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Los vaivenes de la sociedad actual, donde multitud de posiciones acerca de la sexualidad humana y sobre la forma en la que ha de conducirse y manifestarse hacen que los modelos tradicionales que la sociedad había adoptado por siglos comiencen a tambalearse generando nuevas modalidades en los esquemas de convivencia, no solo en México, sino en el mundo, los cuales van desde el Matrimonio tradicional, la unión libre, la relación abierta, el poliamor, el matrimonio entre personas del mismo sexo, etc.

Dichas posturas han motivado, sin lugar a dudas, a amplias discusiones sobre diversos aspectos de estas relaciones, los cuales van desde su validez, su viabilidad, su moralidad, entre otros, pero lo que queremos establecer es lo que subyace en la esencia misma de la convivencia familiar, llámese como ésta se llame y que obedece a la naturaleza misma del ser humano, como ser pensante y atendiendo su dimensión animal incluso donde queda claro que la reproducción, la conservación de la especie, la relación interpersonal, la formación de un núcleo íntimo (familia) y la dimensión afectiva se interrelacionan innegablemente.

Por eso analizaremos algunos aspectos, los cuales presentamos a continuación:

Situación actual de la sexualidad en el matrimonio

Actualmente no es fácil hacer una ética sexual equilibrada, ya que hay dos posturas encontradas: por un lado, están quienes defienden la libertad absoluta en el uso de la sexualidad, es decir, cualquier forma de lo sexual es legítima si se ejerce libre y espontáneamente, lo cual da cabida a todo sean relaciones extramatrimoniales o prematrimoniales, incluso a la homosexualidad o a la heterosexualidad.

La otra postura es la de quienes condena cualquier relación sexual que no esté dentro del matrimonio y que no esté abierta a la procreación de los hijos, sino que además condenan como grave intrínsecamente cualquier desviación de la sexualidad e incluso a nivel de pensamiento y tratan de bloquear jurídicamente cualquier apertura en el campo de la sexualidad.

Desajustes entre la biología y la cultura

  1. Retraso en el matrimonio

Se ha ido creando un grave desajuste entre las instancias biológicas de la sexualidad y los controles que la cultura ha ido formando en torno a ella. Biológicamente el hombre está maduro sexualmente al producirse la adolescencia, en torno a los trece años. Pero culturalmente el joven no puede ejercer la sexualidad hasta que se casa, lo que en la moderna sociedad urbana no ocurre hasta los veintidós y los treinta años, lo cual indica que tanto el hombre como la mujer desean biológicamente ejercer la sexualidad y no pueden hacerlo por motivos culturales.

Algo similar ocurre con los que han quedado viudos y no se vuelven a casar, o peor aún, con los que querrían casarse, sobre todo los mujeres, y no lo consiguen. A todas ellas hay que añadir la de aquellos que, aún estando jurídicamente casados, han perdido el gusto por la sexualidad y han dejado de atraerse o no pueden tener relaciones por motivos de salud o de distancia geográfica, con lo que la biología queda frustrada y encerrada por la cultura.

2. Tensión poligamia-monogamia

Otro problema de biología sexual es la tensión subyacente entre la programación sexual poligámica, como la mayoría de los animales y una monogamia rígida impuesta por la cultura, muy legítimas todas ellas, pero que no dejan estar en tensión con la base biológica del amor humano, esto podría ser una explicación para el alto índice de infidelidades

3. Desaparición en el hombre del control animal de la sexualidad por influencia de la cultura

Sigmund Freud habló del malestar de la cultura, en cuanto que la cultura limita y controla la espontaneidad biológicamente programada de la sexualidad. Este control cultural ha perturbado de tal manera la sexualidad biológica del hombre que por él y a causa de él ha desaparecido de la sexualidad humana el control natural que existe de la sexualidad, a base de períodos largos de descanso sexual y de períodos cortos de celo y excitación. El hombre y la mujer están disponibles sexualmente las veinticuatro horas del día, los trescientos sesenta y cinco días del año. Todo ello ha provocado un agrave inestabilidad afectiva en los seres humanos, la cual antes no era tan patente a causa del pudor, y que ahora se está dando rienda suelta de un amanera llamada incluso obscena.

a. Influjo de la personalización del amor: El amor humano no es como en los animales, «de algo a algo», sino de «alguien a alguien» y el alguien, la persona, a diferencia de algo, es único, irrepetible e insustituible. El amor humano interpersonal exige intrínsecamente el «para siempre», si no se da se siente fracasado, aunque no se quiera reconocerlo. Un amor roto es un amor a medio camino, a la persona no se le puede sin más, sustituir por otra persona, como se le reemplaza un objeto usado por uno nuevo.

