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En esta época de campañas el tamiz de la realidad se hace borroso. Para un indígena, o teórico ciudadano en condiciones de miseria extrema, se vende un proyecto de nación; pero aunque generaciones de políticos luchen contra este supuesto "mal" comprometiéndose con el pueblo, se nota la preferencia opuesta por la consolidación de un Primer Mundo en México.

Obviamente el orden mundial se replantea con desarrollo y subdesarrollo en la misma entidad, aveces en ela misma calle. Ricos y pobres, ¿quién podría negar el saldo de contra millones de seres vivientes afectados por la sociedad de consumo?

A la fecha no hay solución. No parece oportuno un modelo ajeno al crecimiento, poco interesa la gente sin ambición, con poco alcance para comprender necesidades impuestas como el internet, el celular y el sagrado coche de gasolina. Sin embargo, se anticipa un brinco tecnológico cuya implantación podría darse muy rápido.

Los grandes cambios suceden así. La gran comparsa garantiza la continuidad. Gane quien gane, ni DIos, ni menos un Gobernante resuelven el problema de la desigualdad, es más fácil dar rienda suelta a la acumulación. Así queda siempre algo por hacer. Tememos la robotización a la vuelta de la esquina, y además sería imposible responder a todas las necesidades que hay en nuestra geografía.

Habiendo las mismas prioridades, no se necesita ningún genio para discernir que una fuente de trabajo inagotable es la construcción y mantenimiento de nuestras vías de transporte. Claro que eso cuenta; trantando de no ser hippie al respecto, recomendamos Valle de Bravo como distracción de fin de semana.

Durante el Siglo XX hubo proyectos para crear paraísos como el que circunda el lago mexiquense, que en realidad no es tal, sino una presa diseñada después de la Revolución. El acceso a Valle fue muy arduo hasta los gobiernos recientes que han negociado con grupos cuyo interés ha sido fortalecer su red de autopistas.

Ningún tren. En cambio se realizó un sueño residencial muy anhelado para la élite mexicana que amalgamó el estilo rural típico con las amenidades de la metrópolis. Aprovechando los accidentes en las montañas fraccionadas se disimula la buena ventura de diversas familias.

En los años noventa, los señoritingos ya esquiaban en Valle haciendo migas con los hijos de quien gobernaba México. Hoy el plan es posicionar el destino para el deporte extremo; el windsurf, la pesca, el velero, el parapente y así mismo como paseo cultural por sus calles cinematográficas donde caben galerías y boutiques.

La gente pobre no gobierna el país. Para ellos la súper carretera no es ni más ni menos rápida que la misma vereda de los abuelos. Me complace decir que en este recorrido, el pueblo gana, porque la amenidad del agua ha permitido el florecimiento de diversos negocios populares.

Quién decida dedicarle el fin de semana a la autovía, considere el costo de las múltiples casetas contra el beneficio de una circulación fluida cruzando la planicie.

500 pesos desde la CDMX; a cambio, su clan puede entretenerse subiendo al barquito o metiéndole al skate.

Valle de Bravo [VIDEO] nos acaricia con el recuerdo de veladas a caballo arropados del frío en la sierra. El templo de Santa María Ahuacatlan ofrece una colección de pintarrajos que explican la idiosincrasia local y en un día puede hacerse con la visita del Museo Arqueológico.

En Valle y Avándaro la felicidad se encuentra en el aire, en el agua, ante el fuego o degustando algún platillo al alcance de todo presupuesto.

Vimos brevemente arte contemporáneo y artesanías. Hay otros museos y se puede hacer campismo por la zona. También hay hospedaje para viajero sin reservación, la noche cotiza por encima del promedio nacional. Recientemente aplica el Airbnb en las casas de los viejos, nuevos ricos.

Agradecemos un trazo de regreso magnífico algo Blade Runner siguiendo el curso del drenaje abierto. Conviene viajar en autobus. Es notorio que la explotación de la riqueza deja secuelas en el paisaje. Estamos lejos de realizarnos en equidad.

Valle acoge un turismo con creciente interés por vivir el México Mágico. Para las masas lago y playa artificial, para el ricachón un negocio inmobiliario.