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En los tiempos en los que vivimos ahora en nuestra sociedad, convulsionada por la delincuencia, la impunidad y hasta la ineficacia, corrupción y preferentismo del sistema de impartición de justicia, constantemente se debate sobre la viabilidad o la utilidad de la pena de muerte, como un medio que podría solucionar o al menos ser una forma de disuadir a quien delinca; es éste un tema que constantemente se pone de actualidad en un país como el nuestro básicamente por dos razones: la influencia de Estados Unidos, un país donde en la actualidad se aplica la pena de muerte en algunos de sus estados y cuyos casos son publicitados grandemente por parte de la prensa de ambos países y por otra parte, la delincuencia organizada y la enorme inseguridad los cuales son un problema de alcances nacionales que acrecienta la necesidad de soluciones impostergables por parte de la autoridad.

A continuación realizaremos un análisis que buscará dar luces en torno a este tema actual para nuestro contexto social.

A lo largo de la historia la pena de muerte ha sido el castigo por excelencia. Encontrando en ella un instrumento determinante para imponer un modelo social; o para perpetuar, abiertamente y sin escusas, sus propios privilegios.

Como hemos visto los reyes y gobernantes que tenían el poder desde épocas antiguas siempre trataron de afianzar su autoridad e imponer su voluntad y si no los obedecían la pena de muerte era el castigo ganado a pulso para los rebelaban. No sólo se limitaban a la ejecución física de las personas que los desafiaban, sino que la muerte debía llegar precedida y acompañada del tormento y sufrimiento de los acusados, con ello se buscaban tres cosas: castigar la transgresión (el delito que habían cometido), eliminar físicamente al transgresor (matar a la persona que había faltado o roto las normas establecidas) y advertir al resto de la sociedad de lo que podía pasar si se desafiaba la autoridad.

Desde tiempos pasados la adopción de la pena de muerte por parte de las distintas sociedades significó la negación del derecho a la venganza privada por parte de los individuos, el grupo, el clan o la comunidad, esto se refiere a que estas personas hicieran Justicia por su propia mano; con la pena de muerte se buscaba eliminar la subjetividad individual en casos de ofensas o agresiones. Esperando de esta pena que se limitaran las represalias y más que nada la venganza, dejando la responsabilidad y el criterio al que tenía el poder y la administración de la justicia, delegando en la autoridad la decisión del castigo que debiera aplicarse y aceptándolo como justo.

La pena de muerte ha estado presente desde nuestros ancestros aquí en América Latina; pero no como ley o norma; ya que en las culturas prehispánicas se veía no como pena de muerte sino como un castigo, o sacrificio dependiendo de la cultura, pero no era realmente una norma que debiera ser estrictamente seguida o aplicada.

Ya en México, al proclamarse la independencia se siguió en un principio la praxis de la época virreinal, dando por hecho la aplicación de la pena de muerte, En la constitución de 1824 aún no se tenía referencia sobre alguna pena de muerte; pero que no estuviera plasmada en un papel no significaba que no se aplicara y ejecutara en la realidad.

Pero fue hasta la constitución de 1857 que se tomó la decisión de prever una norma acerca de la pena de muerte; y que se menciona en el articulo13, fracción XXII en donde se dispone que: “Para la abolición de la pena de muerte, se establecerá a la mayor brevedad el régimen penitenciario; y entre tanto queda abolida para los delitos puramente políticos, y no podrá extenderse a otros casos, que al salteador, al incendiario, al parricida y al homicida con alevosía o premeditación.”

En la Constitución de 1917, también estaba prevista la pena de muerte, pero solo para delitos de fuero militar y en tiempo de guerra, pero en la práctica cayó en desuso, pero es hasta el año 2003 donde se aprueba la reforma constitucional de los articulo 14 y 22 de la Carta Magna, aboliendo totalmente la pena de muerte para nuestro país, por considerarse contra el estado de derecho y violatoria de los Derechos Humanos, así como un acto de venganza y no de justicia.

