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La exposición empieza con el emblemático "Leap to the void" o "Salto a vacío" de 1960, un acierto curatorial abrir con esta pieza que representa el parteaguas que sería Yves Klein [VIDEO]en la historia del arte. La obra es un fotomontaje donde podemos ver al artista como si volara luego de arrojarse por una ventana, aunque sabemos que si la historia continuara en el tiempo, la suerte de éste sería por lo menos darse un fuerte golpe que comprometería su materialidad. Aún así, lo vemos con los ojos puestos en el cielo, Yves siempre estuvo en contacto con lo divino, era alguien que creía que el "don" de la creación tendría que venir de un ser superior.

¿Evasión o profundidad?

Nacido en 1928, en Niza, Francia, vio estallar la Segunda Guerra Mundial a la edad de once años, al haber sido joven testigo de los horrores del holocausto y de la bomba atómica, cabe entonces la pregunta, ¿es el arte de Yves Klein una manera de evadirse, una manera de negar la violencia, de no enfrentarla, de no tomar postura sobre hechos horroríficos, donde no sólo el arte, pero desde luego el arte debería pronunciarse?

Creo que como seres del futuro, no podemos saber qué tan grave sería para Klein el trauma sufrido, algunos historiadores piensan que su interés por el azul ultramarino busca romper con la angustia que representa el abstraccionismo, otros creen que su obsesión con el vacío es un resquicio del miedo y el poder latente de la bomba nuclear.

Considero que como dicen algunos: "si no puedo bailar, no es mi revolución" o "nuestra venganza es ser felices", entonces, alguien que se puso a experimentar con materiales, a clavarse en la textura, en el azul del mar, a iluminar espacios públicos de azul también estaba haciendo un statement político en cuanto a que la violencia no se acaba con la culpa, ni a través del dolor: habremos de regresar al juego, a la experimentación, al trabajo en equipo para sacar sonrisas y no para hacer heridas.

Es bonito ver en la exposición, cómo armaba sus obras, por ejemplo, tenía listos a los bomberos para que apagaran el fuego y sólo quedara una marca, una forma, un registro, no se trataba de destruirlo todo: podemos jugar con fuego, pero controlando los accidentes.

Antropometrías

En el párrafo anterior tomé a propósito consignas que decimos las feministas para reflexionar acerca del papel del cuerpo de las mujeres en sus obras y si esto es a la luz de nuestros bien ganados derechos, la utilización del cuerpo de la otra como objeto, no sólo como modelo o como musa, sino como pincel, ya que el artista untaba tinta en las mujeres e imprimía formas en los canvas, conocidas como antropometrías.

Considero que mientras haya voluntad de hacerlo y prive el consentimiento de las partes, es un juego divertido, tal vez lo que molesta un poco es esa actitud de querer estar "perfectas", creo que podemos asumir que nuestro cuerpo puede pintar historias, conseguir derechos, crear, hacer la paz y que esto no pasa necesariamente por ser "linditas".

Me gusta Yves Klein porque fue de esos artistas 24/7, que buscaba la belleza y hacer poesía a cada paso, por eso planeó cada detalle de su boda. El azul de Klein no es algo superfluo, es una reflexión sobre el origen de los materiales que es evidentemente la naturaleza. Es negarse a dibujar líneas que son fronteras de la mente que nos dividen y nos causan destrucción. Es recordar que tarde o temprano todos regresaremos a la tierra en forma de cenizas y cuando lo hagamos más nos vale habernos divertido y haber saltado al vacío. Él lo hizo muy pronto, murió a los 34 años, cuando su esposa esperaba a su primer hijo.

Vayan a la exposición y cuéntenme si sí se llenaron del azul y de los materiales. Si les brincó la cosquilla por crear porque tal vez los más rebeldes no son los guerrilleros, sino los que se niegan a dejar de jugar. #MUAC #YvesKlein #ArteContemporáneo