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Siempre que se habla de prostitución se dan un cúmulo de emociones, interpretaciones, juicios y consideraciones de todo tipo; en el contexto social de nuestro país es triste decir que México es un punto estratégico para la trata de personas [VIDEO] con estos y otros fines, pero vamos a tratar de comprender qué es y cómo entender este fenómeno. El término prostitución viene del latín “prostituere” que significa traficar o comerciar. Usualmente se utiliza para expresar el comercio sexual que ciertas mujeres realizan con el propio cuerpo a cambio de una cierta remuneración. La prostitución es la práctica habitual de la cópula carnal con fines lucrativos.

La prostitución en su estricto sentido de comercio erótico, aparece desde la antigüedad. La sociedad cristiana, aún condenando de hecho el comercio carnal ilícito, adoptó una política tolerante, pensando que de ese modo, se evitarían escándalos y desórdenes. El filósofo Agustín de Hipona, en su obra De Ordine dice que si se suprime el meretricio entre los hombres, todo el mundo quedaría perturbado por actos de desenfreno. Claro que se refiere a la actitud de tolerar lo que se pueda evitar, y no al facilitar, cooperar o reglamentar.

La prostitución muestra la vida amorosa humana reducida a una horrible caricatura: el amor reducido al simple acto del placer. Evidentemente el hombre puede convertir todo lo natural en algo antinatural y el comportamiento sexual nos lo muestra con demasiada evidencia.

No se ha pasado de una comprensión integral de la sexual como genitalidad a la sexualidad como dimensión integral de la existencia humana, pues en la prostitución se ha ignorado la sexualidad como función unitiva y procreativa. No se ve la sexualidad como una comunicación interpersonal, sino que se le ha reducido como mero placer. El pensador y literato francés La Rochefoucauld dice: no hay más que una especie de amor, pero diferentes imitaciones.

La prostitución tiene raíces históricas y sociales. Un importante factor para llegar a la comprensión de la prostitución es el hecho de que el hombre, en nuestro mundo, por lo general degrada a la mujer a la condición de objeto. Esto se manifiesta incluso en el matrimonio (son muchas las cosas por las que se puede caer en la prostitución: económico falta de amor, falta de comprensión, etc.), en la esfera profesional y en la vida pública

La fórmula kantiana, según la cual ningún ser humano debería se medio para otro ser humano, sino que todos deben ser fin en sí mismos, es atropellada aquí a cada paso: la mujer prostituta es para el varón un medio utilizable a voluntad para alcanzar el placer, un placer sin esfuerzo afectivo, un placer sin riesgo y sin empeño procurando con una meretriz pagada, que no vende nada menos que su propio cuerpo y con él así misma.

Parece pues, que la prostitución ha sido creada por la voluntad masculina: “la mujer es siempre aquello que el hombre sueña de ella”, pero los sueños no siempre son virtuosos, ni siquiera muy humanos.La venta del cuerpo como una manera de ganar el pan, es también característica del estado de una sociedad en la que una cosa así es posible. El sexólogo alemán Iwan Bloch, definió la prostitución como una determinad forma de comercio sexual extra conyugal.

En nuestros días, ha variado la comprensión del amor, ha cambiado el sentido de la sexualidad, más aún ha cambiado el modo de vivirlo en el mundo de hoy. Dejando aparte las variaciones en el costumbrismo sexual y admitiendo la erotización de la sociedad como telón de fondo. Dentro de una clave consumista, la prostitución se vive como un producto más del consumo, como una realidad insignificante.

En el mundo de hoy, se busca una relación sexual por muchos factores: la liberación social del joven, en la vida de la diversión, en la vida social, la independencia de vida, y alguna suficiencia económica de los jóvenes, el adelanto de la pubertad. La prostitución es ya conocida en tiempos remotos. Se le ha calificado como el “más antiguo comercio de la humanidad”, pues la prostitución sagrada adoptó diversas formas en la antigüedad. En Babilonia por ejemplo, el culto a la diosa Astarté fue ocasión para que se desarrollara una especie de prostitución sagrada. Era costumbre que toda mujer, por lo menos una vez en su vida, debía entregarse por dinero a un hombre en el templo de “la diosa del amor”. Usos semejantes existieron en casi todas las culturas asiáticas primitivas y con seguridad, también en el antiguo Egipto.

La prostitución en la actualidad

En la base de la prostitución hay una extensa organización como ramificación internacional, que impone un código de comportamiento; es la única ley que las prostitutas y sus exploradores se sienten obligados a respetar. La organización de la prostitución se llama “proxenetismo”, en la cual actúan cuatro categorías distintas: los protectores; los dueños de los locales, en los cuales tiene lugar el comercio prostitutivo; las alcahuetas y los traficantes.

Normalmente las prostitutas obran bajo la guía de un protector, que a menudo se convierte en el amante parásito de la prostituta, al que ella ama y teme. Al protector le incumbe atraer a las prostitutas: muchachas descarriadas, huidas de casa o a la búsqueda de aventuras en concurso de belleza o cine. El dueño es el amo del local, puesto a disposición de los encuentros con las prostitutas. La alcahueta es la mujer que conoce el arte de seducir a la muchacha disponible a la prostitución, la pone en relación con el protector o directamente con los clientes y le enseña el oficio. El traficante es el colocador, pagado por una comisión de protectores o dueños de casas que se compromete a trasladar prostitutas tanto a nivel nacional como internacional.

