Durante muchos siglos las mujeres que tenemos hijos especiales hemos sufrido porque nuestra labor como madres es de tiempo completo y de toda la vida. Nunca podemos pensar en que nuestros hijos "un día van a volar con sus propias alas" porque nunca estarán preparados para ello. En los países desarrollados existen instituciones serias que ayudan a las mujeres en dicha situación, haciéndose cargo por temporada de los enfermos físicos y neurológicos por temporadas para que la madre descanse un poco y pueda recargar las pilas para continuar amorosamente con su labor; pero en los países subdesarrollados como #México no contamos con ese apoyo.

Llévalo al DIF dice la gente indolente

Sí, ya sé que enseguida podrán decir que podemos acudir al DIF y toda esa patraña que constantemente con desconsuelo oímos, pero ante un DIF sin gente capacitada que solamente se encuentra ahí por cobrar un sueldo, nuestros hijos se encuentran sumamente desprotegidos y expuestos a todo tipo de abusos y maltratos, y nuestro amor de madre nos exhorta a que nuestros hijos no vayan a lugares tan corruptos como esos.

Nuestra labor es de toda la vida

Con los años nos tenemos que aguantar todas las enfermedades que por estrés se nos van acumulando y además seguir cuidando de nuestros hijos.

Quienes cuentan con recursos contratan personas que pueden auxiliar con los discapacitados físicos ¡pero siempre bajo la supervisión de la madre!, quienes no cuentan con los recursos para contratar a nadie tienen que seguir haciendo todo el trabajo solas, aunque los años y los achaques se acumulen en el cuerpo. Es una tarea desgastante y penosa, y una labor por demás loable la de esas mujeres que amorosamente siguen cuidando de sus hijos hasta el fin de sus días. Para quienes tenemos hijos neurológicamente discapacitados cumplimos nuestra labor con el mismo amor, sólo que a nosotras se nos agrega una dificultad más: nuestros amados hijos necesitan un trato muy especial, sobre todo porque tenemos que cuidar cómo nos expresamos tanto verbal como corporalmente, pues cualquier detalle de nuestra personalidad les puede provocar enfado y alteraciones, por lo que nos tenemos que volver invisibles.

No podemos ser nosotras mismas ni expresarnos libremente para no perjudicar a nuestros hijos. Tomando en cuenta que es una labor de toda la vida estamos condenadas a no ser nosotras mismas hasta el último día de nuestra vida. Cuando nuestra estabilidad mental se deteriora con los años es mucho más difícil cumplir a cabalidad con nuestra labor, es algo totalmente lógico, ¿no creen? #Hijos especiales