos responsables fueron de gran ayuda para establecer un vínculo necesario; un ojo espectador que enlazaba y “gestionaba” voluntades, haciendo de las redes sociales una herramienta trascendental, corroborando fuentes, fechas y horas.

La falta de criterio

Tristemente seguimos encontrándonos en redes, notas sensacionalistas que “alertan” a las personas sobre “el temblor que viene”, “el mega terremoto que se acerca” y un sin fin de noticias que no podemos calificar más que de estupideces de idiotas sin conciencia ni criterio.

Quien sabe de estos temas o es atento a la información veraz, o simplemente tiene un gramo de materia gris en la cabeza, sabrá que predecir un terremoto es imposible. Existen claro, como en todo el planeta, los protocolos adecuados para estar preparados en caso de una desgracia similar, pero eso es abismalmente distinto a predecir un movimiento de las placas tectónicas.

Este no es un problema nuevo, y es algo que existe antes durante y después de la tragedia. Y que justamente, rescatando cosas de los escombros es un momento para generar consciencia sobre la información confiable y responsable: revisando fuentes, checando la hora, fecha y el lugar. Y es que uno podría pensar que, que chingados importa esto, pero se han reportado casos de ataques de pánico y de ansiedad, detonados por este tipo de pseudo publicaciones. Como último, se vieron brigadas de marinos y voluntarios llegando a lugares equivocados o vivires que se desperdiciaron, echándose a perder o terminando en las manos equivocadas. [VIDEO]

Legión de idiotas

Si analizamos, como mencionamos arriba, de estas prácticas ya hay antecedentes.

Notas políticas que generan violencia, o simplemente, y en menor gravedad, cuando matan a algún famoso. Consideramos que los filtros de búsqueda y publicación deberían ser más específicos, y que debe de algún modo existir un “órgano” que vigile este tipo de notas “periodísticas”. Esta tarea, aunque difícil, no debe ser complicada de lograr. Sin atender a la censura, pero, que debe promover la responsabilidad y el poder de la palabra escrita. Después de todo, ya lo dijo el maestro Umberto Eco: “las redes sociales han generado una invasión de imbéciles, ya que dan derecho a hablar a legiones de idiotas”.