Prostitución Infantil

Por desgracia, ha existido siempre, pero actualmente ha adquirido proporciones industriales, pues hay padres donde desesperadamente pobres venden a sus hijos para que pueda vivir el resto de la familia (sobre todo en Asia y América Latina). La explotación de menores, particularmente de las niñas violentando sus derechos mas fundamentales [VIDEO], se les utiliza como actores de filmes o foto-romances pornográficos depende de asociaciones internacionales. A los menores a veces vendidos por los padres, pero con más frecuencia huidos de casa, se les hace emigrar con espejismos de aventuras y de riquezas entre personas que legalmente se hacen pasar por parientes suyos.

Orígenes psicológicos

La sinopsis histórica nos muestra que la sociedad que desprecia a las prostitutas es corresponsable de su persistencia. Ella es la que ha creado esta institución y también ella es su beneficiaria. Para la mentalidad corriente, la prostitución sigue siendo un complemento razonable del matrimonio legítimo. Una y otra vez se escucha la opinión de que hay que contar con la prostitución como algo natural e inmodificable.

El hombre de nuestra cultura ve, lamentablemente aún en muchos casos y en general, a la mujer el objeto vendible. La crítica social ha hecho casi siempre responsable de la prostitución a la miseria y a la pobreza. Por ello, quien conoce su historia social y personal, no puede condenar a las prostitutas por el hecho de resolver así tan malos problemas de su vida.

Por regla general proceden de medios sociales vacíos, han nacido como hijas naturales pero, han crecido sin madre y han experimentado las cosas más horribles en el hogar. El hecho de que procedan de gente pobre, no puede interpretarse en señal de inferioridad. Las muchachas que proceden de un medio opulento y seguro, rara vez llegan a ser prostitutas, y no porque sean más morales, sino porque la cuestión mercantil se les plantea de forma muy diferente. Hay mujeres de todas las clases sociales que se arrojan a este mundo. Para Freud el amor libre es absurdo, pues lo que la ciencia quiere no es el amor libre, sino la libre sexualidad. El amor presupone el sentimiento de cariño, de afecto, de adhesión de una persona hacia otra, y en la conducta “libre sexualidad”, no existe el amor, sino sólo un deseo, la atracción sexual.

Ha sido un error grande querer reprimir la prostitución de forma absoluta, sin atender a sus causas; conviene tener en cuenta que la prostitución no solamente es útil a los solteros, sino que lo es también para los casados, los cuales recurren a ella más a menudo de lo que se piensa. La prostitución campea por doquier, y lo más que se busca es controlar las enfermedades venéreas, evitar la prostitución precoz y los actos de violación. Ante la realidad social de la prostitución se manifiestan dos posiciones básicas: la tolerancia, que niega personalidad jurídica a la misma, y la reglamentarista, que considera los prostíbulos como socialmente necesarios para el control de enfermedades contraídas por el acto sexual, y evitar así que las sociedades se contaminen.

Reglamentación. Su punto de partida es el reconocimiento oficial de la “profesión” de la prostituta. El prostituirse es un acto de genuina libertad. Esta posición encierra falsedades de origen, pues ni el fichero sanitario, ni el examen médico sin definitivos, ni aseguran evitar contagios. De la misma forma, el prostíbulo no reduce el vicio, sino que lo multiplica por las facilidades que confiere. Son mayores los desórdenes que provoca que los que podría evitar.

Tolerancia. Es la actitud pasiva ante algo que no se puede suprimir, pero que se reprueba. No se reconoce situación legal a la prostitución, y por lo mismo no reconoce como legales los prostíbulos. Respeta la libertad de la mujer que pueda copular si quiere y con quien quiera, sin que ello configure ninguna forma de delito. El que la mujer pueda tener relaciones sexuales con quien quiera, no significa que ese acto sea legítimo desde el punto de vista natural.

Cuando el acto sexual se realiza bajo las motivaciones naturales se pone en marcha un amplio cortejo de sentimientos, enriquecedores del acto que perfeccionan a las personas que lo realizan. El acto sexual considerado en sí mismo, es un medio, y nunca un fin en sí mismo, para expresar el amor y aumentar la amistad conyugal. Si llegan a faltar los sentimientos, compañeros inseparables de todo acto conyugal, la pareja entra en crisis y corre el peligro de desintegrarse: ¿Cuáles son esos sentimientos? : Afecto hacia las personas que se ama y que se posee; la admiración de las cualidades físicas y espirituales; la estimación del propio yo que se afirma en la posesión y en la entrega mutua; el deseo de la paternidad al que se une el ideal de la educación. Todos estos sentimientos quedan frustrados en las personas que se entregan a la prostitución y que no satisfacían más que el apetito sexual, proyectado en el área genital.

La prostitución se ha visto como una fuente natural de placer a la que todos tienen derecho siempre que acaten los prejuicios sociales, en nuestra sociedad, en varias regiones de México se ve también como una fuente de ingresos para los hombres que venden a sus hijas o esposas para este fin; se ha visto así la prostitución como consumo, como un carácter de brevedad en el placer sexual, eliminando de él las relaciones propiamente personales; se ve esto como un entretenimiento o juego para la satisfacción, usando toda clase de métodos anticonceptivos y así gozar de lo sexual sin ninguna clase de riesgo.

El fenómeno de la prostitución es muy complejo, y como tal no fácil de definir. Siempre es fácil realizar juicios a priori de lo que no se conoce, o es lo que se ve a simple vista, pero en este caso nunca será totalmente valido realizarlo sin saber a ciencia cierta todas las arista del problema, aplicadas a cada persona; sin embargo se impone más que un juicio acciones concretas que ayuden a revertir, evitar y orientar mejor desde la educación sexual, el entorno familiar, social, económico y cultural a quienes se ven involucrados en esta actividad.