b. Influjo de la sociedad: Es claro que la sociedad funciona mejor si las familias son estables y constituyen un último y seguro refugio, sobre todo en los momentos duros, en los que no hay a quien recurrir. En las graves dificultades que pueden afectar al mundo, como son las guerras, las crisis económicas, entre otras, la sociedad puede salir avante si cuenta con familias fuertes y solidarias en la base. Por muchos esfuerzos que haga el Estado por el bienestar, jamás podrá sustituir a las familias en su función específica en estas situaciones.

c. Influjo de la cosmovisión ética judeocristiana: Desde los profetas bíblicos, Dios aparece como el esposo fiel, que por más tonterías que haga su esposa, jamás la repudiará. Y como el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios, debe amar de la misma manera que Él, es decir «para siempre y pase lo que pase». Las rupturas son siempre un drama metafísico, que afecta el ser, hacer y tener del hombre, muchas veces son inevitables, pero siempre serán algo que no debería haber ocurrido, en el caso concreto del matrimonio, quizá porque debería haberse escogido mejor a la pareja, porque se hubiera cultivado mejor la relación, etc. El asunto es presentar la relación marital como un vínculo que no puede ser disuelto, pero no lo puede ser porque es una decisión que debió ser tomada con toda la conciencia y toda la certeza.

Humanización de la sexualidad

Una sexualidad biológica que no es más que biología, tal como están programados los animales, es una mala sexualidad que no podrá funcionar siquiera como tal, en el hombre, la sexualidad biológica que nace en él automáticamente, sin pedirle permiso, debe ser humanizada, expresando y dando consistencia al amor interpersonal de la pareja.

Sexualidad y placer

  1. Choque entre hedonismo y neo puritanismo

Otro de los fuertes choques que existen en la ética sexual son los que se dan entre el hedonismo exagerado y el neo puritanismo, anti sexual. Por una parte la ola actual de hedonismo pregona en los medios de comunicación social las maravillas de la sexualidad sin restricción alguna, lo que importa es el placer sexual, por el placer y cuanto más, mejor.

Frente a esta postura, el neo puritanismo ha puesto muros y más muros con el fin de contener esta avalancha, pero casi siempre exagerando posturas e incluso satanizando sin más cualquier expresión que hable de sexo.

2. Amor sin placer

«No placer, sino deber» es una de las posturas de los neo puritanos, afirman que el placer es una trampa y que hay que ponerse decididamente a él, primero en nombre del capitalismo, pues el placer es un impedimento para la productividad, en segundo lugar porque la sexualidad es mala y fea, como desde antiguo afirman los dualistas, por lo que atenta contra el amor espiritual y platónico. En síntesis, algunos quieren la sexualidad sin límites y cuanto más, mejor y otros no quieren ni oír hablar de ella y la admiten como una obligada condescendencia para poder tener hijos.

3. Amor con placer

Tratando de buscar un equilibrio algunos pensadores sostienen que entre la sexualidad por puro placer y la sexualidad sin placer puede haber un punto intermedio: la sexualidad con placer. Es decir, el interesado no busca el placer, pero tampoco lo rechaza. La relación sexual con su pareja es para expresarle su amor y para tener hijos según la paternidad responsable, si con ello viene el placer, bienvenido sea y no hay porqué despreciarlo.

4. Amor por placer

Cuanto más sea interpersonal exprese la sexualidad más humana será y más satisfactoria resultará a nivel biológico, lo cierto es que la humanidad no puede desentenderse de la sexualidad porque es una dimensión esencial a su ser y necesaria para su supervivencia, pero el hecho de que no se ejerza no es tampoco la razón de que alguien sufra trastornos, los cuales si pueden venir si alguien crea una necesidad compulsiva de la sexualidad.

Sabemos finalmente que agotar esta temática es sumamente complejo por las aristas que tiene este asunto, las cuales han generado no solo polémica en el aspecto ético o moral, sino en el ámbito jurídico, económico y hasta político, pues entre los interminables debates en torno a la legalidad, ilegalidad, moralidad o inmoralidad de ciertos modelos de convivencia se genera una aguda polarización que muchas veces favorece la confrontación e incluso la discriminación y la división, lo cierto es que sea cual fuere la postura personal sobre esto, lo que debe privar es la conciencia en torno a la naturaleza de la unión entre personas que está en la esencia de la naturaleza humana, que lleva al compartir, a la convivencia y algo más allá del mero comercio carnal, sin lugar a dudas es allí donde está el meollo de este asunto, de entenderlo correctamente mejoraríamos en mucho nuestra convivencia familiar y social.