En lo que va de la semana, en un radio de 45 kilómetros, se han extraviado 6 personas. Por supuesto que no interesa a nadie en qué lugar están, ni las condiciones de la desaparición, y si importa será para aquellos que puedan investigar el crimen. Aquellos que puedan entregar herramientas útiles para la prevención de dichos eventos.

No importa sea Mara o sea Mariela

Lo triste es que en unas horas será una cifra, un meteoro que deslumbra unos segundos, paraliza las piernas y después de tallarse los ojos, todos vuelven a la normalidad.

Esta misma semana salimos a la calle después de las muchas noticias en redes sociales de personas desaparecidas, para darnos cuenta de que incluso pudiendo figurar el rostro o el nombre en la situación de aquella que ya no volvió a casa, de aquel que fue encontrado muerto, a pesar de todo eso, nada cambia.

De todos modos, la gente va a trabajar, de todos modos, los niños van a la escuela, de todos modos, las amas de casa van al mercado, de todos modos, los policías están parados en cada semáforo dando circulación al tránsito. Después del meteoro devastador, de la luz cegadora, nada es demasiado cruel para que el mundo se detenga y busque la voz correcta de auxilio.

El verdadero riesgo

Algo más riesgoso que una sociedad violenta, es la naturalización de la violencia misma. Todo esto, porque es cada vez es más sencillo el acceso a la información, información que no es siempre fidedigna ni responsable. Entonces, todos tenemos en plataformas digitales muestras de pánico, de miedo que en el último de los casos sólo funciona como válvula de escape de una realidad cada vez más cercana; de que la próxima víctima sea alguien de nuestra propia familia.

El miedo no es del todo malo, nos ayuda como instinto de supervivencia, de otro modo moriríamos como en la época de las cavernas aplastados por rocas inmensas o cayendo de acantilados. Por desgracia en una sociedad tan acelerada en cuanto a información y sucesos, y la tergiversación de la misma, no nos queda más que adaptarnos y volvernos indiferentes ante la desgracia, dejando la justicia social para las voces menos indicadas.

Las #redessociales como promoción de tan deplorables sucesos, es también una de las formas de "acción" de los revolucionarios de sofá, de aquellos quienes piensan que la proliferación del morbo y la desgracia, es ayudar a que una persona vuelva a casa, y que las discusiones en redes sociales ayudarán a que las autoridades hagan algo para que las personas desaparecidas vuelvan a casa, y aunque es cierto que sirve para que cada vez más se den a conocer casos de abuso, al mismo tiempo ha dejado de ser útil, convirtiéndose en una herramienta estéril, y que lo esencialmente importante, la implementación o exigencia de políticas públicas o de una consciencia verdadera de la problemática, sigue sin suceder.

De nada sirve que peleemos en redes sociales

Cuando una mujer u hombre desaparece. No importa si un hombre estúpidamente cree que una mujer asesinada lo merecía, porque vestía de forma inadecuada, si lo merecía porque estaba en un lugar donde no debía; o si una mujer, (acto de violencia por omisión), no entiende que no puede burlarse de un hombre en situación de violencia o que la situación de una mujer desaparecida es mucho más importante de la de un hombre. Nada de eso importa, ya que ese es el principio de la condena. Aquella violencia ignorante es la que frena la información sobre la prevención de crímenes sexuales o de cualquier tipo.