Es prudente anticipar que en cuestión de opinión nunca nadie tiene la razón absoluta y por más argumentos con investigación previa o carentes de sustento que uno pueda escuchar, o bien, expresar, no deja de ser una opinión. Por lo tanto, aquella sabia frase que ha perdurado en el pueblo mexicano, pero que no hemos sabido entender ni adoptar, "ver, oír y callar", podría sufrir una pequeña modificación para que se adecúe al supuesto raciocinio con el cual decidiremos por quién o no votar el próximo 1º de julio [VIDEO]; "Ver, oír y debatir".

El problema reside en que los mismos candidatos a la presidencia no nos dan un buen ejemplo de lo que oficial e históricamente debe ser un "debate".

No me voy a centrar en términos concretos, pero en palabras sencillas una característica muy puntual de el debate es oír atentamente para responder adecuadamente, pero los ahora cuatro contendientes, pareciera que tienen claras instrucciones de no contestar directamente y con claridad a las preguntas que se les dirigen, en el caso del último debate [VIDEO], ni siquiera las preguntas realizadas por el público que se encontraba en el foro, considerando que era lo novedoso y atractivo de la discusión.

La farsa de la pólítica en México

Entre ataques, mentiras, corrupción, acusaciones, chantajes, provocaciones, chismes, engaños y un sin fin de artimañas sucias y grotescas surgirá el próximo Presidente de México. Ojo, no es nuevo, es un patrón que se ha seguido desde hace muchos años, porque el objetivo de este tipo de contiendas es separar en grupos a la gente; porque el pueblo desunido siempre será vencido, y es lo que nos venden como "Democracia".

Mientras esta gente no propone, no esclarece, engaña a la "raza" y se mofan de nuestra impotencia que inocentemente demostramos tener, su único y principal objetivo es ganar para enriquecerse y esas migajas de pan que se les cae de la boca al suelo, arrimárselas con al pie a México, o como dijera la rama más precaria de la clase emprendedora, "mientras nos dejen trabajar, que roben todo lo que quieran".

México, el cambio no lo va a lograr una persona desde la silla presidencial, ni con el apoyo de su familia; tampoco un gabinete y mucho menos 128 y 500 nuevos senadores y diputados. La única manera de comenzar a generar un cambio positivo es la unión. Unión entre clases y géneros, comunicación y discusión pacíficas; evitar la desinformación y sobre todo no propagarla, trabajar en nuestra tolerancia, no solo hacia las opiniones, si no hacia las necesidades de los demás y sobre todo, informarse e informar. Y si, esta no es más que mi opinión.