Una asquerosa coincidencia

Mataron a Mariana. Sí, señores, mataron a Mariana. Sí, después del sonado caso de Mara [VIDEO], mataron a Mariana. Repítalo 50 veces hasta que no lo olvide. Una estudiante de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla fue ultimada a tiros. Y sí, por irónico o absurdo que parezca, el responsable de este crimen también estaba ligado a un servicio de “taxi seguro”.

¿Dónde están?

El tema de la violencia contra la mujer es un tema de urgencia nacional, pero por urgente no debe ser tomado al vapor. No debe ser, por agresivo que suene esto, un tema reaccionario. Cientos de movimientos a lo largo y ancho del planeta se pierden de esa forma.

O díganme, ¿dónde están aquellos que publicaban “nos faltan 43”?, ¿dónde están aquellos que buscaban justicia para los niños del A B C?, ¿dónde están aquellos que le mientan la madre al presidente y que buscan su destitución con firmas en plataformas electrónicas como Change.org? o más recientemente, ¿dónde están aquellos que elevaban una oración de #FuerzaMexico y atiborraron los centros de acopio queriendo sacar gente de los escombros (no es error, esa era la fantasía reaccionaria) por el pasado terremoto. En serio, ¿dónde están?

El tiempo demuestra que las víctimas navegan solas y olvidadas, sombre reflectores fundidos

Esto pasa todo el tiempo, pero en nuestro país, un país con intelecto de niños de 4to de primaria (con el respeto debido a los pequeños que estudien ese grado). Y es que nos volcamos a las calles en protesta del asesinato de Mara, pero cuando la llamarada de petate pasó, nadie recuerda, y mucho peor, nadie continúa con ese ímpetu reclamando que apenas unos días después otra mujer fue asesinada en circunstancia muy parecidas.

Esa es la condena de las mujeres asesinadas en México, convertirse en una cifra. Una cifra que, aunque haga que nos llevemos la mano a la boca, no pasa de ahí. Peor aún, cuando esto se vuelve “voz del pueblo” está abrazado y condenado a la pasión de un momento, dejando lo verdaderamente importante para proteger a las mujeres: legislar, impulsar políticas públicas, generar conciencia o por lo menos denunciar. Levantar la voz por cada una de esas mujeres que con o sin nombre perdieron la batalla por la desgracia, en este país, de ser mujer. Fue Mara, fue Mariana y aunque no quisiéramos, mientras no se haga algo, serán algunas más, y es responsabilidad de todos no permitir, en medida de lo posible, que esos casos se vuelvan un común social, que la violencia en contra de las mujeres se “normalice”, que no sea “moda”, sino una norma cívica, manifestarse exigiendo derechos equitativos y promover el respeto por las mujeres.

Culpables inconscientes

La defensa de los derechos de la mujer comienza en el día a día. Desde la mujer que educa al hombre con el ejemplo de equidad y conocimiento de sus derechos.

Con los hombres, entre ellos el que suscribe, asumiéndose como culpable. ¿Por qué? Porque estamos tan inmersos en una dinámica patriarcal y machista, que seguramente crecimos asumiendo varias conductas negativas en contra de las niñas-muchachas-señoras, como normales. Asumiendo una responsabilidad y buscando generar consciencia entre nosotros con ejemplos tan simples como: no chiflarle a una mujer en la calle, no creer que, por ser mujer, y “es débil”, merece el asiento del camión, que ninguna mujer, así se acueste con 10 hombres o la “cachen en el acto” es una cualquiera, sino un ser humano como todos, con necesidades físicas, entre muchas otras cosas. Y las mujeres, de eso ellas se encargarán, porque es responsabilidad de ellas, no por omisión del hombre, sino porque ellas son autosuficientes para idear y promover iniciativas que procuren su seguridad, ya sea escuchando a las que saben, y el hombre, deberá estar ahí para apoyar hombro con hombro en lo que haga falta; hombro con hombro de igual a igual, de bote pronto y sin titubeos.

Lo primero que hay que hacer es no dejar que esto, como otros movimientos sociales, sean más emocionales que racionales, permitiendo que las víctimas queden en el anonimato. Reaccionemos, racionalicemos, pensemos, actuemos y sobre, todo no hay que claudicar para que en efecto ni una más viva este calvario.