El calor, los rayos del sol en su máximo esplendor y la frescura del río entre el color verde de los árboles fueron los elementos que incitaron a disfrutar el carnaval Bahidorá #2018 (17 y 18 de febrero), en Las Estacas [VIDEO] (Morelos).

El carnaval duró 72 horas: un día antes hubo una fiesta. En tal celebración, el temblor de 7.2 grados en la escala de Richter se apoderó del factor sorpresa y espantó a los asistentes. Algunos nadaban en el río cuando el movimiento telúrico se manifestó; no fue problema para que la noche de tragos se tornara atractiva y siguiera con normalidad. Las luces color azul energizaron la vegetación en el escenario Umbral.

Las mezclas de Sabine Blaizin ambientaron la presentación de un colectivo que bailaba con trajes de magos y brujas.

La propuesta, un carnaval

El gestor del evento, Iñigo Villamil charló con nosotros sobre la logística que llevan a cabo. Mencionó que desde un año antes comienzan la planeación de la siguiente edición.

“Apenas viviremos la edición de 2018, pero nosotros ya estamos checando el cartel para el 2019”.

Para la organización toman en cuenta tres factores: boletaje, consumo y patrocinios. A esta edición acudieron 10 mil personas.

Tener el trabajo que siempre soñó, fue el motivo por el que decidió crear el carnaval, junto con sus compañeros de la universidad. Desde hace cinco años, el evento masivo es el pretexto ideal para salir de la rutina. Con música en vivo de fondo suenan géneros como el hip-hop, jazz, R&B y ritmos africanos, en cinco escenarios diferentes.

“Realmente el evento nació para reunirnos todos los amigos. Nos dimos cuenta que no había un carnaval que fusionara tantas expresiones artísticas. Antes de que yo lo creara, considero que mi trabajo no existía”.

“La idea central fue crear un carnaval, no solo un festival en el que vayan a consumir y ya. Queremos que los que asistan interactúen en las escenografías y que se familiaricen con las actividades de bienestar”, nos explicó Villamil.

Música que integra

En el cartel de la edición de este año destacó y llamó la atención la participación de un músico de jazz en horario estelar: Kamasi Washington, quien unificó al público con el sonido ácido del tenor y los unísonos de su padre: lo acompañó con la interpretación del sax soprano.

Lo que se vivió en la presentación de Kamasi fue algo que pocas veces habíamos presenciado: sin importar edad, o gustos musicales, los jóvenes se movían al ritmo de las disonancias del estadounidense vestido con una túnica de color negro y azul, que hacía juego con el collar huichol que adornaba su talí.

Incluso le respondían con las palmas, no fue el típico recital de jazz en el que todos solo observaban: en este bailaron, brincaron como si se tratara de un toquín de rock y hasta se abrazaron.

Del otro lado de Las Estacas, Saxón y Pavel Loaria pusieron a bailar a todos los escuchas y más adelante, la mezcla de música africana seducía a todas las chicas quienes movían las caderas con un hula hopp.

Países como Cuba estuvieron presentes (La Dame Blanche). Otro de los fines de Bahidorá es no centrarse en un solo género sino dar a conocer nuevas propuestas y aproximar a las personas con música que tal vez no escucharían de no ser por el carnaval.

Las 24 horas del día se escuchó música en vivo. En cuanto llegaba el silencio en alguno de los escenarios, las soundchecks aparecían como mensaje para avisar que la fiesta continuaba.

“Lo que tomamos en cuenta para elegir a un grupo o solista es que estén activos y que con su música ayuden a crear un sistema de valores a través de sus talentos. Tenemos una estructura de personas que nos ayudan a traer bandas”.

Según Iñigo, un carnaval es una experiencia milenaria. Nosotros descubrimos que el dolor de espalda (por dormir prácticamente en el suelo, aunque lleves casa de campaña) y los piquetes de mosquitos valen la pena por la oportunidad de vivir las fusiones y sensaciones que ofrece Bahidorá. Cuenta la leyenda de esta reportera que una vez que asistes, no podrás perderte las siguientes ediciones. Aunque eso sí: recomienda usar colchón inflable y muchas cobijas.

Mundo verde

Cuando solicitamos el registro para medios, nos pidieron que no lleváramos desodorantes en aerosol porque es un evento ambientalista. Toda la basura que se generó en los dos días del festival y uno antes, en la pre fiesta, la harán composta: por la madrugada se observaba al equipo de intendencia separando todos los residuos.

En una de las carpas las personas aprendieron a fabricar bolsos de tela para ya no generar basura con las de plástico. Otros simplemente prefirieron usar la pintura para adornar sus caras con triángulos o círculos fluorescentes.

Personas en traje de baño, camping, mucha cerveza y las albercas se apreciaron en el carnaval que busca concientizar a los jóvenes sobre el consumo de drogas. Una de las actividades con más éxito fue el análisis de estupefacientes, por parte del colectivo ReverdeSer, el cual determinó qué efectos provocarían las sustancias que les llevaron para consulta y examinaron si en verdad se trataba del producto que les vendieron a los dudosos.

Hubo distracciones para todos los gustos: otra de las actividades que ofreció Bahidorá fue practicar yoga a diferentes horas del día para completar el círculo de relajación. Unos nadaron en el río y otros lo cruzaron caminando sobre una cuerda al ritmo de las palmas de los jóvenes asombrados.

Si bien el carnaval no tiene el concepto de arte para artistas, acudieron expertos en gestión para ofrecer una charla sobre cómo emprender un proyecto cultural sustentable bajo el discurso de las nuevas tecnologías.

Las manifestaciones artísticas contemporáneas se hicieron presentes con 22 piezas de Circuito Arte. Los asistentes caminaron sobre puentes de colores y apreciaron estructuras de metal, de paso, aprovecharon para hacerse una limpia con personas vestidas de chamanes.

Una de las iniciativas de los colectivos artísticos presentes en Bahidorá es que los gestores no estén atados a una marca sino a la creatividad de sus propuestas para aprovechar al máximo la tecnología. Filosofía que aplican todos los días.

Fe de erratas: En la última edición de la revista Music Life, en la que también colaboré, salió publicado incorrectamente el nombre del gestor: Iñigo Villamil, con quien nos disculpamos por este medio. #reportaje