Es 12 de diciembre, como desde hace 500 años, se conmemora en México la última de las apariciones de la virgen de Guadalupe en el cerro del Tepeyac. Esto provoca que el país entero esté de fiesta.

La historia chiquita

Después de que Juan Diego se entrevistara con la patrona de los mexicanos en cuatro ocasiones, en el último de estos encuentros, le solicitó que se presentara al entonces primer obispo de México, Juan Zumárraga, con su ayate repleto de flores. Cuando el ahora Santo de raíces indígenas, se presentó para entregar las flores, en el regazo del indio se dibujo milagrosamente la imagen de virgen de #Guadalupe. Y bueno, el resto es historia.

Figura inmune

Pocos símbolos en el inconsciente colectivo mexicano tienen el poder que la imagen de la virgen morena ostenta en nuestro país, convirtiéndose en estandarte de movimientos políticos (viejos y actuales), deportivos y artísticos. Esto por supuesto provee de una poderosa inmunidad ante cualquier tipo de crítica que se vierta en su contra. Es por todos sabido que la veracidad de la historia que tan apasionadamente identifica a los mexicanos ha sido altamente cuestionada; incluso tratándose de alguien dentro del catolicismo.

Voces propias

En 1995, Guillermo Schulenburg, abad-director de la Basílica de Guadalupe, puso en duda la existencia de Juan Diego, y por obviedad la historia de la aparición de la guadalupana, diciendo que Juan Diego no era un personaje físico sino un símbolo, y que la canonización del mismo era el reconocimiento al culto por la morenita, más que el reconocimiento al existencia del mismo.

Extrañamente, Schulenburg, fue obligado a dejar su puesto tiempo después de estas declaraciones.

Esto por supuesto no es más que la crítica natural a la que todas las instituciones deben estar sujetas. Además, debemos procurar la libertad de culto, siempre y cuando no vulnere las garantías individuales de algún tercero. Respetando estos dos parámetros, es pertinente subrayar las aún inexistentes normas internas de contención y sobretodo, de congruencia de quienes participan de estas fiestas. Y para esto una analogía:

La discapacidad

¿Cuántos años lleva pugnando la opinión pública por el respeto de los espacios, y legislación, para las personas con algún tipo de discapacidad física o intelectual? Un terreno en el que de a poco se ha avanzado, ¿cierto? Cada vez hay más rampas, comerciales con subtítulos, y estacionamientos libres en el centro comercial. ¿Sería absurdo seguir pensando que por ser minoría, es innecesario respetar esto espacios y normas, no? Sería egoísmo atroz.

Bajo este argumento, ¿por qué la sociedad mexicana asume que todos a lo largo y ancho del país profesan su misma fe? Supongo que habrá quienes no disfruten de ver las redes sociales atiborradas de imágenes y publicaciones alusivas a dicho festejo.

Sin embargo, al ser un espacio público de libre expresión, queda solamente la mención de ello. Un click y listo, estás fuera de todo eso.

La incongruencia

Ojalá todo lo que rodea este festejo fuera tan sencillo. Y es que apenas el reloj rebasa la aguja con el numero 12 y el cielo relampaguea; truenos y estruendos no permiten que dejes de brincar. Una sensación bastante desagradables. Sin temor a equivocarnos, es la fecha donde mas cohetes se hacen explorar. Lo peor viene cuando los estallidos provocan cuadros de estrés y ansiedad en animales. pero, más importante que eso: ¿Con qué justificación se cierra una calle entera para oficiar una misa impidiendo el libre tránsito de aquellos que no participan de la ceremonia o la fecha? ¿por qué se oficia misa en televisión abierta cuando vivimos en un país laico? ¿por qué las escuelas suspenden labores (de nuevo: un país laico)? ¿por qué se debe esperar por varios minutos en el auto para que la peregrinación pase? ¿porqué llevar serenata de 8 horas sin dejar dormir a los vecinos de forma tan indulgente? ¿por qué te miran despectivamente si con honestidad y respeto declaras no ser guadalupano? ¿por qué se desprecia a la raza del indígena que supuestamente fue el vehículo de esa fe? ¿por qué el pueblo que venera a una mujer como la máxima expresión de divinidad y amor, mata a otras tantas todos los días?

Tan lejos de Guadalupe y tan cerca de Baco

Por último y sin ánimos moralistas, la esencia del culto que se profesa es lo único ausente en dichas fiestas. En estas celebraciones los crímenes aumentan, las riñas se dan con mucho más facilidad y los valores civiles se extinguen, lo que hace suponer que este no es sino el pretexto para que los demonios internos salgan a pasear.