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Tras distraernos media hora discutiendo con dos agentes de seguridad, uno de la privada, vestido con traje y corbata; y otro con las insignias de los mexicanos, pero vestido de azul como preventivo, caminamos con precaución hacia un Museo de la Fotografía.

Para difundir la foto como arte tenemos en México el Centro de la Imagen como punto de referencia. En el Estado de México la realidad es distinta y sentimos apropiado recomendarle la visita a un recinto alternativo con la finalidad de conocer otras propuestas.

Es increible todo lo que está sucediendo en aquellos predios entre la CDMX y Naucalpan. Tantos edificios, segundos pisos, centros comerciales y elementos como la próxima embajada EUA, obligan a una escala cultural.

El Foto Museo de la Fundación Meyer ofrece un pequeño estacionamiento y tiene un costo accesible a cualquier audiencia. Para lo que uno no está preparado es para las maravillas de los Jóvenes Creadores 2015/16.

Y ni ese shock de estéticas nos preparó para un pequeño altercado con un guardia civil quien se obligó a guiarnos porque entramos por el Parking cuando hay una entrada peatonal.

Minutos antes en el otro asunto, con otros dos jefes; uno armado y otro no, ya habíamos batallado por defender actos que alteran su noción del orden. En el caso del CC, ante un policía con fusil, recomendamos bajar la cámara.

No se puede abrir el discurso de los derechos que uno tiene o no de hacer fotos con un portable, tampoco se hace diálogo acerca de si las mismas tienen por fondo la calle y no la propiedad privada/pública.

En la adolescencia muchas veces nos vimos persiguidos por tomar ese tipo de fotos que ahora se llaman selfies.

Sería prudente que estos establecimientos pusieran un par de letreros para prevenir una sensacion horrible y una verguenza porque nosotros suponemos no estar haciendo algo mal cuando documentamos un bien patrimonial como el periférico.

En el caso de que sea censurable o ilegal en el interior de un Centro Comercial, no fue de buen gusto que se le enfrente al informante con armas de fuego [VIDEO], pues en el caso incluso de que fuera un crimen simular el click, nadie tiene derecho a ponerte en esa circunstancia mientras tu mamá hace shopping a 10 metros.

Figúrese el riesgo del periodismo... incluso el que es para entretenerlo. Preferiblemente no hacer fotos ahí. Luego prepárese porque para llegar hasta los Jóvenes Creadores hay que caminarle por una zona riesgosa donde se construyen otros rascacielos. Hay que torear todo tipo de coches y camiones más allá de Perinorte hacia Ingenieros Militares.

Dispense si una vez leido este texto usted quedó con menos ganas de salir y conocer el arte contemporáneo. No es fácil acceder hasta ahí. De cierto, incurrimos en escenitas bizarras ante cámaras de seguridad que nos registran por doquier.

En el caso del Foto Museo públicamente ofrecemos una disculpa si quedó evidencia del momento incómodo cuando el jefe de seguridad se apuró hasta una ventana para redirigirnos cuando quisimos contemplar la vista que ofrece el edificio/bodega de dos alturas.

Había otras piezas de boutique que ya no pudimos disfrutar ¡No somos inmunes a tanta emergencia! Para colmo, otra autoridad juvenil salió de un lugar bien marcado como restringido y cerrado con un implemento tipo banco.

El muchacho tampoco se identificó. Salió a poner el alto porque el agente de negro estaba en su lugar al impedir que subiera a la terraza donde hay quién hace sus desmanes. Desde el principio era obvio que no iba a hacer eso pero bueno, amenazantes se explicaron.

Desde su punto de vista mi experiencia fue negativa y no pude seguir las instrucciones desde el principio. Como si no entendiera el español o como si fuera al Foto Museo a hacer algo insólito como... digamos... buscar las fotografías.

En cuanto a los Jóvenes Creadores [VIDEO], no hay sorpresas. Foto, pintura, dibujo, video e instalación; cada propuesta es el deslumbrante resultado de una Beca que se ha dado durante 27 años a un ciento chicos cada año sea por sus talentos o buenas relaciones. La excelencia nacional FONCA de lo contemporáneo es refrescante y escalofriante; la juventud plástica resiste a caer de lleno en las fauces de la robótica y los conceptos.