Finalidad y objetivo de la pena de muerte

Es normal considerar que todo "castigo" o pena tiene como finalidad hacer que una determinada conducta que afecta al orden social sea erradicada, sin embargo, sin embargo, justificar una pena deben observarse algunas cuestiones: primeramente, se aplica "quia peccatum est"; (a quien falla) es decir, debe tener un destinatario concreto; después se aplica "en peccetur" (para que ningún otro falle), atendiendo a su finalidad medicinal o preventiva, según el concepto que se basa en el Derecho Romano.

De aquí se derivan tres maneras de comprender la naturaleza de una pena:

  1. Absoluta: Cuando la pena se justifica por si misma y no es medio para justificar fin otro alguno.
  2. Relativa: En ésta, la pena es un medio para otros fines y busca servir de ejemplo para los demás; así como de reprimir (en la persona del infractor) a quien infringe la ley.
  3. Mixta: La pena debe ser eficaz, a través de la retribución justa, por si misma debe infundir temor para que nadie cometa delitos, tiene que ser visible, es decir l más publica posible, para que todos se den cuenta del porqué; pero más que nada tiene que buscar la corrección del infractor, brindando una oportunidad real de retribución y redención.

La pena de muerte, la pena más radical que se puede aplicar a cualquier persona, dado que quita la vida a quien se aplica, siempre en los términos y formas que establece la ley que la avala. la realidad es que nadie puede afirmar que aplicando la pena de muerte se disminuye la criminalidad, así como que tampoco no aplicarla acaba con la criminalidad, pues la intensidad de ella, su aumento o disminución no tienen relación con que tan fuerte sea o no el castigo, sino con factores intrínsecos más profundos, lo que hace mayormente complicada la situación.

Evidentemente sabemos que el valor fundamental que existe, el valor de la vida, debe ser salvaguardado siempre, que nunca, bajo ningún caso debe tomarse la vida de nadie y que la pena de muerte es y ha sido así muchas veces, un arma de doble filo que no garantiza ni asegura sus fines, pues no siempre disuade al criminal y porque no siempre se aplica con justicia; la gran pregunta es: ante la polémica que se ha avivado en nuestra sociedad con motivo de la delincuencia desbordada y de la corrupción del sistema de justicia [VIDEO]: ¿Será esta una solución? ¿Estaríamos preparados para ello?

Las respuestas no son ni con mucho sencillas, pues la sociedad en la que vivimos es multifacética y plural, también dadas las características de nuestro sistema de justica y del sistema político que nos rige, sería muy dudosa su aplicación equitativa, pero es preciso atender adecuadamente a las dimensiones ética, jurídica y social para dar una respuesta contundente a este tema; por lo pronto, lo que si queda claro es que se necesita de forma inmediata una solución integral, no solo que penalice al infractor, sino que atienda las razones por las que este delinque y sobre todo, un sistema social, económico y de justicia basado en la equidad y alejado de intereses mezquinos.

Si la pena de muerte se aplicara en México, sería tremendamente injusta porque los presuntos condenados serían mayoritariamente, personas económica, cultural y socialmente marginadas; siendo que hay personas que, al estar en un estatus social y económico superior, pero que también cometen grandes crímenes, por su situación de privilegio seguramente evadirían dichas penas; Por lo tanto, esta pena capital se aplicaría prácticamente a personas de escasos recursos o de bajo perfil social; ahora la pregunta que cabría aquí sería si no es el mismo Estado el que los puso directa o indirectamente en esa situación de abandono, falta de oportunidades y educación, de la desigualdad y miseria económica, etc. Todo esto haría poco equitativa la aplicación de esta pena.

Sabemos que es complicado, pero es tarea de todos lograrlo, desde donde cada uno de nosotros está, matar al que mata no parece ser la solución al problema, pero la pregunta sigue allí…