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México es un país violento, a tal grado que se considera uno de los más peligrosos a nivel mundial, esto de acuerdo con un estudio realizado por la Universidad de Uppsala, Suecia, sin embargo, cada vez que llega a nosotros la noticia de una nueva masacre en EUA, nos sorprende y aterra ¿Por qué?

Pudiera parecer contradictorio que gente que vive día con día con noticias sobre secuestros, violaciones, asesinatos, y un sinfín de delitos violentos, sienta tanta compasión, por un grupo de jóvenes estudiantes asesinados dentro de su escuela a manos de otro jovencito, como fue en el reciente caso del Instituto Marjowy Stoneman Douglas de Parkland, en Florida, [VIDEO] donde el perpetrador Nikolas Cruz, lo tenía todo.

Y ese es el detalle que hace la diferencia.

En nuestro país, el agredir a alguien hasta matarlo generalmente implica una ganancia económica ¿Qué tan grande o pequeña puede ser? Depende directamente de los involucrados, donde bajo diferentes escenarios puede ser una guerra por las plazas entre diversos grupos delictivos, secuestros, o intentos por silenciar a víctimas de extorsión entre muchos otros, aunque suelen doler más socialmente, las victimas mortales de asaltos pequeños, donde el botín a lo mucho era un teléfono móvil.

México y la falta de oportunidades genera violencia

En México, el origen de la violencia se debe en gran medida a la falta de oportunidades, la desigualdad social, el machismo, la narco cultura, la injusticia, la corrupción, las adicciones, la impunidad o el hambre, etc.

De hecho escuchar la historia de un criminal, es toparnos con una larga lista de abusos, negligencias, tragedias e ira ante la sensación de “no poder cambiar lo que les tocó vivir”. Ciertamente, no se puede decir que estos son factores determinantes, pues en una sociedad donde la inmensa mayoría vive entre importantes limitaciones económicas y sociales, tampoco la inmensa mayoría de la población recurre al crimen o a la violencia como consecuencia de sus conflictos, pero, si son una constante en las condiciones que rodean a un criminal común. Pero del otro lado del charco la historia tiene diferencias fundamentales.

Frecuentemente en los datos que salen a la luz sobre los autores de las masacres a inocentes en EUA, vemos a personas con vidas confortables, carreras profesionales estables o exitosas, y una familia aparentemente funcional, si bien, es cierto que este no es el perfil común de los criminales, pues tanto aquí como haya hay sectores que por su marginación son más propensos a hacer una carrera delictiva, resulta curiosos que la gran mayoría de los crímenes de odio sean por parte de personas de una clase social de media a alta.

Un lamentable ejemplo de ello es Stephen Paddock, un hombre de 68 años, contador retirado y adinerado, que desde la habitación del hotel de lujo donde se hospedaba, acribillo a los asistentes de un concierto, dejando un saldo de 58 muertos y más de 500 heridos, en 2017.

Las causas de la violencia en Estados Unidos

Se ha argumentado que las enfermedades mentales, el racismo, el fanatismo, o la afición a las armas son el origen de estos crímenes sin sentido, pero no son factores de riesgo suficientes para nosotros. Para nosotros la violencia por cuestiones meramente ideológicas o psicológicas es terriblemente banal y malévola, pues no se está obteniendo más beneficio, que no sea el de ver morir a alguien solo por que sí.

Y como en nuestro gobierno, ¿qué hacen los políticos de EUA para remediar esto?, nada. Justifican su falta de acción con cualquier comentario frio y desinteresado, como lo hicieron el senador Marco Rubio de Florida, y el líder partidario por Luisiana, Steve Scalise, quienes declararon a los medios que “no podría habría ley que evite la tragedia”, refiriéndose al ataque cometido por Nikolas Cruz. O se pasan la “bolita” unos a otros, como en el caso del presidente Donald Trump que culpo a los Demócratas y a Obama de no haber hecho leyes más estrictas para adquirirlas. Al final nadie propone nada para disminuir la frecuencia de estos ataques.

Es por ello que constantemente, se hacen especulaciones en los medios, que apuntan como la base del problema la venta indiscriminada de armas de fuego [VIDEO], pues generalmente los homicidas suelen ser dueños legales de una pequeña colección de estas. Se asume, que el cuantioso negocio que representa la fabricación y venta de estas, es lo que evita la posibilidad de una legislación más estricta, para su adquisición por parte de civiles, pues entre los requisitos –que varían en cada estado- solo se requiere, una solicitud al FBI para corroborar la falta de antecedentes penales, un documento que indique salud mental, ser mayor de 18 años y esperar 72 horas.

Lo más lamentable y paradójico, es que con la intención de protegerse de un posible atacante, en los días subsiguientes a cada tiroteo masivo, la venta de estos artefactos aumenta considerablemente. Pues como lo manifestó Chuck Nesby, fabricante de armas, "La gente quiere tenerlo antes de que el gobierno imponga alguna restricción. Quieren comprarlo todo. Hay cifras de ventas récord ahora mismo". Pero el mercado de armas está lejos de ser el único problema, pues se calcula que alrededor del 50% de la población de EUA, pose al menos una pistola común y la inmensa mayoría de estas personas está lejos de dañar al prójimo, solo porque sí. De hecho en un capítulo de la caricatura de “American Dad!” satíricamente se hace la observación de que un arma no mata por sí misma, son las personas las que lo hacen.

Por otra parte, se podría cuestionar severamente al FBI, que es la institución que da los permisos para comprar un arma, pues pudiera parecer que el proceso o los criterios para validar las solicitudes son precarias o negligentes, sin embargo ¿Qué tantas restricciones puedes imponer para negar un derecho constitucional? Si bien, en el caso de la escuela de Florida se les podría acusar de una relativa negligencia, ya que se sabe que se tenían reportes de que Nikolas Cruz era un potencial peligro, también ha salido a la luz de se actuó de acuerdo al proceso y recursos con los que disponían.

Al final, pese al descontento social, las familias afectadas encuentran consuelo, pero nunca pasa el tiempo suficiente para que la sociedad sane antes de que ocurra otra matanza, y nuevamente nos sorprende, que el país que nos crítica y desprecia tanto, sea también una víctima indefensa de su propia gente.