Cuando cambias de empleo, eres despedido o simplemente removido a un espacio mejor y tienes la oportunidad de limpiar la gaveta, aquello es revelador, encuentras cosas que ya no recordabas que estaban allí. Algunas de mucha utilidad y otras que no lo son. Algunas que deberás seguir conservando y otras que debes tirar de una vez por todas; cosas que deben ocupar tu atención y otra que dejaron de ser prioritarias.

De ese modo pasa con las tragedias sociales en México. Pudimos darnos cuenta de grandes aciertos que como sociedad tenemos, pero también hay cosas en las que hace falta demasiado trabajo: protocolos de acción ante la emergencia.

Cosas tan esenciales en el momento que éste sucede o cosas tan necesarias cuando esto ya pasó, como un seguro de desastres naturales.

La falta de sensibilidad de las tiendas y bancos es alarmante. Es un renglón en el que pocos han puesto atención. Nos llama la atención la falta de empatía de las empresas; las agencias de cobranza, que literal, y sin importarles la situación del pueblo mexicano, llegaron entre los escombros a entregar sus boletines de “requerimiento de pago”, porque obviamente lo mexicanos que perdieron sus empleos, casas o negocios, se atrasaron en los créditos (cualquiera que fuese) que tenían con alguna de estas empresas.

Nos parece inaudito que las empresas, ante esta prerrogativa se limiten a decir: “lo sentimos, pero debe pagar, ya que su seguro sólo es un seguro de vida”, es decir, que, si tuviste la fortuna de sobrevivir, de la salir de los escombros de lo que fuera tu casa, tienes en ese caso, la suerte de estar vivo para seguir pagando. [VIDEO]

Con esto no hablamos de dádivas por lo sucedido, como expresamos son áreas poco atendidas, que podría parecer absurdo, pero urgen protocolos donde las empresas tengan a obligación mínima de sensibilizarse con las víctimas, ya que la motivación de esta columna fue enterarnos de casos donde literalmente, los cobradores de cambaceo, tocaban a la puerta de viviendas, notablemente afectadas para exigir pagos o promesas de pago, y claro, los deudores muy irritados les contestaban: “Ustedes no tienen madre, se me está cayendo la casa y lo que les importa es cobrar su cuenta”.

Desastres naturales

Sumado a esto es prioritario una postergación de la deuda, por lo menos hasta que la situación del afectado sea mejor.

Una suerte de peritaje de desastres naturales.

Elevamos la voz desde esta redacción, para promover esta iniciativa, una “ayuda” tan necesaria como la de víveres o remoción de escombros. Es una inmejorable oportunidad para mejorar estos procesos tan inhumanos, tan lastimosos, y que en el último de los casos generar sólo violencia, rispidez en momentos que necesitamos que las buenas cosas pacen.